¿Qué esconde la charla de Amado Boudou en la UBA?

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Condenado a cinco años y diez meses de cárcel, y con prisión domiciliaria, habló de “democracia condicionada”.

“Para nosotros es un honor contar con Amado”, lo recibieron.
Gonzalo Abascal
Nada, ni la pandemia, ni las impugnadas restricciones, ni la interna entre el ministro Martín Guzmán y el gobernador Axel Kicillof provocó un golpe de sensatez e impidió que Amado Boudou, condenado a cinco años y diez meses de cárcel por corrupción y beneficiado con la prisión domiciliaria revocada, ofreciera a los alumnos y profesores de Comunicación de la UBA su... ¿cómo definirlo? ¿exposición? Hasta resulta ofensivo llamarlo clase.

Una cosa es segura: no se trató de una invitación a pensar y cuestionar. Lo dejaba claro la consigna del encuentro: “Guerra jurídica y noticias falsas”; así, categórico, sin preguntas ni lugar a dudas. Y se verificó en la presentación por parte de los profesores Gustavo Bulla y Daniel Rosso. “Todos lo conocemos a Amado, es nuestro vicepresidente, nuestro compañero. Para nosotros es un honor contar con Amado Boudou”, se entusiasmaron. Ni Cristina les pide tanto. Si algún alumno tenía expectativas de debate, apagó rápido el Zoom y se dedicó a tareas mejores.

De hecho, fue lo que prefirió la mayoría: la convocatoria no tuvo una respuesta, digamos, masiva. Apenas unas 120 personas se atrevieron por momentos a la transmisión en You Tube, y hasta este lunes a primeras horas de la noche el video había acumulado unas 490 reproducciones (a propósito, con estas charlas se explica por qué la UBA muchas veces consigue la curiosa contradicción de formar periodistas que odian a los medios).

Otro dato notable fue que los promotores de la intervención intentaran bloquear la presencia periodística en el auditorio virtual (el cronista Bernardo Vázquez, de Clarín, lo logró a último momento y luego de insistentes pedidos). Curiosa decisión para una propuesta surgida en la Facultad de Comunicación.

Pero volvamos a Boudou. Con el pelo corto y afeitado, el hombre que debería estar preso habló por más de dos horas. Repitió el guión del lawfare tal como se esperaba, lo vinculó con la idea de “democracia condicionada” y de “democracia que no tiene destino” (lo de siempre, sólo es democracia si gobierna el kirchnerismo) y arriesgó: “Vamos a la privatización del sistema penal como pasó con el sistema jubilatorio en los ‘90, y nos quisieron hacer pensar que eso era lo normal”.

La definición plantea una novedad. El enunciado fue en presente. No dijo: “Ibamos a la privatización del sistema penal”. La elección verbal abona la idea del kirchnerismo duro de que Alberto Fernández y su gabinete no se esfuerzan lo suficiente para terminar con el lawfare. Además, en una operación nada casual, asocia la supuesta “privatización de la Justicia” con la de las jubilaciones que él propuso anular, iniciativa que lo encumbró en el relato K. Pretende así ubicarse otra vez como el impulsor de las grandes luchas.

Audaz, y sintiéndose protegido por un auditorio complaciente, aventuró en clave sociológica: "A partir del neoliberalismo aparece la sociedad del espectáculo, que tiene mucho de la sociedad disciplinaria, de la sociedad del control, pero también vuelve la sombría fiesta punitiva...". Un cambalache conceptual para gambetear lo concreto: en su condena intervinieron nada menos que 16 jueces y fue ratificada por la Corte Suprema en diciembre de 2020.

La pregunta final sería, ¿para qué y para quién habla Boudou, si ni siquiera lo escuchan los dirigentes oficialistas y su voz quedó limitada al rancio ultra kirchnerismo?

El motivo es mucho más prosaico que la “heroica” defensa de la democracia y la lucha contra los poderes concentrados, los grupos económicos y la Justicia cómplice.

A la espera de una posible definición de la Cámara de Casación que puede devolverlo preso, Boudou ansía que termine mayo para cumplir los dos tercios de la condena y quedar habilitado a la libertad condicional. Mientras tanto, debe mostrar actividades que permitan a sus abogados sostener el recurso de la prisión domiciliaria.

No se trata de la democracia. Se trata de no volver a la cárcel.
CLARIN

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