Gobierno: si hay internas, que no se note

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Dos ministros, a falta de uno, anunciaron que las escuelas seguían abiertas.


Silvia Fesquet
El informe fue lapidario: Argentina está entre los diez países menos seguros para invertir. Quedó séptima en el ranking en que al tope se ubicó Venezuela, seguida por Nicaragua, Haití y Bolivia. Dado a conocer el mes pasado, el trabajo elaborado por la revista The Economist y titulado “Populismo y política: el riesgo operativo en América latina”, analiza la situación económica de la región a la luz de las decisiones y el impacto de la crisis del Covid-19.

“América latina sufrió algunas de las tasas de mortalidad más altas y una de las recesiones más pronunciadas del mundo en 2020 ante la pandemia de coronavirus. En 2021 el enfoque inmediato está en abordar la pandemia, lanzar vacunas y ayudar a que la actividad económica vuelva a niveles prepandémicos. Pero esto tendrá repercusiones duraderas. Habrá ‘cicatrices’ económicas para la inversión”, señaló el reporte que evaluó tres aspectos del riesgo: político, económico y regulatorio.

La mala noticia para Alberto Fernández, el resto del Gobierno y todos los argentinos, es que el país figura en los puestos más altos en los tres tipos de riesgo evaluados. En cuanto al económico, señala que el mayor problema que enfrentan los empresarios se relaciona con “la falta de corrección de los desequilibrios macroeconómicos” y plantea asimismo dificultades vinculadas al comercio exterior y pagos, dado que “el Gobierno levanta barreras no arancelarias como parte de la política de sustitución de importaciones”, y en lo que hace a riesgos regulatorios, habla de la nacionalización de “negocios estratégicos”.

A la hora de referirse al factor político, menciona el contexto electoral, con las elecciones de medio término elevando los riesgos para la estabilidad y la gobernabilidad y agrega que “las divisiones dentro de la coalición gobernante exacerban los problemas de gobernabilidad”.

Días pasados, Alejandro Werner, director para la región del Fondo Monetario Internacional, criticó con dureza al Gobierno argentino precisamente por lo mismo: sus internas en el manejo de la política económica: “Parece que hay diferencias significativas de opinión dentro de la alianza política del presidente Fernández sobre la dirección que deben tomar, tanto en lo que respecta a la política como a las negociaciones con el Fondo”. Semanas antes de estas declaraciones, el Financial Times había advertido ya que la vicepresidenta Cristina Kirchner presionaba para que se postergara un acuerdo por la deuda con el FMI. ”Mientras que el ministro de Economía, Martín Guzmán, dijo recientemente que el Gobierno quería concluir las negociaciones sobre un acuerdo con el FMI para mayo -más tarde de lo previsto inicialmente, que era marzo- voces poderosas en el gobierno peronista del presidente Alberto Fernández quieren un retraso aún mayor”, decía la nota.

El problema de las divisiones y las internas es, sobre todo, que se noten. La última semana, en ese sentido, fue un auténtico derroche de disparates. Dos ministros del Gabinete nacional, a falta de uno, anunciaron en distintos momentos del miércoles, que las clases presenciales estaban garantizadas. Nada menos que la ministra de Salud, Carla Vizzotti, y su par de Educación, Nicolás Trotta. Pero apenas unas horas después, el Presidente en persona dejaba pagando a ambos, como se dice en buen criollo. Anoche, la decisión de una cámara porteña ordenó la presencialidad en las aulas hoy mismo.

Hasta esta medida judicial, la escalada del Gobierno fue imparable. Presentación de estudios y curvas con interpretaciones caprichosas, para tratar de borrar con el codo lo que se había escrito con la mano varias veces en esa semana, como el lunes en Olivos. Agresiones al por mayor, contradicciones, permisos y marchas atrás, panoramas apocalípticos lanzados por los mismos funcionarios que acusaban a la oposición de sembrar el miedo, comentarios desafortunados de Alberto Fernández que fueron desmentidos o “aclarados” -”no aclares que oscurece”, dicen -, sobre los chicos con síndrome de Down, los médicos y el “relajamiento”, y hasta Axel Kicillof aludiendo, en un alarde de democracia, al “versito del consenso”. Y la sombra de Cristina, o algo más, sobrevolando los volantazos y el crescendo en las palabras y en los hechos, mientras el Presidente repite “las decisiones las tomo yo”. Dicen que decía Napoleón III, “levantar un andamio no es edificar”.
CLARIN

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