Los beneficios de la nueva normalidad

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Mientras los aviones de Mercado Libre se desplazan por los cielos de México y Brasil para trasladar miles de encomiendas, una persona en Mendoza invierte en una propiedad en Miami, sin moverse de su escritorio, con solo algunos clics.

Simultáneamente, el CEO de una multinacional conversa vía teleconferencia con sus empleados en distintos puntos del planeta, al mismo tiempo que un diseñador gráfico en México trabaja para un emprendedor ubicado en Hong Kong. En todos estos ejemplos vemos un patrón común: la transfronterización de los servicios como consecuencia de la creciente globalización, acentuada en el último año por el efecto digitalizador de la pandemia. Se trata de una de las primeras cosechas de la llamada nueva normalidad.

¿Cómo impacta este cambio de época en la Argentina? Al margen del daño irreparable que vemos en términos sanitarios y económicos, hay algunas luces que muestran un horizonte de oportunidades. Con la llamada economía del conocimiento como punta de lanza -se estima que va a generar 500.000 empleos y USD 10.000 millones de exportaciones en 2030 para el país, de acuerdo a CESSI- una gran variedad de servicios que hoy se ofrecen al mercado nacional pueden ser reorientados al extranjero con el objetivo de diversificar riesgos, generar ingresos en moneda estable y no depender de la volatilidad política y económica que caracteriza a la Argentina.

Las compañías desarrolladoras de software vienen marcando el rumbo desde hace muchos años. Un caso paradigmático es el de Globant, nacida en 2003 en Buenos Aires y hoy con presencia en 18 países y más de 16.000 empleados. No es casual, en esa línea, que nuestro país sea un poderoso productor de unicornios -organizaciones valuadas en más de 1000 millones de dólares- en la región. Muchos emprendedores locales, desde la génesis del negocio, plantean su propuesta de valor con miras a la internacionalización, y hoy son cada vez más pymes que se animan a trascender los límites locales. Esta mentalidad comulga con una idea que sostengo siempre: a la hora de emprender, el mundo es plano. Por eso las startups argentinas, en la medida que sus servicios lo permitan, tienen que soñar en grande desde el minuto cero.

En ese marco, la transfronterización abre asimismo una gran puerta en el mundo de las finanzas. La tecnología no solo democratiza la entrada a las inversiones, sino que amplía el abanico de oportunidades, desde el acceso remoto al Real Estate en los mercados más estables del mundo, sin necesidad de viajar alguna vez a esos destinos, hasta la compra de criptomonedas, acciones u otros instrumentos que están más allá de América Latina.

Los argentinos, ávidos de encontrar reserva de valor para sus ahorros, hoy tienen muchas más alternativas que guardar la plata abajo del colchón. Esa es una buena noticia en un país que padece inflación endémica y muy poco acceso al crédito que permita apostar por el ladrillo. En una lista de 173 países que mide el Banco Mundial, sobre el monto total del crédito bancario al sector privado, la Argentina aparece entre los siete con el menor nivel, según un reporte de 2019.

Por último, un estudio del BID y Finnovista de 2018 asegura que en América Latina se identificaron más de 1100 empresas del sector Fintech, muchas de ellas en etapas avanzadas de desarrollo y operando más allá de sus fronteras. Esto evidencia a las claras que la transfronterización de los servicios de finanzas comenzó hace años y que ahora solo está despegando definitivamente.

Mi deseo es que tanto personas, pymes y trabajadores de nuestro país tengan a mano más herramientas y oportunidades de crecimiento y ahorro. La tecnología nos brinda esa posibilidad y muchos estamos a tiempo de aprovecharla.

Licenciada en Administración de Empresas por la Universidad de San Andrés y máster en Economía de Eseade
Sofía Gancedo
LA NACION

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