Acusado de abuso sexual y en prisión domiciliaria, ganó el premio de la Academia Nacional de Medicina con una investigación sobre cáncer

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Pablo Colaci fue denunciado por 17 pacientes, pasó casi dos años en el penal de Olmos y espera el juicio oral.

Su trabajo sobre la reincidencia en tumores de riñón, junto a un equipo científico, le valió el reconocimiento más importante de la medicina argentina.
Cintia Kemelmajer

Apenas se enteró de que había ganado el “Premio Academia Nacional de Medicina”, el reconocimiento médico más importante del país, Pablo Colaci destapó una botella de champán. Prendió la computadora y alzó la copa en un Zoom. En la pantalla aparecían los otros seis integrantes del equipo premiado: cuatro urólogos del Hospital Evita Pueblo de Berazategui y dos investigadoras de la Cátedra de Histología de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). La distinción era por su trabajo “Nefrectomías parciales laparoscópicas en un hospital público: técnica quirúrgica, supervivencia posoperatoria y biomarcadores”, en el que postulaban una nueva vía para prevenir la reincidencia del cáncer de riñón. El festejo era virtual por el confinamiento obligatorio. Pero Colaci tenía otro motivo que le impedía salir de su casa: cumplía prisión domiciliaria.

- Faaaa, pensé ese día, tanto tiempo de trabajo y que te reconozcan… Hace diecisiete años que estudio esto. Desde que era chiquito y mi mamá sufrió cáncer tres veces y salió viva gracias a actuar tempranamente, eso lo traté de volcar en mi profesión. Siempre dije:"Tengo que encontrar algo que permita prevenir el cáncer".

Pablo Colaci, el artífice de la hipótesis del trabajo premiado, habla en una videollamada. Es una mañana de junio. Pasó algo más de un mes desde que la Academia Nacional de Medicina hizo pública la distinción. La entrevista estaba pautada en su casa de Barrio Norte de La Plata, en donde cumple con el arresto domiciliario, pero sus abogados le sugirieron evitar el ingreso de otra persona. Está en su casa desde que la Justicia le morigeró la pena, a fines de 2019, después de pasar casi dos años preso en la cárcel de Olmos.

- Pensábamos publicar nuestro trabajo como un paper en una revista científica. Pero como yo tenía tiempo de sobra para buscar, vi en la convocatoria que el tema del premio de la Academia era justo lo que estábamos investigando.

Cada año, la Academia Nacional de Medicina elige “al mejor trabajo original e inédito realizado en la República Argentina sobre temas Médico Científicos”, como se detalla en las bases del premio. En la última convocatoria el tema fue “Cirugía conservadora en el cáncer de riñón”. El equipo de Colaci había diseñado un mecanismo sencillo y efectivo para prevenir la reaparición del cáncer de riñón: la recurrencia de esta enfermedad afecta al 33 por ciento de los pacientes ya operados. Hicieron el trabajo sin subsidios ni financiamientos especiales: con el presupuesto de un hospital público.

- El trabajo estaba casi listo, solo nos faltaba completar la parte estadística. Estando acá en mi casa pude hacerlo: las curvas, las comparaciones. Me pasaba seis o siete horas en la computadora. Y por la pandemia se postergó el cierre hasta noviembre de 2020, así que pude tenerlo listo para presentarlo. Fue cosa del destino.

El 23 de abril de 2021, la Academia Nacional de Medicina les comunicó que su trabajo había sido elegido como el mejor de la Argentina. Pablo Colaci, doctor en Medicina distinguido como egresado ilustre por la Universidad Nacional de La Plata, especialista en Urología del Hospital Evita Pueblo, jefe de trabajos prácticos de Histología de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNLP, llevaba ya tres años en prisión preventiva, acusado de abusar sexualmente de diecisiete pacientes en su consultorio.
EL LARGO Y SINUOSO CAMINO

A comienzos de 2003, el Hospital Evita Pueblo de Berazategui era una institución de punta: una de las primeras en Latinoamérica en las que se operaba el cáncer de riñón con laparoscopía. Las intervenciones eran menos invasivas que las cirugías abiertas. Y gratuitas. El pionero en aplicar esa técnica quirúrgica ambulatoria fue Flavio Santinelli, un urólogo a quien sus colegas primero tildaron de “loco y asesino” y que, con el paso de los años y el éxito de sus operaciones, se convirtió en una eminencia. Pablo Colaci se incorporó al equipo de Santinelli en 2004 para formarse como urólogo. Acababa de terminar la residencia en cirugía general. El perfil de Colaci no era habitual: además de operar y atender pacientes, también investigaba. Para su tesis de doctorado había analizado con microscopio los vasos sanguíneos en los tumores de riñón que extirpaban en el hospital. Sospechaba que ahí podía descubrir la verdad detrás de la estadística: por qué, en un promedio de tres de cada diez pacientes operados de cáncer de riñón, la enfermedad reaparecía en un lapso máximo de cinco años.

- A Colaci, pobrecito, ahora lo tienen confinado en su casa -dice Santinelli por teléfono-. Vos fijate algo, la idoneidad de cierta persona, que tiene la capacidad que tiene, y de ser acusado... Mirá lo que pudo hacer el profesional al que acusan, la parte crucial por la que ganamos el premio.

Una madrugada de 2008, Colaci se despertó con una epifanía: se le ocurrió aplicar a los tumores que analizaba al microscopio una sustancia que estimule la generación de vasos sanguíneos. Así podría detectar los tumores más agresivos. Lo probó al microscopio. El tejido de los tumores cambiaba de color cuando agregaba la sustancia: en algunos casos se teñían de marrón claro; en otros, de marrón oscuro. Entonces formuló su hipótesis: los que se teñían de marrón oscuro generaban más vasos sanguíneos, es decir que correspondían a los pacientes que volverían a desarrollar la enfermedad, porque el cáncer era más agresivo. Para comprobarlo, el equipo de urólogos hizo un seguimiento de los pacientes que operaron entre 2008 y 2018. Los llamaban para controlarlos cada seis meses. En el futuro, si los tumores oscurecidos coincidían con quienes habían vuelto a enfermarse, se comprobaría la hipótesis.

- Por esos años en el hospital empezamos a ver cada vez más casos de cáncer de pene -recuerda Santinelli-. Era algo llamativo. Entonces le sugerimos a Colaci que se especializara en las enfermedades del pene y la uretra, algo que casi nadie hacía en urología.

El cáncer de pene es causado por el Virus del Papiloma Humano (HPV), una enfermedad que comienza como una verruga y muta con el tiempo. Afecta a 7 de cada 10 hombres. Para prevenirlo, Colaci comenzó a practicar la penescopía: un tipo de revisación que se realiza con una lupa de gran aumento, en la que se observa el pubis, los testículos, la ingle y el pene del paciente, agregando un ácido en la superficie para que las verrugas se tiñan de blanco y facilitar su detección.

- Cada vez había más casos: hombres de 30, 40 años a los que les amputábamos el pene -recuerda Colaci en la videollamada-. Ahí yo empecé a pensar: ¿cómo hay tantas campañas para mujeres y no para hombres, si el HPV lo tiene tanto la mujer como el hombre?

Colaci lleva la cabeza rapada, la cara afeitada, el ojo izquierdo algo hinchado —que adjudica a un virus—, una camisa blanca con rayas celestes verticales. Habla con un tono amable y didáctico. Su voz por momentos tiene un dejo aniñado. Cuando escucha una pregunta mira a la cámara con los ojos muy abiertos y sonríe. Detrás suyo, enmarcado sobre la pared blanca, cuelga su diploma de médico. Desde que cumple prisión domiciliaria, en ese cuarto instaló un escritorio y varios microscopios.

- Me trajeron las cosas de la Facultad de Medicina para que siga en actividad, colaborando con la cátedra, con el hospital… yo nunca paré -explica-. Por ahí alguna vez recibo una consulta de un paciente, preguntas, pero más que nada estoy dedicado a la investigación.

En paralelo al estudio de los tumores de riñón en el hospital, junto a Santinelli y equipo, y su especialización en pene y uretra, Colaci comenzó a atender en un consultorio privado en la Clínica De La Ribera, en Ensenada. Allí, en el otoño de 2015, le practicó una penescopía a un hombre de 51 años que nunca antes se había hecho un control urológico. Colaci le dijo que era para descartar HPV. Ese día el hombre salió de la consulta en shock. A la semana pidió una reunión con el director de la clínica y acusó a Colaci de haberlo masturbado. Dijo que lo había acostado en la camilla y le había anestesiado la zona pélvica. Que con su espalda le tapaba la visión. Pero que a pesar de eso él se dio cuenta de que lo estaba masturbando. Colaci, presente en la reunión, negó todo. Terminaron a los gritos. Cuatro días después, el hombre fue a una comisaría y lo denunció.

- No puedo hablar de eso. Mis abogados me recomendaron que no diga nada -aclara Colaci en la videollamada, sin perder la sonrisa-. Pero bueno, la ridiculez humana no tiene límites...

Esa fue la primera de 17 denuncias por abuso sexual efectuadas contra Pablo Colaci. Todas hechas por pacientes que se atendieron en su consultorio privado entre marzo de 2015 y enero de 2018. Uno de ellos, menor de edad. El inicio de las denuncias es idéntico: los hombres declararon que en la consulta Colaci les pedía que se desnudaran y se acostaran en la camilla, luego se ponía de espaldas a ellos y les practicaba maniobras de masturbación. Además, uno de los denunciantes lo acusa de haberlo obligado a eyacular, otro aseguró que le practicó sexo oral y un tercero declaró que Colaci lo llevó al baño del consultorio y lo obligó a que le practique sexo oral.
MÁS ALLÁ DEL HORIZONTE

Las planillas de seguimiento eran contundentes: 8 de los 53 pacientes operados de cáncer de riñón en el hospital Evita Pueblo entre 2008 y 2013, habían fallecido. En todos los casos la enfermedad había hecho metástasis. El equipo de Santinelli obtuvo esa cifra a fines de 2017. En el laboratorio de la Cátedra de Histología de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNLP, Colaci cotejó las historias clínicas con los datos de los tumores que se habían teñido de claro y de oscuro: los tumores oscurecidos correspondían a los pacientes fallecidos. Su hipótesis estaba comprobada. Salvar vidas previniendo la reincidencia del cáncer de riñón era una posibilidad real: si cada vez que extirpaban un tumor lo teñían, podían predecir en qué casos la enfermedad haría metástasis.

- Abrimos un horizonte para descubrir qué cáncer es más agresivo- dice Santinelli- . Es un trabajazo.

- En paralelo a su investigación, Colaci fue denunciado. ¿Ustedes cómo lo vivieron?

- Sí, si, bueno… me imaginaba que iba a venir esta pregunta. A ver, tuvo unas denuncias, sí, pero el doctor Colaci el trabajo lo había hecho antes. No es un trabajo de un día, hace más de diez años que veníamos recolectando... Y ojo, esta investigación no tiene nada que ver con las denuncias.

El equipo de médicos alcanzaba el objetivo de su investigación científica y la fiscal de la Unidad Funcional de Instrucción N° 2 de La Plata, Betina de Lacki, comenzó a investigar a Colaci por las primeras dos denuncias efectuadas por pacientes. Lo primero que hizo fue solicitar un informe al equipo médico del Servicio de Urología del Hospital San Martín de La Plata. De Lacki les pidió que den cuenta del procedimiento para corroborar una patología de índole prostática. “Ninguna maniobra de examen urológico requiere erección ni eyaculación en el consultorio. Un examen físico urológico nunca puede ser identificado por un paciente como una maniobra de masturbación (…) En el examen de la zona genital y para-genital no es necesaria la cercanía del rostro del profesional, de forma sostenida en el tiempo al pene del paciente”, señalaron los especialistas, según consta en el requerimiento de elevación a juicio. La fiscal, además, pidió una pericia a la sección de Medicina Forense de la Asesoría Pericial Departamental. La investigación judicial avanzaba mientras Colaci atendía pacientes en su consultorio y seguía dedicado al estudio de los tumores de riñón.

- Cuando vi que los datos de los tumores y de los pacientes coincidían no lo podía creer -recuerda Colaci en la videollamada-. Los tumores nos estaban avisando. El tumor es como un libro, hay que aprender a leerlo. En sus tejidos hay información. No hay muchas cosas así en la medicina, porque esto no es matemática.

Los integrantes del equipo de Santinelli y Colaci al fin veían los frutos de sus años de trabajo. Con la hipótesis de Colaci comprobada, se abría un nuevo horizonte: a los pacientes que les descubrieran tumores agresivos les podrían recetar un tratamiento de quimioterapia preventiva para salvar su vida. En el esplendor de la investigación, cuando estaban a punto de escribir el trabajo para presentarlo en una revista científica, su tarea se vio súbitamente interrumpida. El 19 de marzo de 2018, la Justicia allanó el consultorio privado y la casa de Colaci y lo llevó detenido por “abuso sexual gravemente ultrajante para la víctima por las circunstancias de su realización”. Quedó en prisión preventiva en la Unidad N°22 de Lisandro Olmos.
Colaci al ser detenido en 2018.

Colaci al ser detenido en 2018.

- El tipo es una piraña, está loco y no va a parar -dice Z. por teléfono, el hombre de 51 años que efectuó la primera denuncia contra Colaci y pide mantener su identidad en reserva-. Pasaron tres años desde que lo denuncié hasta que la Justicia hizo algo. Y tuvieron que aparecer más casos además del mío. Es una mierda que hayan tardado tanto, porque se podrían haber evitado todos los que siguieron.

La noticia de que un urólogo platense había sido detenido, acusado de abuso sexual, llegó a los medios. “Detuvieron a un urólogo en La Plata que abusaba de sus pacientes en las consultas”, tituló el diario Los Andes de Mendoza. “El urólogo acusado de abuso, soltero y con una trayectoria ´respetable´ en el ambiente”, publicó Clarín. Las noticias se ocupaban de un tema que pocas veces sale a la luz: las situaciones de abuso en los consultorios médicos. Los medios citaban la estadística de la Asociación de Víctimas de Violaciones (Avivi): “Sólo 2 de cada 100 víctimas de abusos por parte de médicos realizan la denuncia”. A partir de que trascendiera la noticia, en el lapso de un mes otros quince hombres se presentaron en la Justicia y denunciaron que Colaci había abusado de ellos durante la consulta. Según la declaración, una víctima dijo que Colaci lo había tocado “en sus piernas, sus pezones, su abdomen, y sus glúteos, le decía que eyacule y le consultaba si lo ayudaría que él lo acaricie en su panza, sus brazos y su cola, a la vez que apoyaba sus genitales en la zona pélvica del paciente”.

- No me sorprendió que aparecieran más denuncias, fue la confirmación de que su conducta era serial -dice Z-. Colaci no es un delincuente común, es un tipo inteligente. Yo tengo más de 50 años, estoy definido en un montón de cosas, hice 24 años de terapia en mi vida, pero si a un pibito le pasa lo que me pasó a mí, lo hace mierda.
DE PUÑO Y LETRA

Tres días después de quedar detenido, Pablo Colaci redactó en su celda una carta de puño y letra. Tres hojas rayadas de cuaderno A4 escritas en mayúsculas con birome azul. La tituló: “Introducción para ambos casos y consideraciones generales”. A través de seis puntos, desglosa sus opiniones sobre las denuncias y explica su accionar médico. La carta llegó a la prensa a través de los abogados y se difundió. “Estoy en desacuerdo con la pericia del Hospital San Martín (…). Dicha pericia, por cierto, fue realizada sobre declaraciones burdas, mentirosas y malintencionadas (…). La totalidad de los procedimientos que realizo a mis pacientes son explicados con antelación, avanzando en los mismos únicamente y sin excepción con el consentimiento del paciente y solicitando permiso al palpar los órganos genitales”, decía en uno de sus pasajes.

- Hoy los pacientes no lo tienen tan claro... y es una de las cosas que... yo… sabés que no quiero tocar el tema, pero… es algo que me caracteriza como médico, el tema de la revisación -dice Colaci en la videollamada-. A los hombres nos cuesta muchísimo que nos revisen y que nos toquen ahí.

- Las denuncias hablan de prácticas masturbatorias.

- Yo no puedo hablar de eso. Te explico cómo es la práctica de la medicina. Por suerte, más allá de este infortunio, la gente me ha agradecido muchísimo por darles diagnósticos que no les dieron otros médicos y evitarles un montón de estudios.

Las pericias psicológicas que le realizaron a Colaci durante la detención indicaron que “posee una acentuada estimación de sí mismo. Cuenta con una personalidad de base en la que se destacan rasgos narcisistas y obsesivos”. También detectaron una ambición desmedida.

- Yo insisto, pondría las manos en el fuego por el profesional que es Colaci -dice Santinelli-. Lo acusan porque la gente malinterpreta que mirándola le está tocando el pene y le hace una masturbación. Sería como si una mujer, cuando el ginecólogo pone el especulo para hacerle una colposcopía, o tiene que hacerle un tacto, dijera que la está masturbando.

En sus presentaciones, la defensa de Colaci señaló que los pacientes “no están capacitados para distinguir una masturbación de prácticas clínicas”. La fiscal del caso, en cambio, señaló en su elevación a juicio: “Si bien el imputado de autos ha realizado una extensa disertación sobre los procedimientos que todas las víctimas denuncian, haciendo especial hincapié en la detección precoz del HPV en hombres (…) así como la necesidad de la cercanía del médico urólogo al pene de sus víctimas para la correcta realización de una penescopía, es evidente (…) que las prácticas efectuadas por Colaci excedieron ampliamente las revisaciones urológicas a las que se someten diariamente miles de pacientes”.

- Los abusos de por sí son difíciles de probar porque suceden en la intimidad, sin testigos, solo están la víctima y el victimario. Más cuando involucran a una persona como Colaci, que es inteligentísimo y sumamente manipulador. El tipo es una luz -explica una fuente judicial, que prefiere no revelar su nombre para no perjudicar la causa-. Pero qué pasa, cuando una persona va al médico, su voluntad ya está vencida. Por una cuestión de sanidad, accedés a desvestirte, a ponerte en ciertas posiciones. Pablo Colaci se aprovechaba de eso para realizar su abuso sexual.

En los casi dos años que pasó detenido en la cárcel Colaci ocupó gran parte de su tiempo proyectando en su mente las estadísticas que le faltaban para completar el trabajo científico sobre cáncer de riñón. También pedía libros de ficción: releyó, por ejemplo, Rosaura a las 10, un texto que lo había marcado en su adolescencia.

- Nunca leí tanto en mi vida como en la cárcel. Acá tengo otro de los que leí, mirá -dice Colaci, mientras estira una mano y su cara sale del plano de la viodeollamada por un momento. Cuando reaparece muestra un libro. Su título es "Las 7 maravillas del mundo". En la tapa hay un guerrero de bronce, con una antorcha sobre una ciudad griega antigua de fondo, y una leyenda: “Para 8 y 9 años”-. Este me encantó, tanto que ahora lo encontré en Mercado Libre y me lo volví a comprar. Fue como una ventana para poder mirar otras cosas. Ahora ya volví a leer cosas científicas. No me alcanzan las horas del día.
UNA MENTE BRILLANTE

En dos oportunidades los abogados de Colaci presentaron escritos a la Justicia pidiendo la morigeración de la pena -basados en la falta de antecedentes penales y en que no había riesgos procesales- para que lo dejaran cumplir con la prisión en su casa. El Juez de Garantías Pablo Reale, a cargo de la causa, los denegó: consideraba, en base a las pericias psiquiátricas, que la personalidad de Colaci podía llevarlo a alterar las pruebas. En agosto de 2019, por decisión de Reale, la causa fue elevada a juicio oral. El caso quedó radicado en el Tribunal Oral Criminal N°2 de La Plata, en manos de la jueza Silvia Edit Hoerr, que le permitió a Colaci continuar la prisión preventiva en su domicilio.

- No le bloquearon la matrícula, puede seguir ejerciendo -advierte la fuente judicial cercana a la causa-. A ver, debe ser un buen médico, y tiene pacientes a los que debe haber salvado, pero esa es su pantalla. Es brillante, como todo psicópata.

Después de haber pasado casi dos años en la cárcel, a fines de 2019 Pablo Colaci regresó a su casa y retomó su profesión: volvió a dar clases de Histología por Zoom y se volcó a la confección de la parte estadística de la investigación sobre los tumores de cáncer de riñón, la parte del trabajo que faltaba para poder presentarlo al Premio de la Academia Nacional de Medicina. El 23 de abril de 2021 recibió la noticia de que su trabajo era el ganador.

- Cuando leí que lo habían premiado pensé de inmediato en las víctimas -dice la fuente judicial-. Lo primero que siente alguien que denunció a una persona así, es que nadie le cree y que es todo una fábula. El daño psicológico es gravísimo.

Pocos días después de que trascendiera públicamente la noticia del premio de la Academia, Pablo Colaci y el resto del equipo fueron entrevistados por radios y diarios de La Plata y Berazategui. “Tres investigadores platenses fueron premiados por la Academia Nacional de Medicina”, tituló el 11 de mayo el diario El Día de La Plata. “El Hospital Evita pueblo y la UNLP recibieron un premio por una técnica para operar y tratar el cáncer de riñón”, informó un día después el sitio de la Universidad Nacional Arturo Jauretche. “La Academia Nacional de Medicina premió a tres investigadores platenses”, anunció el portal de noticias 221. Ninguno se refería a la situación legal de Colaci.

-Al premio lo sentí como algo que me refuerza para seguir el mismo camino, seguir hacia adelante -dice Colaci-. No se da muy seguido, es como si te dijeran seguí por ahí, vas bien. Te fortalece no solamente la autoestima sino las posibilidades de dar un paso más, avanzar en la investigación del cáncer y en la concientización de la gente para los chequeos.

Pasaron dos horas de charla y Colaci se despide. Antes de cortar, aclara que todavía no hay fecha para la entrega del premio. Tampoco les dieron el dictamen con los argumentos de porque su trabajo fue elegido. Lo que sí sabe es que les entregarán un diploma a cada miembro del equipo, pero aún no les avisaron si la ceremonia será presencial o por Zoom.

-Lo premian como investigador, nadie niega eso, pero le está haciendo mal a personas -dice Z-. Somos diecisiete los que nos animamos a denunciarlo, la conducta es serial. Es un depravado, un psicópata.

La fecha del juicio oral todavía no está definida. Sí la modalidad: por la gravedad de los hechos, Colaci tuvo la posibilidad de elegir y pidió no ser juzgado por un tribunal común. Optó por un juicio por jurados. Doce ciudadanos decidirán si es culpable o inocente y definirán si existieron los hechos de los que se lo acusa. Seis hombres y seis mujeres que serán elegidos por sorteo a partir del padrón electoral. Para declararlo culpable, diez de los doce miembros deberán estar de acuerdo. La jueza definirá la pena. El castigo máximo que podría recaer sobre el médico es de 15 años por cada caso de abuso sexual ultrajante y 20 por un caso de abuso sexual con acceso carnal. Pablo Colaci, ganador del Premio de la Academia Nacional de Medicina, podría ser condenado a una pena de hasta 260 años de prisión.
CLARIN

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Mariano Hormaechea

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