Cristina acelera la Operación Justicia Divina

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La estrategia es indultar; o habilitar apelaciones infinitas para que la condena firme no llegue nunca.


Héctor Gambini
Que el fiscal acuse y un tribunal condene no es condena firme. Que un tribunal de alzada confirme la condena del tribunal de origen no es condena firme. Que Casación confirme la condena del tribunal de alzada no es condena firme. Que la Corte de Justicia de la Nación confirme la condena de Casación podría serlo, tal vez, a lo mejor, pero si el resultado no conviene tampoco sería condena firme.

Ahí hay que ir a la Corte Interamericana y entonces sí. O quizá.

Si tampoco conviene el fallo quizá se busque ir al tribunal internacional de La Haya o, ¿qué tal una Corte Penal Internacional, sólo para delitos de corrupción, presidida por Eugenio Zaffaroni? Algo amigable, especializado en víctimas de lawfare al portador y a sola firma.

Es decir, que el reo llegue diciendo que es perseguido por el lawfare de su país y sea inmediatamente absuelto.

Después de todo, fue Dilma Rousseff la que le trajo a Cristina Kirchner la idea del lawfare, en una visita a su departamento de Recoleta. Le explicó cómo se complotaba la justicia contra Lula en Brasil.

A Cristina le gustó tanto la idea que la tuiteó ese mismo día. En ese esquema que acababa de explicarle Dilma, ella era Lula. Bingo.

​El plan es que las causas de corrupción tengan tantas instancias de revisión que no alcance la justicia de los humanos. Si se agotan los tribunales en la Tierra, sólo quedará Dios.

Una comisión del Senado que maneja Cristina dispuso la semana pasada que una parte del nuevo Código Procesal Penal comience a regir en la Capital Federal. Son los artículos que extienden la idea de “condena firme” hasta que llegue a la Corte... y más allá.

Eso borra de un plumazo las atribuciones de la Cámara de Casación, creada justamente para ser la última instancia donde se revisen todas las causas penales. Las causas de corrupción son causas penales.

El argumento para adelantar la entrada en vigencia de esos artículos es, según se publicó en el Boletín Oficial, “evitar que se generen situaciones de desigualdad ante la ley para los justiciables”.

Pero la desigualdad ya se generó: Boudou -que sigue en su casa un mes y medio después de que la Corte confirmara su condena firme- jamás hubiera accedido a los beneficios de cursar en el penal carreras tan afines a su formación de economista como Electricidad y Organización de Eventos si no fuera quien es.

Para mantenerle el beneficio de la prisión en su casa, el juez consideró a su favor esos “estudios”, a los que los presos comunes no acceden fácilmente.

Pero hay más. Si la Corte no falla como quisiera Cristina, habría que ir a instancias internacionales o presionar acá mismo por la máxima instancia política: el Presidente.

Por eso Milagro Sala salió este lunes feriado de Carnaval a pedir que Alberto Fernández la indulte a ella “y a todos los compañeros”.

El indulto presidencial borra a la Justicia. Si el Presidente indulta ya está. No importa qué opinaron los 27 jueces de instrucción, de tribunales orales o de Cámara que la condenaron.

El origen del indulto es monárquico. En su ejercicio absoluto del poder, el rey concede la gracia del perdón, más allá de la justicia. Como un dios pagano y todopoderoso.

Sólo un rato antes de que hablara Sala, le allanó el camino la directora de Asuntos Jurídicos del Senado, Graciana Peñafort: “En el caso específico de Milagro Sala, Alberto debería indultarla”, lanzó sin rodeos.

​Peñafort es el cerebro de la estrategia judicial de Cristina, además de su abogada.

Este martes fue el senador Parrilli el que salió a reforzar la estrategia, reclamando de nuevo por la reforma judicial y la urgencia de cambiar al jefe de los fiscales para manejar los procesos desde el inicio.

Un rato después apareció Zaffaroni, pidiendo crear una comisión parlamentaria de lawfare. Y habló directamente de "amnistía" para los presos de la corrupción kirchnerista.

La presión para los indultos y las condenas “no firmes” sube.

Seguir el hilo hacia arriba es fácil y se ve en un par de mañanas de declaraciones por radio planificadas y coordinadas: lleva de Boudou a Milagro Sala, de Sala a Peñafort, de Peñafort a Parrilli, de Parrilli a Zaffaroni... y de Zaffaroni a Cristina.
CLARIN

 

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Mariano Hormaechea

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