"Pese que las cosas no terminaron bien, valoro demasiado el honor que la sociedad me concedió al elegirme gobernador"

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Ejerció la primera magistratura de Corrientes entre el 10 de diciembre de 1997 y el 19 de junio de 1999.

Ese día fue suspendido y seis meses más tarde, destituido en el marco de una de las crisis (política, económica y social) más graves desde el retorno de la democracia. Se llamó a silencio tras ese episodio y años después retornó a la política, rehabilitado por la ciudadanía. “La gente vio que yo salí del Gobierno con mucho menos de lo que tenía cuando empecé y que vivo de mi trabajo”, remarcó en esta entrevista que forma parte del ciclo “Gobernadores de la democracia”. He aquí entonces una charla que esperó mucho tiempo, entre otras cosas, por el tamaño del daño generado en esos años violentos, pero que al final pudo ponerse en palabras.
"Pese que las cosas no terminaron bien, valoro demasiado el honor que la sociedad me concedió al elegirme gobernador"
Eduardo Ledesma

Cuando se grabó esta entrevista, no sabía que por tercera vez en su vida sería candidato a vicegobernador de Corrientes, ahora como compañero de fórmula de Gustavo Valdés. En 2009 juró como vice de Ricardo Colombi. Su bautismo de fuego, en tanto, iba a ser en 1997, pero entonces una tragedia hizo que de segundo pasara a ser el candidato principal y luego gobernador constitucional de la provincia. La historia posterior es conocida y hoy aquí volveremos a repasarla, pero con el propio Pedro Braillard Poccard, dirigente largamente resarcido después de las muchas tristezas del 99, dolores que postergaron incluso esta charla necesaria.

 

—La historia dice que la muerte de Rubén Darío Casco, ocurrida el 18 de septiembre de 1997, lo obligó a presentarse como candidato a gobernador por el Partido Nuevo, formando dupla con Víctor Hugo Maidana. ¿Cómo es eso según usted?

—Yo lo que recuerdo es que se hizo un pequeño intento para reformar la Constitución, pero no prosperó. El entonces gobernador (Tato Romero Feris) medía muy bien, tenía un alto nivel de aceptación y yo era ministro de Salud. Ingresé al gobierno propuesto por el Partido Liberal. Cuando no se pudo y no había reelección, se hizo una encuesta y las dos figuras que mejor medían eran Rubén Darío Casco y yo. Entonces, ahí se conformó la fórmula. Rubén Darío, en ese momento, era intendente de la Capital, pero además era amigo de Tato. Era una gran persona. Yo tengo el mejor recuerdo de él. Esa mañana estuvimos en Monte Caseros, habíamos ido con el gobernador a ver unas obras. Yo me vuelvo por un problema de salud de un familiar mío. Teníamos que ir con Rubén Darío hasta Paso de los Libres. Entonces quedamos y le digo: “Mirá, mañana nos encontramos”, porque estábamos haciendo campaña juntos. Bueno y cuando llego a Corrientes, me entero de la triste noticia del accidente de Rubén Darío, que terminó con su vida. Ahí se precipitan las cosas, y la estrategia que decide el partido en ese momento es correr la fórmula y completarla. Estábamos en plena campaña.

—¿Y cómo fue para usted ese cambio?

—Fue muy fuerte porque estaba haciendo campaña para vice y de golpe, soy proyectado a hacer campaña como candidato a gobernador. Había una mezcla de gran entusiasmo popular con una gran tristeza, porque Rubén Darío era una persona muy querida. Era una campaña con entusiasmo, pero triste a la vez. No es muy común eso.

—Después van a elecciones y la ganan en la primera vuelta.

—En ese momento recordemos que teníamos balotaje estricto: la mitad más uno. Recién con la reforma de 2007 se pone el balotaje a la usanza argentina que es 45% más uno. Yo llegué a…

—Porque ustedes sacaron 48 o 49%.

—Saqué el 49% y quien venía detrás de mí (Carlos Tomasella, del Pacto, con el 19,7%) decidió ir a la segunda vuelta. Era su derecho. Fuimos a la segunda vuelta y ahí sacamos un porcentaje cercano a 72.

—Fue de 70,3% contra 29,7%.

—Lo que pasa es que, con el sistema de renovación de la Legislatura, en el que el Senado se renueva por tercios y la Cámara de Diputados por mitades, ese triunfo nuestro no se vio reflejado en la presencia legislativa. Seguíamos teniendo una amplia minoría todavía en ambas Cámaras, que después se vio reflejado en muchas cosas.

—El 10 de diciembre de 1997, con 43 años, usted asumió como gobernador de la Provincia. ¿Qué experiencia le deja todo eso casi 25 años después?

—Primero que, más allá de que las cosas no terminaron bien, yo valoro demasiado el honor que la sociedad correntina me concedió de haber sido gobernador constitucional de la Provincia. Esa es un poco la máxima aspiración que tenemos todos políticos que como nosotros hace política local. Ha sido un honor muy grande para mí.

—La pregunta es ¿quiso ser gobernador?

—La verdad es que yo quería ser gobernador, pero no en esas circunstancias. Es decir, yo creo que esa fórmula que surge en el 97 fue la más natural. Yo siempre he hablado de las candidaturas naturales. Era natural, Rubén Darío, un hombre que medía muy bien, tenía el afecto de gran parte de la sociedad correntina y contaba con la confianza del presidente del partido de ese momento. Y yo medía bien, había sido un buen ministro de Salud. Entonces, era una fórmula muy bien armada. Pero ocurre la tragedia, una de esas cosas que uno ni se imagina que va a pasar. Ni siquiera hay tiempo para la reflexión, ocurre y nada más.

—¿Qué provincia encontró cuando asumió?

—Bueno, la provincia estaba muy endeudada. Una deuda que venía de mucho tiempo. No se olvide de que ya hubo un intento de hacer una reestructuración de la deuda, un empréstito de 105 millones de dólares que se iba a hacer con bancos argentinos y norteamericanos, pero fracasó por conflictos locales. Entonces, yo por eso lo planteé de entrada -en la Legislatura- que el compromiso más grande que teníamos era la refinanciación de la deuda. Sin refinanciación de la deuda no había posibilidades de salir adelante. Yo sabía que era cuestión de tiempo. El primer año nomás -si mal no recuerdo- me vencen 230 millones de dólares de ese momento, todo calzado con garantía de coparticipación que, obviamente, no era deuda mía. (...) Eso fue así, y después surge la deuda con garantía de coparticipación federal. Es como que a mí me tengan embargado el 100% del sueldo, para que se entienda. Entonces, ese dinero no entraba en la provincia, directamente era retenido. Imagínese eso en una provincia en la que -como en la mayoría de las provincias argentinas- el 80-85% de los recursos proviene de la coparticipación.

—¿Y los índices?...

—Al punto tal que yo tengo que recurrir a un crédito. Porque uno se hace cargo al 10 de diciembre y ¿qué tiene que pagar? Sueldo y aguinaldo. Entonces, no había recursos. Esa caída de empréstito fue muy fuerte para las finanzas provinciales. Entonces, yo hablo con un amigo que era presidente del Partido Liberal, Carlos Flores Durán, él gestiona y conseguimos un crédito del Scottish Bank Quilmes, que nos permite afrontar los primeros compromisos salariales y arrancar bien el gobierno. De ahí en más, comenzamos con la refinanciación de la deuda.

—¿Y la situación cómo era? Es decir, hay una cuestión electoral favorable, pero los índices no eran buenos...

—Bueno, la provincia tiene dos grandes problemas: en el 98 tuvimos una de las mayores inundaciones de la historia. Eso arranca en enero del 98 con la corriente de El Niño y llegamos a tener el 65% del territorio bajo agua. No era la inundación clásica del río que crece, sino de los ríos que estaban en alto nivel, sumado a una lluvia excepcional. Corrientes, que es una provincia llena de humedales, ríos y arroyos interiores, desbordó todo. Yo he sobrevolado muchas veces la provincia en ese tiempo y usted no veía el horizonte, era todo agua: 65% del territorio bajo agua. Imagine lo que eso significó para la estructura productiva, por ejemplo. Ese fue un problema adicional al de la deuda y el otro problema fue que Brasil devalúa. Este es un dato que muchas veces no se tiene en cuenta. Brasil, país con el que teníamos el acuerdo del Mercosur, devalúa de golpe su moneda y entonces, por ejemplo, el arroz que se vendía a Brasil a 28 centavos de dólar pasa a valer 8, de la noche a la mañana. Imagínese cómo impacta eso.

—Un cóctel explosivo, digamos.

—Y todavía no tenía, estaba empezando bien, ya desde hacía algunos años, la industria forestal, que es la gran posibilidad industrial de la provincia. Estaba ya en marcha y nosotros inauguramos la fábrica que está en Virasoro. Estaba muy avanzada la fábrica que está en Esquina, pero todavía estaba empezando eso. El turismo todavía no era lo que es. Por ejemplo, Carlos Pellegrini estaba con los primeros tres o cuatro emprendimientos de alojamiento y hoy es un panorama totalmente diferente, y así sucesivamente. Es decir, la estructura productiva de la provincia era todavía muy endeble, que es lo que pasa en la mayoría de las provincias argentinas y en el orden nacional también: el Estado es el componente central. Y ojo que yo soy defensor de la libre empresa de toda mi vida. Pero el Estado es el que brinda el componente para la estabilidad. Todo sistema político y económico necesita de un equilibrio determinado y el garante de ese equilibrio es el Estado, con las garantías que ofrece en las provincias con el tema salarial, que es fundamental; con el buen funcionamiento de los servicios; etc. Imagínese usted, con esta situación sanitarias que estamos viviendo, qué hubiese pasado en una provincia como la nuestra si el Estado no hubiese tomado la conducción de la pandemia.

—A toda esa cuestión económica, de la matriz productiva, los desastres naturales, se le sumó la inestabilidad política.

—No. Había un conflicto político que básicamente empieza dentro de los partidos provinciales. Esa es la verdad de las cosas. Ahí tenemos todos una cuota de responsabilidad y yo, sin duda, tengo la mía y me hago cargo.

—El Partido Autonomista, el Partido Liberal, el Partido Nuevo…

—Los partidos provinciales. El Partido Nuevo es hijo de aquellos partidos, si bien amplió mucho más su base. El Partido Nuevo tenía una base muy amplia al principio. Había gente no solamente de origen liberal y autonomista. Pero sí, la crisis empieza allí. Esto después desemboca en la intervención federal. Con la intervención federal viene todo un nuevo esquema partidario en la provincia con un radicalismo muy fortalecido; el peronismo, al principio, dividido, pero después unificado, y los partidos provinciales de los cuales quedan los partidos originales -digamos así-, después el Partido Nuevo y otros que decidimos fundar, como el Partido Popular en el año 2002.

—Si tuviera que elegir su obra de gobierno más importante, ¿cuál fue?

—En primer lugar, conseguimos la transferencia a la provincia de las ganancias de Salto Grande. Es decir, Corrientes cobra regalías por Yacyretá y por Salto Grande. Nosotros logramos que se les transfiera a las provincias de Entre Ríos, Corrientes y Misiones las ganancias de Salto Grande, en un fondo que beneficia a Monte Caseros y zonas de influencia, que es buen dinero que ingresa todos los meses. Hice una gran incursión en fortalecer la industria forestal. En ese contexto, logré dos cuestiones que para mí fueron muy importantes. Hice muy buena relación con varios embajadores. El embajador de Finlandia fue uno de ellos, a quien traje a Corrientes. Y de ahí se mandaron, primero una misión de dos funcionarios, dos subsecretarios, el de Producción y el de Planeamiento, que fueron a Finlandia. Fue una misión de 4 profesionales para formarse en manejo de fuego que es uno de los temas clave en la forestación. Mandamos también a Chile un grupo de más o menos 20 profesionales a especializarse en manejo de fuego y ellos luego venían a instruir acá a otros profesionales. Lo de Finlandia fue muy importante. Hice una gran amistad también, en su momento, con el Embajador de la República Popular China, que me había armado todo un esquema de visita a China con posibilidades de negocios para la provincia. Bueno, todo eso quedó sin efecto. El embajador me dijo: “Mire que le he armado una gira espectacular”, y le dije: “Embajador, el conflicto político no me permite salir de la provincia”. Una lástima porque Corrientes se hubiera adelantado, ya que hoy el mercado chino es un gran comprador nuestro de un montón de cosas. Nos hubiésemos adelantado varios años. Y así sucesivamente hay varias cosas que se pueden exhibir en menos de un año y medio de gobierno.

—¿Cuál fue la gestión que hizo y de la que después se arrepintió?

—De lo que se hizo no me arrepiento de nada, porque creo que todo lo que se logró, por ejemplo, todas las obras -en eso debo reconocer al entonces presidente Carlos Menem que apoyó mucho a la provincia-; las obras de reconstrucción. Acá se cayeron puentes, se rompieron rutas y la obra de reconstrucción fue muy buena. Lo mismo que un crédito de 26 millones de dólares a través del Bise, que se volcó totalmente a la reconstrucción del sector productivo. No tengo nada de lo que me haya arrepentido de lo que se haya hecho.

—¿Y lo que pudiendo hacer no hizo?

—Y bueno, trabajamos mucho en lo que era la instalación de una fábrica de papel en la provincia. Había dos o tres proyectos dando vueltas. En esa época es cuando se hace la enorme forestación de la zona de Santo Tomé. Empresas chilenas compran tierras y plantan 60.000 hectáreas de pino en dos o tres años. Era interesante ver las técnicas europeas de plantación que tenían. Eso apuntaba a la instalación de una fábrica que hasta hoy Corrientes no pudo lograr. Atraer esa inversión, pero bueno eso requiere de muchos años de continuidad. Es decir, el conflicto político terminó complicando mucho las cosas.

—El Vasco Schaerer fue su ministro más cuestionado.

—Sí, fue cuestionado. Pero yo voy a decir una sola cosa porque tampoco me gusta… No sé cuál es el término... De las causas penales, no hay ninguna de la gestión de él como ministro. Lo que también habla de mi gobierno.

—¿Por qué usted cree que no logró la refinanciación que le hubiese permitido seguir adelante con su mandato?

—Todo estaba relacionado con el conflicto político. Mire, el otro día cuando estuvimos los presidentes de partidos en el lanzamiento de la campaña de la reelección del gobernador Valdés, yo comenté un episodio que me tocó en los años en que estuve un poco fuera de toda función. Me entrevistó una tesista norteamericana, que estaba haciendo una tesis de posgrado. Me hizo una larga entrevista y me preguntó: “¿Cuál fue su principal problema?”. El conflicto político, respondí. Creo que estábamos todavía en época de intervención federal. No es casual que esta provincia haya tenido dos intervenciones federales y de dos signos políticos diferentes (en menos de una década). El gran mérito del espacio político que viene desde el 2001 en adelante, es haber logrado la paz social.

—Y la estabilidad política.

—La estabilidad política es la consecuencia inmediata de la paz social. O la estabilidad política es lo que posibilita la paz social, como usted lo quiera poner.

—Doctor, estamos en el 19 de junio de 1999. La Cámara de Diputados lo suspende en sus funciones y lo somete a juicio político. Si bien salvaguarda su persona, lo acusan de falta de conducción, lo que llevó a delegar el mando del gobierno en el jefe de su partido. El 2 de julio suspenden también al vicegobernador Maidana, que estaba en ejercicio. A Maidana se le hacen otras demandas, como abuso de autoridad y bicefalia de poder, así como privilegiar intereses partidarios a los de la provincia. Y el 3 de diciembre del 99, con el voto de los dos tercios del Senado, lo destituyen a usted y a Maidana por mal desempeño. ¿Qué le genera todo esto?

—Son experiencias que obviamente uno hubiese deseado no haberlas vivido, pero bueno, es parte de la vida. Cuando finalmente se produce mi destitución en el mes de diciembre -yo estuve 6 meses suspendido- me quedaban dos caminos: retirarme y dedicarme a otra cosa. He incursionado en la vida en otras cosas y no me fue mal. Pero la política es lo mío, toda mi vida está ordenada en torno a la política, hasta la cátedra que tengo en la facultad es Derecho Político. Yo me formé para esto, así como hay profesionales que se forman para otra cosa. Y así decidimos empezar de nuevo. Y digo decidimos, porque fue con un grupo de amigos que me acompañaron en los momentos difíciles a los que valoro y aprecio mucho. (En esto hubo) un componente fundamental, que es dejar atrás todo tipo de rencor o de enojo, y eso se logra con un ejercicio mental muy sencillo: “Yo también tuve mi parte de responsabilidad”. Entonces, uno empieza de nuevo y se pone a consideración de la sociedad y la sociedad es la que tiene la última palabra.

—¿Y cuál fue su responsabilidad?

—Yo creo que por el hecho de los cargos que ocupé, pude haber hecho más. Si bien siempre intenté. Pero evidentemente no se logró el objetivo de pacificar los ánimos.

—¿Qué fue el 99 para usted?

—El 99 fue un quiebre porque los partidos provinciales, que eran los triunfadores de elecciones desde el 83 en adelante, no lo fueron más. No lo fuimos más. Formamos diferentes alianzas, pero el protagonismo pasó a otros. Fue un momento importante en la vida de la provincia.

—¿Fue un error también? ¿Ahí se evidencia un error político, o de cálculo?

—¿Sabe qué es lo que pasa? Cuando los ánimos están tan caldeados, no hay margen para pensar muchas veces, y es un error. Debiera haber un momento de enfriar la cabeza, evaluar y pensar qué puede pasar. Yo por lo menos tengo la enorme tranquilidad de que cuando hubo protesta contra mi gobierno, respeté la protesta. No molesté a nadie. No tuve ningún episodio violento. Las cosas que ocurrieron fueron después de que yo estaba destituido. Pero en todo este proceso histórico todos tenemos una cuota aparte. Entonces yo dije, yo vuelvo a la política. Estuve prácticamente 6 años afuera. Pero en realidad vuelvo cuando decidimos fundar el Partido Popular y después queda a consideración de la gente. Y la verdad es que digo con satisfacción que ocupé cuatro cargos electivos desde ahí en adelante: fui diputado provincial; fui convencional constituyente, vicegobernador de la Provincia y senador nacional. (Ahora nuevamente es candidato a vicegobernador en fórmula con el gobernador en ejercicio, Gustavo Valdés). Y en el 2013 me tocó un papel importante como candidato a intendente de la Capital en uno de los distritos más difíciles de la provincia en ese momento (fue derrotado por Fabián Ríos).

—Usted de todas maneras dijo algo en declaraciones a lo largo del tiempo: que el 99 fue un golpe institucional. Pero, además, que faltó informar a la gente sobre la verdadera situación de la provincia y que eso hubiese generado...

—Sí, no sé. Se intentó informar. Lo que pasa es que, y en esto quiero ser muy claro: yo no he intentado informar para echar culpas. Yo intentaba informar para decir este es el camino que necesitamos. Eso también por ahí es un problema que está presente en muchos momentos de la historia argentina. La crisis de 2001-2002, que tiene un origen económico, empieza desde el vamos con un esquema de convertibilidad que estaba agotado y quien asume la presidencia no explicó a lo mejor debidamente que era un esquema agotado de hacía dos o tres años. Eso pasa muchas veces en la sociedad argentina.

—¿Por qué calló tanto tiempo este tema?

—Yo le cuento una cosa: a mí me costó mucho tiempo volver a leer mis archivos y cosas, porque fue una cuestión muy fuerte. Aparte yo necesitaba también, la sociedad necesitaba su propio juicio con respecto a mi. No se olvide que no fueron fáciles las cosas. Y bueno, la gente vio que yo salí del gobierno habiendo sido gobernador, ministro y tenía mucho menos de lo que tenía cuando empecé y que vivo de mi trabajo. Eso también es importante, pero la sociedad tenía que hacer su propio juicio. Ojo que eso puede significar que me digan: no, no te renovamos el crédito. En parte, un sector de la sociedad me lo ha renovado. Por eso, mi máximo orgullo es que ando por la calle con total tranquilidad, la gente me saluda o no, pero hay un sector de la sociedad que sabe que yo nunca me quedé con lo que no me corresponde y eso es algo que yo cuido y valoro mucho. Había que dar tiempo, por eso al principio yo me llamé a silencio. Hay que dejar que la gente haga su propia elaboración.

—¿En qué cree que se equivocó?

—No sé. Yo siempre dije que no es cuestión de… porque con el diario del día siguiente todos somos… No sé, la verdad es que eso tiene que juzgar la sociedad.

—¿Y si usted tuviera que definir su gestión de gobierno, con qué calificativo lo definiría?

—Yo hice el intento. Yo le hablé a la gente con la verdad e hice todo el intento que había que hacer en un contexto muy difícil.

—Usted dijo que a sus hijos le deja el apellido. ¿Y a la comunidad?

—No sé, eso tiene que juzgar la gente. Yo la satisfacción que tengo todavía es que habiendo pasado años en función ejecutiva, todavía me encuentro con mucha gente que me dice: “Usted me dio una mano con tal tema, en tal otro…”. Yo siempre traté de hacer tres cosas cuando estuve en función pública: atender a la gente, lo que es un problema, porque a veces no da una solución y se genera un enojo. Pero también da muchas soluciones y además escucha. La gente necesita que se la escuche. Yo siempre digo que cuando uno escucha a la gente ya le está solucionando en algo su problema. Segundo, la cuestión ética que ya la dijimos. Y tercero, difundir las ideas en las que creo.

—¿Cómo quiere ser recordado?

—Como un ciudadano decente que ocupó algunos cargos públicos.

"Pese que las cosas no terminaron bien, valoro demasiado el honor que la sociedad me concedió al elegirme gobernador"

“El poder para mí fue una carga, porque había un problema político no resuelto”

—¿Cómo ejerció el poder usted? ¿Con gusto o con padecimiento?

—Cuando uno sabe que tiene un problema grande por delante, es muy relativo lo que puede hacer. Es decir, para mí siempre fue una carga porque yo sabía que había un problema que no estaba resuelto.

—¿Qué le pasa cuando escucha o escuchaba que decían que Tato gobernaba por usted?

—Sin duda que no era bueno y no era agradable de ninguna manera. Pero yo tenía la tranquilidad de que hacía todo el esfuerzo que podía. Es decir, toda la tarea de intentar renegociar la deuda -que era el tema central- la hice yo.

—¿Tato se metía mucho?

—No, en ese tema no. Esa tarea la hice yo y la hizo una persona con quien al principio no fue fácil la relación y que después fue muy buena. Creo que fue en su momento una gran funcionaria: la ministra de Hacienda, Zunilda Míguez, ya fallecida. (...) Lamentablemente, eran dos cosas, conseguir la oferta y conseguir la aprobación legislativa. Los bancos decían: “Tráigame primero la aprobación legislativa, porque sabemos que ustedes tienen conflictos”. Era un tema muy complicado. Estructurar una refinanciación de deuda no es una cuestión sencilla ni menor.

—Usted dijo que trabajó el tema del rencor. ¿No tiene rencor con nadie?

—No, así es.

—¿Y con Tato Romero Feris?

—Con Tato tampoco.

—¿Y tiene relación con él?

—Lo veo muy poco. Esa es la verdad.

—¿No hablan tampoco?

—He hablado algunas veces con él y si se dieran las cosas, me agradaría mucho conversar. Pero no se da. Si bien estamos compartiendo ahora el mismo espacio político, en algunos lugares nosotros respaldamos a algunos intendentes que son del Partido Nuevo, pero no se dan las cosas.

—¿Cómo manejó la violencia, con las protestas, por ejemplo?

—Yo la respeté porque sabía que había una causa. Más allá de que podían haber existido intereses políticos había una causa central que era una demora en el cronograma salarial. No fue la primera vez desde el 83 en adelante, pero eso dejémoslo ahí.

—¿Cómo fue su relación con los gremios?

—Yo siempre respeté al gremialismo. Si bien es cierto que quienes pidieron mi juicio político fueron sectores gremiales docentes, no fueron todos los gremios. Yo los respeté como liberal que soy porque entiendo que son un factor de equilibrio en las relaciones laborales que existen en la sociedad.

—¿Y su relación con la Iglesia?

—Buena. Yo siempre he tratado de tener la mejor relación.

—¿Y qué rol tuvo monseñor Domingo Salvador Castagna en el 99?

—Eso habría que preguntarle a él.

—¿Cómo está usted con él?

—Yo, bien, muy bien. Teníamos mucho dialogo en ese tiempo y, es más, ofreció el ámbito de discusión en la Iglesia. Él lo dijo en ese momento: “Ustedes son los que se tienen que poner de acuerdo”. Y tenía razón. Mantuvimos siempre una excelente relación. Es cierto sí también que hubo algunos importantes representantes de la Iglesia que tuvieron mucho protagonismo en ese tiempo, como el padre (Jorge) Scaramellini.

"Pese que las cosas no terminaron bien, valoro demasiado el honor que la sociedad me concedió al elegirme gobernador"

“En su momento pude haber decepcionado a algún sector, pero nunca traicioné a nadie”

—¿Cómo se lleva con la crítica?

—Bien. Soy ser humano, pero la recibo y la escucho.

—¿Pero en algún momento le resultó difícil recibir críticas?

—Obvio, a nadie le gusta. Con las únicas críticas que respondo son las que incursionan con lo que es mi vida en la ética y la transparencia porque eso no es patrimonio mío, es patrimonio de mis hijos y es patrimonio de mis padres. Cuando me vaya de este mundo no creo que les deje un gran patrimonio, pero quiero dejarles un nombre y una trayectoria.

—¿Cuál fue su relación con la prensa?

—Creo que nadie puede decir que yo ejercí presión o algo. Nadie. O si no invito a que me digan por si pasó desapercibido. Yo he sido un gran respetuoso de la libertad de prensa.

—¿Por qué los gobernantes tienen inclinación por el pensamiento único?

—No creo que sea así. Eso tiene ver más que con la condición de gobernante, con la modalidad de cada uno. Pero la pluralidad es la base de la democracia. Hay una frase de uno de los politólogos más grandes del mundo, Giovanni Sartoti: “La democracia es el equilibrio permanente”. Usted no tiene equilibrio entre opiniones unánimes. Y el que no entiende eso es porque no comprende las reglas básicas de la democracia.

—¿Siente que traicionó a alguien?

—No. Me queda la carga emocional de que en su momento pude haber decepcionado a algún sector, pero nunca traicioné a nadie.

—¿Y se sintió traicionado por alguien?

—No, eso no.
EL LITORAL

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