La pirueta presidencial y una incierta vuelta a clases

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El cambio de opinión del Presidente, desde “nadie sufrió por recibirse un año antes o después” a “perder un año es muy grave”.


Gonzalo Abascal
El factor electoral, la oposición de los gremios y el retraso en la vacunación de los docentes.

El 26 de marzo pasado, a días de iniciar la cuarentena, Alberto Fernández decía: “Si hay algo que no me urge es el inicio de clases, después veremos cómo compensamos esos días. No tiene mucho sentido, no es inteligente subir a un niño a un colectivo para que termine infectado. Eso puede esperar… Nadie sufrió por recibirse un año antes o un año después, nadie por terminar un año antes o después”.

Pocos días más tarde, ya en abril, se afirmaba en su convicción: “Seguramente los chicos seguirán sin ir al colegio. Las escuelas han desarrollado un sistema de educación a distancia que no está funcionando mal…”.

En septiembre repetía: “Abrir las clases presenciales es un peligro…”.

La semana pasada, en el encuentro del Consejo Federal de Educación, el presidente afirmó: “El dictado de clases es para mi un aspecto prioritario... Perder un año de educación y conocimientos es muy grave y es algo que no nos podemos permitir”.

Y continuó: “No hay nada más lindo que poder mirar a los ojos a un alumno… Eso se ha perdido con el método de clases a distancia”.

Para concluir: “Sin salud no hay presente y sin educación no hay futuro”.

La voltereta conceptual es clara. Pero no se trata esta vez de sorprenderse de una característica del discurso presidencial ya conocida, aunque queda claro que la tendencia a cierta verborragia, a las definiciones contundentes e incluso a los slogans (“sin salud no hay presente y sin educación no hay futuro”) lo ponen muchas veces en brutal evidencia.

Sin embargo, está claro que este último cambio de ideas tiene urgentes motivaciones políticas. Se trata del desesperado intento de pelearle a la oposición, y sobre todo a Rodríguez Larreta, la bandera del cuidado de la Educación y de la importancia del regreso a las aulas, un reclamo que creció en todos los sectores sociales durante 2020 y del que se adueñó el Gobierno de la Ciudad.

La realidad indica que si entre mañana y principios de marzo los alumnos ocupan las escuelas será en gran medida porque el año electoral no permite más errores en ese sentido. Y en ese escenario nadie quiere quedar parado en la vereda del desinterés educativo.

Dicho esto, y ante la inminencia de la fecha prevista, la pregunta sería, ¿cuánto compromiso hay en la convicción de la vuelta a las escuelas?

La secuencia promete ser incierta. A una planificación compleja, que incluye remodelaciones en los edificios, escalonamientos en los horarios y distanciamiento en las aulas se suma la resistencia de sectores gremiales que persisten en sus planteos, y el retraso en el plan de vacunación que por ahora no alcanzó a los docentes.

“Sólo los que hayan sido vacunados podrán ir”, anticipó Miguel Díaz, secretario general de la Unión de Docentes de la Provincia.

“La vacuna no es requisito porque hay dispensa para los que estén en los grupos de riesgo”, pretendió aclarar el ministro Trotta.

Nadie sabe cómo se saldará esa diferencia.

La escasa presencia de los docentes (el 10% hasta el viernes) en los centros de testeos ofrecidos por la Ciudad es otro anticipo preocupante.

A lo anterior se suma que en la Provincia más de 300 escuelas fueron incluidas como sedes para la vacunación, lo cual impediría que allí retornen los alumnos.

Problemas concretos. En la voluntad de sortearlos será posible descubrir quien es quien en la larga fila de los afligidos por la educación.
CLARIN

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