Cristina, la doctora que nos quiere salvar con sus remedios

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La vicepresidenta trata despectivamente a Alberto y consolida un modelo de oposición dentro del mismo oficialismo.

Jugadas peligrosas en un momento muy delicado.
Eduardo Reina
Consultor especializado en Comunicación Institucional y Política, Asuntos Públicos y Gubernamentales, Manejo de crisis y Relaciones con los Medios. Magister en Comunicación y Marketing Político en la Universidad del Salvador (USAL). Postgraduate Business and Management por la Universidad de California Ext. Berkeley, EEUU. Es docente universitario en UCA y USAL.
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Los antiguos griegos llamaban fármakon, tanto a la medicina como a un veneno, porque eran conscientes que aplicado en distintas dosis, en distintos cuerpos o a distintas enfermedades, un remedio podía transformarse en veneno.

En la Argentina pandémica, la política se parece a la medicina. Los dirigentes aplican fármacos que creen la medicina pero que acaba siendo el veneno de un modelo que no se instala ni se afianza, algunos dicen, retrógrado, viejo y sin ideas . Otros piensan que volver a lo nuestro será la medicina que nos devuelva la felicidad.

Aldo Ferrer lo pensaba cuando buscaba una argentinización: un proceso de transformación para que las empresas nacionales tengan un peso preponderante en las industrias de base. "Queremos argentinizar el crecimiento", para ser felices como en el final de un cuento de hadas. Un final liberador pero que no logra la liberación de la economía o de la sociedad, sino más restricciones más control , más limite. Un final liberador de presos y fundamentalmente de los “presos políticos” (o políticos presos) amigos con la ayuda de cursos de ukelele, macramé o plomería para principiantes.

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Luego de una llamativa etapa silenciosa, la vicepresidente nos dice siempre que hasta 2015 fuimos felices gracias a ella. Lástima que, al parecer, su cargo actual no le alcanza para implementar la solución que parece tener a los problemas que tenemos hoy.

Cristina propone una solución como un medicamento conocido para una enfermedad ya conocida por ella y por muchos de nosotros, pero lo que ella ignora o vive del recuerdo de otro momento global y económico del mundo y particularmente de la Argentina. El remedio que ella propone es el farmakón que en realidad es el causante de la enfermedad reiterada: la emisión para pagar más planes, más control para evitar la inflación causada por la emisión y menos apertura al mundo.

Es difícil saber si ese final es un accidente producto de la inepta mano que nos da remedios anticuados o parte de un frío cálculo de Cristina. ¿Cristina es como la maga Circe que convirtió a los marineros de Ulises en cerdos envenenando su banquete y no hace más que envenenarnos con sus “medicinas” o no sabe lo que hace?

La constitución afirma que el poder ejecutivo es unipersonal, pero hoy en ese único mando vemos dos cabezas disputándose el poder: Alberto Fernández y Cristina. Mientras ella sigue tratando despectivamente a Alberto, consolida su modelo político de un oficialismo con discurso de oposición al que imitan Berni y Kicillof. El espejo en el que se mira el poder presidencial está roto y muestra a una figura arriba y abajo a otra.

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Esta doble personalidad del oficialismo parece agravarse a medida que se acercan las elecciones. La campaña del cristinismo parece centrarse en diferenciarse del gobierno del que “la jefa” no solo forma parte como alianza electiva sino de la gestión misma. El debate político para ellos se reduce prácticamente a la interna, Alberto habla y ellos le contestan.

Se miran en ese espejo dividido y se distraen de que el dólar tiembla al ritmo de la falta de divisas, no hay turismo, suspenden viajes y vuelos de logística. Pero ¿las restricciones las plantea solo Alberto Fernández? ¿Cristina no está de acuerdo? No lo sabemos porque sobre estas cosas la vice calla y se limita a criticar cosas de la gestión actual de una manera parabólica y siempre sugiriendo que ella en sus presidencias ya las resolvió mejor

La principal duda que queda flotando en el aire es: ¿Le sacaron la escalera a su elegido o simplemente es una estrategia de Cristina para lograr un triunfo electoral?

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Hoy estamos en un contexto delicadísimo con una nueva amenaza de que la pandemia vuelva a prorrogarse con sus idas y vueltas de confinamientos y restricciones. Cristina, en lugar de aportar soluciones empieza a mezclar su discurso altisonante de “juventud maravillosa” impostada, con el de un gurú que tiene una solución mágica que solamente nos dará cuando logremos la iluminación.

En el juego de la sofística, Cristina sigue siendo tan Cristina como siempre y acomoda su discurso a lo que necesita el momento. Basta con repasar algunas de las frases que fue dejando a lo largo de estos últimos años para notar esto: “Lo odié a José López como pocas cosas en mi vida”; “El memorándum con Irán era el único instrumento para (...) conocer la verdad sobre AMIA”; “En Venezuela no hay estado de derecho, y en Argentina tampoco”, y un largo etcétera de sofismas. Los sofismas se caracterizan por sonar bien en los papeles pero por no demostrar realmente nada. Puros juegos retóricos, charlatanería.

​Los sofistas griegos desaparecieron del mapa cuando Sócrates desarrolló un nuevo método, la mayéutica, basado en el diálogo, en el que los estudiantes debían descubrir las verdades por sí mismos, sin que el profesor les dijera qué pensar. Es el mismo cambio de rumbo que necesita la Argentina ahora. Y es un cambio que deberá excluir a esos sectores con los que -como ya quedó demostrado muchas veces- es imposible dialogar.

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Mariano Hormaechea

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