El eje Bubú y la idea fija de Cristina

BUBU.JPEG

El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, y Amado Boudou, podrían ser dos caras de la misma moneda.


Héctor Gambini
El lunes a la noche, Cristina Kirchner entra en ebullición y emite 27 mensajes -todos en el mismo hilo de Twitter- con una idea central subterránea y prevalente: que el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, piensa como ella.

Son afirmaciones de política económica que Cristina hace suyas para autosituarse en una vereda humanista, con una mirada social e inclusiva que resalta el papel de los sindicatos, la inversión pública y la clase media.

Sucede el mismo día en que su ex vice, Amado Boudou, da una especie de ¿clase? en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA para afirmar que el lawfare es mucho más que una persecución judicial y mediática a víctimas inocentes -entre quienes están Cristina y, naturalmente, él mismo- para ser la cara de una democracia deficiente o incompleta que llamó “democracia condicionada”.

Boudou es el mensajero y el mensaje. Denuncia persecución de un sistema donde el perseguido es él. Es el visionario de la conspiración y el condenado por corrupción que sigue en su casa aunque tiene la condena firme más firme que puede dar la justicia argentina, confirmada en la Corte.

Si tras todos los jueces y camaristas que lo declararon culpable aún sigue en su casa con pileta y ascensor, está claro que la presunta persecución conspirativa ha fallado en todos los frentes.

Sólo 48 horas antes, el presidente de El Salvador -un joven sub 40 fanático del celular y las redes sociales- echaba a los miembros de la Corte y al jefe de los fiscales de ese país, montado sobre una nueva mayoría parlamentaria.

Es el sueño de Cristina -que le costó el puesto a la ex ministra de Justicia y encaramó al ariete Martín Soria sobre aquella idea fija- hecho realidad en un pequeño país centroamericano.

Nayib Bukele terminó en El Salvador con la causa de lo que Boudou sería la consecuencia, según el relato K que ahora sobreactúa Alberto Fernández.

Perfeccionar la democracia condicionada sería echar a los jueces de la Corte y al jefe de los fiscales que no obedecen al poder político. Más exacto imposible.

El sorpresivo eje Bubú (Bukele-Boudou) refuerza esa idea de que la justicia no adicta al poder de turno se vuelve intolerable en ciertos modelos de gestión, más allá de las fronteras.

Y es justo ahí donde reaparece Biden -a quien el presidente argentino volvió a llamar este miércoles “Juan Domingo”-, aunque en una cara menos amable que la utilizada por la torpe simplificación argentina.

El primer funcionario internacional que salió a cuestionar la decisión salvadoreña fue Juan González, el hombre fuerte de Biden para Latinoamérica que hace pocos días estuvo en Buenos Aires. “Así no se hacen las cosas”, tuiteó.

El secretario de Estado Antony Blinken sumó: “Un poder judicial independiente es esencial para la gobernabilidad democrática”.

Antes se habían expresado igual con el encarcelamiento de la ex presidenta boliviana ordenado por el gobierno que responde a Evo Morales. Hablaron de preocupación por “la politización del sistema legal en Bolivia”.

La administración Biden -como ratificó este martes la vicepresidenta Kamala Harris- ya anunció que basará su relación con sus vecinos latinoamericanos con un ojo puesto en la persecución de la corrupción y, el otro, en la defensa de una justicia independiente.

Pero esa idea no cuaja con el relato del lawfare. Más bien, todo lo contrario.

Y entonces Juan Domingo vuelve a ser Joe. Y queda claro que no. Que ni Alberto ni Cristina son Biden. Ni quieren lo mismo.
CLARIN

0
0
0
s2sdefault
powered by social2s

Pinturería Todo Color

© 2017 - 2021 Todos los Derechos Reservados - Diseño: IN-CO-NE