Por qué Hugo Sigman ya fabricó 60 millones de vacunas contra el Covid y AstraZeneca todavía no trajo ninguna al país

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Es la cantidad que el empresario envió en partes iguales a México y Estados Unidos para que fueran envasadas.

Ahora el laboratorio debe distribuirlas en Argentina y el resto de Latinoamérica.

Pablo Sigal

Los motivos por los que las dosis de AstraZeneca contra el coronavirus aún no han podido llegar a la Argentina, ni a ningún otro país de Latinoamérica, empiezan a ser el segundo mayor misterio de esta pandemia. El primero todavía sigue siendo por qué el Estado argentino no cerró un acuerdo con Pfizer en noviembre. Acuerdo que ahora sí, tal vez, pueda sellarse.

Pero el tema es AstraZeneca. Según pudo saber Clarín, el laboratorio mAbxience de Garín, propiedad de Hugo Sigman, ya fabricó 60 millones de dosis de la vacuna. La mitad viajó a Estados Unidos y la otra mitad, a México. Allí deben ser envasadas. Por ahora, hasta donde se informó, ninguna de las dos mitades está en condiciones de ser distribuida.

El laboratorio que se asoció con la Universidad de Oxford sostiene un fuerte hermetismo, debido a sus políticas globales de comunicación. Ningún directivo de la filial argentina puede hablar, algo que se repite entre las farmacéuticas con casas matrices extranjeras. Esto ha dado lugar a que alrededor de un tema tan controvertido hayan crecido las especulaciones, y que hasta haya tenido lugar una denuncia penal.

Según fuentes de la industria farmacéutica con las que pudo hablar Clarín, en AstraZeneca consideran que los cuestionamientos de los que están siendo objeto durante los últimos días no se corresponden con el espíritu que ha tenido el laboratorio desde el comienzo de la carrera por la vacuna: comercializarla prácticamente al costo.

Las mismas fuentes afirman que lo que estaría dilatando la distribución de la vacuna en esta parte del mundo tendría que ver con los controles de calidad y las certificaciones. Pero esa explicación no está del todo clara. Otras fuentes que conocen el proceso de producción manifestaron a Clarín que esa instancia ya habría sido superada. Entonces vuelve a surgir la pregunta: ¿por qué la demora no hace más que crecer?

Tanto es el hermetismo, que la comunicación entre AstraZeneca y Sigman sobre las fechas de entrega del producto final también sería escasa. No es un dato que el empresario necesariamente deba conocer, ya que su trabajo consiste en cumplir con los plazos de fabricación del principio activo que le impuso AstraZeneca.

Hace pocos días, Sigman decidió escribir un hilo de tuits para dar su versión de los hechos. Allí atribuyó las dilaciones a los problemas que tuvo el laboratorio mexicano Liomont para envasar la vacuna. Pero la mitad de la producción se derivó a Estados Unidos.

Fuera de sus declaraciones públicas, Sigman considera que está teniendo que pagar sin justificativo una parte del costo político. Es decir, por un conflicto del que él no es responsable. “Lo están corriendo por derecha y por izquierda, y también por el centro”, le dijo a Clarín una persona que lo conoce bien.

Luego de conocidas las declaraciones del empresario, desde Liomont intentaron dar su propia explicación. Insistieron en dos aspectos que ya habían trascendido: problemas por la falta de insumos y cuestiones administrativas y burocráticas que habrían dilatado el trámite.

Sin embargo, a propósito de ese inconveniente, mAbxience "desvió" en la primera quincena de marzo sus primeros dos lotes por un total de 12 millones de vacunas para que fueran envasados en Estados Unidos. Ya transcurrió más de un mes y medio.

Lo que está faltando es la voz del Gobierno. El presidente Alberto Fernández tuvo un esbozo de impaciencia el último fin de semana, cuando declaró en una radio que esperaba que AstraZeneca comenzara a cumplir pronto con sus obligaciones en Latinoamérica. El, junto al ex ministro Ginés González García, fueron los principales promotores de un acuerdo que articulaba el prestigio de Oxford con la producción nacional.

El plan original, según estableció un calendario tentativo plasmado en el contrato de compra, contemplaba la llegada de 6.422.000 dosis entre marzo y abril, sobre un total de 22.431.000. Eso es lo que hasta ahora Argentina no pudo tener en los tiempos que esperaba y ha puesto al país en un lugar de gran incertidumbre, sin claridad sobre cómo continuará en lo inmediato la campaña de vacunación.

En este escenario, Sigman considera que ha cumplido con todo lo pactado con AstraZeneca. Pero reafirma lo obvio: que la vacuna no es de él. Lo dice para rechazar los reclamos surgidos sobre todo desde sectores de izquierda, que piden que el principio activo que el empresario produce sea envasado en la Argentina para poder disponer de la vacuna más rápidamente. Lógicamente, esa posibilidad parece imposible.

Tras sus declaraciones públicas del último sábado, Fernández no ha vuelto a hablar sobre el tema. En el medio resurgió el interés oficial por negociar con Pfizer, según se anunció este martes. Pero los problemas que existen con AstraZeneca siguen siendo una incógnita. Ya pasaron dos meses desde que, supuestamente, iba a arribar el primer lote. Y el hermetismo, en ese punto, también incluye al Gobierno.

PS
CLARIN

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