La oposición en su laberinto

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La tensión entre halcones y palomas le impide a Juntos por el Cambio terminar de aprovechar políticamente la preocupante coyuntura actual.

Sus internas, egoísmos, falta de autocrítica y de visión conjunta le aportan al Gobierno algo de tranquilidad de cara a octubre

Nancy Pazos

A simple vista hay terreno más que fértil para que la oposición tome la delantera en este año electoral. Inflación. Pandemia. Falta de vacunas. Récord de pobreza, de riesgo país. No acuerdo con el FMI. Posible default con el Club de París. Un cóctel con todos los condimentos para hacerse un picnic. Y como si todo esto fuera poco, una protección mediática inédita para quienes están fuera del poder.

Sin embargo, lejos de estar sacando provecho de la situación, la coalición opositora parece hundirse en su propio laberinto. Internas, egoísmos, sectarismo, falta de autocrítica, de visión conjunta y liderazgos opuestos hacen que el Gobierno transite hacia octubre con mucha más calma y tranquilidad de la que debería.

Para muestra basta una foto. La que se sacaron el martes en el Patio de las Palmeras Cristian Ritondo y Jorge Macri junto a Sergio Massa, Máximo Kirchner, Eduardo “Wado” De Pedro y Santiago Cafiero. Ninguno había llegado ahí por casualidad. Y todos habían avisado antes a sus respectivos referentes. Si bien el encuentro tenía un marco institucional, los $5 mil millones que por iniciativa de Ritondo se destinarán a obras de infraestructura en los municipios bonaerenses, la charla informal derivó en un tema que, al menos en el Congreso, se viene pimponeando desde hace meses. La posibilidad de atrasar las elecciones de este año esperando que pase el nuevo pico de la pandemia.

Pero el minuto a minuto posterior al hecho en sí dejó en claro que no hay posturas únicas en la oposición, que el oficialismo los hace pisar el palito como chicos de jardín de infantes y que los halcones corren a las palomas al ritmo de Twitter. Mientras puertas adentro ninguno de los presentes descartó la posibilidad del diálogo a futuro sobre el tema, y hasta lo reconocieron en declaraciones públicas en la puerta de la Casa de Gobierno, con el correr de las horas las reacciones altisonantes de los que no estuvieron presentes terminaron haciendo que los propios dialoguistas se convirtieran en cangrejos desandando sus propios pasos.

En ese encuentro no estuvo solo el PRO. También hubo una representante del radicalismo. La intendente de General Arenales, Erica Revilla, segunda en la lista de Maximiliano Abad en la interna bonaerense del radicalismo. Es decir, los distintos sectores convergieron y ninguno era un nene de pecho. Lamentarse por incredulidad o inocencia es antitético con el pasado militante de Ritondo y de Macri.

“Estallaron por celos”, dijo uno de los opositores de la mesa semanal del PRO. “Vienen pidiendo pista para reunirse con el Gobierno desde el primer día tanto Patricia (Bullrich) como (Alfredo) Cornejo y como no lo logran dinamitan cualquier puente” 🤦🏻‍♀️.

El escándalo escaló tan alto y rápido que terminó arrinconando una vez más a Horacio Rodríguez Larreta. Cuando Julio Vitobello llamó el miércoles a Diego Santilli para organizar una reunión entre el Presidente y el jefe de Gobierno Porteño, desde Ciudad prefirieron dejar pasar unos días para no volver a regalar una foto “antigrieta” en un momento en que los gurkas del espacio radicalizan todas las discusiones.

La jugada, en ese sentido, les terminó saliendo excelente. El COVID presidencial anunciado el viernes hizo que la reunión coordinada para ayer a la mañana en Olivos, terminara siendo por FaceTime a las seis de la tarde y sin registro gráfico. Un dolor de cabeza menos para Horacio.

Es que el jefe de Gobierno porteño, ungido por Cristina Fernandez de Kirchner como el opositor memorioso y a respetar con un estratégico tuit hace unos días, viene sintiendo la presión de la interna de su espacio con más fuerza que nunca.

La encrucijada que enfrenta no es menor. Horacio anhela erigirse como un líder moderado. Pero en el camino confunde moderación con equilibrio. Y con sectores tan antagónicos en su propio espacio el equilibrio muchas veces deja de ser moderado.

Propios y extraños le piden al hombre que mejor imagen tiene hoy en el país que muestre más los dientes. “Dejaron de tenerle respeto cuando entregó a Álvaro (Gonzalez)”, cuentan en el Congreso. La historia ya es vieja pero habla de cómo la dirigencia política se mide el aceite. Álvaro responde a Larreta y era el vicepresidente primero de la Cámara. Pero para conseguir el equilibro de Juntos por el Cambio Horacio cedió el puesto y el cargo quedó para el Mendocino Omar De Marchi.

“Si querés ser Presidente no te podés bajar los pantalones con un futuro candidato a gobernador”, dice un amigo que lo quiere bien pero que no comparte su táctica.

Esa historia igual tiene más de un año. Ahora Horacio enfrenta otros retos. Patricia Bullrich quiere ser candidata en la Ciudad pero camina el país con clara ambición presidencial.

El último encuentro entre Horacio y Patricia fue por zoom hace quince días. Dicen quienes rodean a la ex ministra de Seguridad que ya no solo quiere encabezar el distrito. Sino que quiere incluir detrás de ella a sus propios candidatos “en los números impares”. (Pero qué tupé 🤣🤣)

Obvio que “Patricia” sigue siendo tema en todas las tertulias. A tal punto que Mauricio en este segundo tiempo ya reconoce ante los íntimos que “no la maneja”. Buena manera de no pagar el costo hacia adentro de muchas posturas de su ex ministra y de evitar ser receptor de quejas o intentos de negociación por parte del propio Horacio.

En el medio el radicalismo, que también juega sus fichas, parece más motorizado que nunca. Con tres internas partidarias que movilizaron una cantidad inédita de votantes como para demostrar que sigue vivo, tanto en Córdoba como en Buenos Aires y la Ciudad los resultados revelaron que tampoco los radicales están tan alineados.

La gran novedad de las internas no solo es la aparición de referentes jóvenes que nadie vio venir (en Córdoba se tuvieron que juntar los antagónicos Mario Negri y Ramon Mestre para evitar que ganara el treintañero Rodrigo De Loredo y así y todo se arrimó al 49% de los votos) sino que no todo el radicalismo está conforme con la ecuación electoral con la que viene sobreviviendo Juntos por el Cambio.

En 2015, 2017 y 2019 en provincia de Buenos Aires, por ejemplo, los radicales se llevaron ocho legisladores provinciales y tres nacionales. Ahora ese número parece no cerrarle a muchos.

“El radicalismo va a ir a las PASO en todos los distritos, esa es la gran novedad”, confirmaron ayer referentes de los sectores que vienen pujando por mayor injerencia del partido en las listas.

Si esto se confirma los radicales no van a estar solos. Hacia allí está apuntando Emilio Monzó, a quien no se le puede negar capacidad de armado político.

Pero para la oposición Buenos Aires es un verdadero polvorín. Maria Eugenia Vidal sigue diciendo que no quiere jugar, Diego Santilli intenta hacer ole pero igual se prueba el traje, Mauricio Macri lo resiste y se junta con los intendentes del Grupo Dorrego y Jorge Macri preferiría a cualquiera que no tenga aspiraciones para el siguiente turno. Juego de ajedrez en medio del distrito con más pobres de todo el país.

Está claro que la oposición, al igual que el general, está en medio de su laberinto.
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Mariano Hormaechea

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