La Argentina avanza hacia el futuro reculando

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El crimen de un chico de 17 años vuelve a desnudar la realidad ante los funcionarios que siempre están mirando otro canal.


Héctor Gambini
Entrega de bicicletas, de Juan Domingo Perón en 1952 al ministro Jorge Ferraresi en 2021.

Cuando Lucas Cancino nació, en 2004, su vecino de Quilmes Aníbal Fernández ya ejercía su cargo público número 15. Era ministro del Interior de Néstor Kirchner y manejaba las fuerzas de seguridad.

Lucas murió ayer, a los 17 años, apuñalado en el pecho en Quilmes cuando salía de la casa de sus abuelos para ir a la escuela. Lo mataron a sangre fría para robarle la bicicleta, el celular y la mochila.

Su vecino Aníbal Fernández ejerce ahora su cargo público número 22 y, como hace 17 años, maneja las fuerzas de seguridad. No la Policía Bonaerense, responsabilidad de Sergio Berni, pero sí los gendarmes y prefectos diseminados en varios puntos del conurbano.

Entre ellos Quilmes, donde la intendenta Mayra Mendoza, de La Cámpora, gastó este último fin de semana una fortuna en una fiesta multitudinaria por el aniversario de Solano que cerró con tenores italianos y un recital de Karina La Princesita.

En Quilmes los robos agravados pasaron de 999 en 2019 a 1.484 en 2020, un aumento de casi el 50% a pesar de que en 2020 regía la prohibición de circular por la pandemia.

Hubo consecuencias políticas: en las PASO de septiembre, La Cámpora perdió allí por 7 puntos. Pero la gente sigue muriendo.

Anoche, la fiesta del domingo se había transformado en vecinos indignados marchando contra la inseguridad.

En Rosario, desde que Aníbal anunció el envío de más gendarmes hasta ayer fueron asesinadas 9 personas más. Nueve muertos en 15 días. El Frente de Todos también perdió Santa Fe, pero la gente sigue muriendo.

Lo notable es que el ministro Fernández no luce preocupado por las muertes cotidianas y devastadoras de la inseguridad, sino por las críticas de Nik, el humorista de La Nación, que tuiteó sobre los regalos del gobierno para tratar de conseguir más votos como sea.

La respuesta de Aníbal, a quien Nik ni siquiera aludía, fue una amenaza que el Gobierno buscó mimetizar como “acción desafortunada”.

No fue un error: alguien que amenaza con información personal no se está equivocando ni está teniendo un exabrupto.

Otro infortunio: desafortunado es minimizarlo.

Los regalos del gobierno para tratar de comprar voluntades en las elecciones incluyeron la entrega de bicicletas en un acto en Avellaneda. Como aquellos donde el Presidente y su esposa les regalaban bicicletas de 150 pesos a los hijos de trabajadores que ganaban 500. El Presidente y su esposa eran Juan Domingo Perón y Eva Duarte, y los actos eran en 1952. Pasaron 70 años.

Berni corre a ponerse adelante de las cámaras de TV en los hechos de repercusión pública y actúa como un comentarista calificado.

Comenta las limitaciones de una gestión que no es otra que la suya. Critica a los jueces que liberan presos -la culpa siempre es de los otros-, dice que la inseguridad es “un problema cultural” y que el crimen de Lucas es la “crónica de una muerte anunciada”.

¿Qué hará él ante las próximas muertes anunciadas, para tratar de evitarlas? ¿Cuántos Lucas más morirán antes de cumplir los 18 años sólo por caminar en los bordes de la Argentina precaria que el ministro sólo comenta?

Si Lucas fue asesinado por su bicicleta, perdió su vida por defender lo que el gobierno regala. Una bicicleta es, en la Argentina del tercer milenio, comedia para ir a votar y tragedia para ir a morir. ¿Qué podría ser más triste?

Atahualpa Yupanqui lo dijo hace 40 años: “La Argentina es un país que avanza hacia el futuro reculando”.
CLARIN

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