El otro lado de la pandemia del COVID-19: ¿cuál es el costo de un paciente en terapia intensiva en las clínica del conurbano?

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El grueso de la facturación por los enfermos graves es la medicación para la sedación.

Infobae relevó los gastos de varios sanatorios de la provincia de Buenos Aires. Las quejas por la crisis económica que atraviesan. “Nos estamos fundiendo”, aseguran desde el sector. Demora de los pagos de las obras sociales y falta de ayuda del Estado
Andrés Klipphan

Las principales cámaras que agrupan a las clínicas y sanatorios de la provincia de Buenos Aires denuncian desde hace casi un año que los altos costos de los pacientes COVID-19 en terapia intensiva las están “fundiendo”. El año pasado, solo en el conurbano bonaerense cerraron 9 clínicas. Concentraban unas 650 camas que nadie absorbió en medio de la pandemia.

Desde CAPRESCO, ACLIBA y FECLIBA (la federación que agrupa a las cámaras del sector) aseguran que aumento de los medicamentos para sedación se incrementó en más del 1.000%, costo que no pueden trasladar a los convenios ya acordado con las obras sociales; la alta demanda de oxígeno medicinal, el pago a 30 días o en efectivo de estos insumos esenciales, y el reintegro de las prestaciones por parte de los contratantes a tres meses, los jaquea.

Pero, ¿cuál es el costo diario de un paciente COVID en terapia intensiva en una clínica o sanatorio privado que trabaja para obras sociales sindicales, para afiliados de pequeñas empresas, IOMA o PAMI?

Con esa premisa, Infobae analizó la facturación de pacientes de seis clínicas del conurbano bonaerense para tener una aproximación a la realidad.

El resultado es, y esto varía también según los convenios realizados con las obras sociales, unos 65.500 pesos diarios. Una cifra que supera el millón de pesos en internaciones de 15 días y de más de dos millones si superan los 30 días, se realizan interconsultas y se requiere de un flujo importante de oxigenoterapia y mayor cantidad de medicación para sedación, como ocurre en un alto porcentaje de pacientes.

Cada paciente un mundo

El costo por día y por paciente COVID-19 en una cama UTI, puede elevarse a los 85.000 pesos, según la cantidad de medicamentos utilizados y flujo de oxígeno medicinal.

La biología no es una ciencia exacta como la matemática. Los pacientes no evolucionan todos de la misma manera. Hay internados que por su complejidad necesitan interconsultas y otros no. Algunos enfermos necesitan una o varias tomografías. O una o más colocaciones de una vía central.

La cifra se eleva o baja además si el “convenio” realizado con las obras sociales incluyen o no algunos de los medicamentos contemplados en el “módulo”.

Por esa razón los medicamentos utilizados varían, según las facturaciones que analizó este medio, entre los 22.000 pesos a los 55.000 diarios.

En algunos casos el valor de los sedantes supera el módulo de internación diario en una cama UTIA (unidad de terapia intensiva adulto), que oscilan entre los 35.000 pesos a los 22.000 pesos según los convenios acordados con los contratantes.

En ningún convenio está contemplado la oxigenoterapia para los pacientes ventilados, con respirador mecánico; ni la mayoría de los sedantes que se le deben aplicar para evitar que el paciente, en un arrebato, se lo quite.

El valor de oxígeno diario varía si el enfermo necesita un flujo alto, en casi de los respiradores mecánicos (unos 5.500 pesos) a las “vigoteras” (2.500 pesos en promedio).

Solo un ejemplo para tomar dimensión de los requerimientos para la sedación en un paciente ventilado por día con bajo requerimiento de medicación -siempre según la liquidación a la obra social- fue la siguiente: 25 ampollas de Midazolam; 10 ampollas de Morfina; 10 ampollas de Pancuronio; 15 frascos de Propofol; 15 ampollas de Noradrenila y 8 ampollas de Fentanilo. El valor facturado fue de 22.217,66 peso diarios.

El paciente, de 42 años, estuvo cinco días en una cama UTI, por lo cual, solo de sedantes, el valor de la rendición fue de 111.088 pesos.

Los cinco días de cama UTI tuvieron un costo de 175.000 pesos (35.000 pesos diarios) y de oxigenoterapia 5.500 pesos diarios, esto es 27.500 pesos.

A esto se le debe sumar los 2.872 pesos por una tomografía computada torácica, y los 16.500 pesos por la colocación de una vía central (para pasar suero y medicación) y una interconsulta con un especialista, otros 2.420 pesos.

En total la facturación ascendió a 335.380 pesos por esos cinco días en una cama de cuidados intensivos.

“La mayor parte de la medicación de alto costo, y mucho más ahora que hay faltante, hay que abonarla a los laboratorios en efectivo, o a los 30 días, y a nosotros las obras sociales nos pagan a los 90 días, en ese período, los valores de los medicamentos o del oxígeno medicinal, que nos pasa lo mismo, ya aumentaron. Por eso, las clínicas se están fundiendo, no porque estar vacías, sino por estar llenas”, le explica a Infobae la situación de asfixia económica en la que se encuentran, Gerardo Figueroa, el presidente de la Cámara de Prestadores del Conurbano (CAPRESCO).

Desde esa cámara empresaria que agrupa a clinicas que atienden a pacientes del conurbano profundo -le aseguraron a Infobae- esperan un plan integral del Gobierno que brinde alivio mientras dure la pandemia. “No pedimos un subsidio, sino un plan integral que nos permita poder trabajar y sostener a nuestros trabajadores, que son esenciales en este momento”, afirman.

Las analizadas son clínicas y sanatorios que, si fuesen hoteles, estarían calificados como dos y tres estrellas, tomando como cinco estrellas los sanatorios más conocidos de Palermo o Barrio Norte, que son propiedad de las prepagas más importantes del país y que destacan por sus instalaciones y alta tecnología médica.

La decisión de analizar los resúmenes de facturación de estas clínicas ubicadas en La Matanza, Merlo, Moreno y Morón se debe a que son las que, al estar ubicadas en el conurbano, constituyen “la primera línea de batalla” contra el coronavirus.

Al día de hoy tienen sus camas de terapia al 95% y “menos espalda” para “aguantar” -como ellos mismos lo definen-. Atienden por lo general a la mayor cantidad de pacientes proveniente de zonas de bajos recursos.

“La situación es desesperante”

A diferencia del paciente que necesitó cinco días de terapia, que después fue pasado a una sala general y de ahí dado de alta, hay casos más complejos que permanecen internados más de 30 días entre sala general y UTI.

Un paciente de 66 años estuvo internado desde el 21 de abril hasta el 27 de mayo pasado, fecha en que fue dado de alta. Es decir 36 días.

En ese lapso, también estuvo 14 días en una cama de terapia intensiva con respirador. El resto del tiempo -22 días- ocupó camas de adultos en el sector de clínica médica.

Como se excedía del plan, se le facturaron diez días de internación, y otros diez días módulos por material descartable, también por oxigenoterapia, tres tomografías computadas, una cerebral, otra torácica y la última por “otros órganos”.

A esto se le sumó una interconsulta con un profesional especialista y dos colocaciones de vía central, una realizada el 23 de abril y la otra el 7 de mayo. Por estas prestaciones, se facturaron 845.860 pesos.

A ese importe, hay que sumarle la medicación de sedación que se le suministro durante los 14 días en terapia, que sumó 943.939,60 pesos. Es decir, más que los días de internación.

Este tipo de sedantes también se utilizan para los enfermos con otras patologías que también necesitan ventilación, pero la diferencia es la cantidad de días que necesita oxigenoterapia un paciente COVID a uno no COVID.

El total de la facturación de este paciente fue de 1.833.837 pesos.

Un valor millonario. En este caso hay que tener en cuenta que por la obra social de la cual es afiliado, por ejemplo, PAMI o IOMA, el módulo por día de terapia intensiva reconocido es de los más bajos que se les abona a los prestadores: 23.000 pesos.

Si el módulo hubiese sido de 35.000 pesos, como el primer caso relevado, el valor superaría largamente los dos millones de pesos.

“La situación en la que estamos es desesperante. Nosotros sufrimos, desde que comenzó la pandemia, por el miedo de la gente, una baja importante en cuanto a las operaciones programadas y las consultas. Esto trae un perjuicio a la salud de la población, algo que es muy grave, y a nosotros nos hizo bajar drásticamente los ingresos”, explica Guillermo Barreiro, vocero de la CAPRESCO.

Barreiro, que también es gerente de administración de un hospital privado de la zona oeste del conurbano recordó que: “Hasta diciembre recibimos el ATP, que nos facilitó poder pagar los sueldos en tiempo y forma. Pero hoy en día no podemos hacer frente al pago del aumento que rige desde enero. Ni IOMA ni PAMI, ni el sistema privado de medicina prepaga actualizaron los valores que nos pagan”, por esa razón solicitan un “plan integral para compensar la caída de ingresos, la quita del ATP y la escalada inflacionaria”.

Por su parte, y después de analizar los costos junto a Infobae, Figueroa aseguró que: “Nos fundimos porque tenemos las clínicas llenas de pacientes COVID en terapia intensiva” y abundó: “Los costos por pacientes COVID son una bestialidad. Nos provoca una crisis financiera la manera en que nos pagan las obras sociales, con suerte a 90 días, y lo mal que se pagan los servicios”

Como el resto de los empresarios de la medicina privada del conurbano, el presidente de la cámara de prestadores del conurbano bonaerense afirmó que: “A la alta ocupación de camas y la falta de medicamentos a los que prácticamente hay que pagar en efectivo, se suma el cansancio de enfermeros, empleados y profesionales de la salud que están dejando todo para trabajar muchísimo cada jornada, tras una segunda ola que está arrasando los recursos disponibles”.

Por último, como los representantes de FECLIBA, el titular de CAPRESCO destacó: “La situación aún se agrava más por el faltante y el desabastecimiento del Midazolam y el Fentanilo que no hay en el mercado y los laboratorios que aún tienen esos sedantes exigen los cobros en efectivos o al 30 días como máximo”.

Néstor Porras, presidente de la federación de Clínicas de Buenos Aires, precisó que “junto a IOMA hicimos distintas gestiones con laboratorios, pero la fuerte demanda nacional genera una preocupante escasez de estos medicamentos, que han aumentado en sus precios y estarían más allá de los precios máximos fijados por el Ministerio de Salud de la Nación”.

La medicación de alto costo, como la que se utilizan para las sedaciones, está fuera de módulo, por eso, si las obras sociales no la reconocen son los pacientes quienes deben abonarla y no siempre pueden hacerlo.

Esto genera un conflicto ya que como se desprende de la documentación analizada, estos medicamentos suelen superar el valor de la propia internación.

“Siento que nos estamos fundiendo, en el conurbano profundo estamos en la primera línea, estamos haciendo tremendo esfuerzo y no recibimos ayuda por parte del Estado, como si sucede con los hospitales públicos, lo que es lógico en una situación normal, pero en pandemia también deberíamos recibir un apoyo extra para no cerrar, como ya pasó el año pasado con varias clínicas y sanatorios”, cierra Figueroa y su opinión es coincidente con sus colegas también consultados por Infobae.
INFOBAE

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