Carlos Menem, prócer peronista; Alberto a México y las movidas larretistas

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El fallecido ex presidente generó admiración y rechazos, pero hoy el peronismo lo despide como propio.

Las elecciones que vienen en Corrientes, y el voto-seguridad de Patricia Bullrich.

Ignacio Zuleta

La muerte de Carlos Menem habilitó a otro round de unidad del peronismo. Si algo entendió el riojano fue el poder, y que ejercerlo es repartirlo. No hay dirigente que haya convivido con él -entre ellos quienes ejercen hoy el gobierno– y que no haya recibido una porción del poder que Menem distribuyó cuando lo tenía. Se explica la reacción inmediata del oficialismo de saludarlo como un prócer, cuando no hace tanto que Néstor Kirchner tocaba madera, y Cristina ensayaba cuernitos sobre su persona.

La decisión de velarlo en el Salón Azul del Senado –donde manda Cristina- señala la dimensión simbólica: allí se los veló a Juan Perón y a Raúl Alfonsín. Pasos Perdidos, en Diputados, no tenía la misma jerarquía obituaria (ahí lo velaron a Fernando de la Rúa). El peronismo de este tiempo convivió con él con admiración y rechazo, pero lo despide como propio. Hasta por conveniencia electoral. Un lanzamiento de Zulemita Menem​ como candidata a diputada nacional por el oficialismo albertista estaba demorado, ante la noticia que circulaba en los últimos días de que la vida de Menem se apagaba sin remedio.
Un Icaro criollo que entendió el poder, pero lo disipó

En realidad, su ciclo había terminado hace dos décadas, y los años que siguieron a su salida del poder fue vivir de las rentas de aquellos '90. Como la Argentina, que vive aún de las rentas de aquel período, que implicó una modernización que sembró beneficios que duran en el tiempo. Para los menemistas, él lo hizo. Aunque en aquellos años hubo gobiernos en varios países con la misma agenda: Occidente se adaptaba al final del mundo analógico y regulado que había surgido de la posguerra y que había estallado con el final de la Guerra Fría.

Acá le tocó a Menem, que certificó la defunción de aquel mundo. Como un Icaro criollo, esa habilidad para entender el poder no le sirvió a él para salvarse de la contra ola. Entre 1997 y 1999 cifró la demolición de su construcción política con el proyecto de una tercera reelección. El intento, que algunos atribuyen a entornistas más que a él, desmoronó el poder mismo que pretendía preservar. Ese poder lo desflecó en la inquina con los propios - Duhalde, los adversarios (Alianza) y los independientes- que lo sumieron en el desprestigio. Creyó que al salir de la presidencia se llevaba el poder a la casa. Se le diluyó entre las manos por la resistencia a ocupar desde ese año alguna función institucional -gobernador de La Rioja, legislador, algún cargo internacional como la OEA.

Disolvió también el poder del peronismo, partido del cual era presidente cuando fue detenido en 2001 por la causa armas. Es difícil imaginar una disipación tan grande de poder en tan poco tiempo. Afectó a su persona - detenido -, a su partido -derrotado en elecciones nacionales- y también al entonces oficialismo. Uno de los componentes de la crisis del gobierno De la Rúa fue que no tenía una oposición que apalancase la crisis. ¿Cómo lo iba hacer un PJ cuyo consejo nacional llegó a sesionar en la casa de Armando Gostanián en Don Torcuato? Era un país inviable, que no ofrecía confianza ni hacia dentro ni hacia afuera. Gobierno en crisis, oposición en crisis. Comprensible que estallase todo en 2001.
Una ficha por el peronismo charro y maradoniano

La nueva geopolítica forzó a la cancelación del viaje que tenía prometido Alberto Fernández a los gobernadores del Norte Grande del 25 de febrero en Corrientes. Lo cambió por una visita que cree es una mejor inversión: acompañar a México en el primer acto del año de celebración en cuotas del 200° aniversario de la independencia de ese país. Será el 24 de febrero, según le formalizó Andrés López Obrador a Carlos Tomada en la reunión que tuvieron el jueves pasado.

Fue en la presentación, demoradísima, de los papeles de embajador, que el laboralista desempeña desde setiembre pasado. Cosas de la peste, que golpea por allá más que acá. En ese encuentro cruzaron bromas sobre la salud de los enfermos. "Este país estaba detenido", le bromeó Tomada al saludar a AMLO. En los mismos días, el presidente de México, Tomada y también Carlos Slim –el hombre más rico de ese país, y uno de los top del mundo-, padecieron el Covid-19, como si el bicho se ensañase con ese país.

El presidente de México ponderó el sentido de la invitación, porque Alberto es el único invitado a este primero de muchos actos a lo largo de 2021: 200 años de Independencia, aniversario de la fundación de Tenochtitlán y otro del "encuentro de las culturas".

En el viaje a México hay comprometidas dos reuniones con empresarios con intereses en los dos países. También una visita al laboratorio en donde se envasa la vacuna de Astra-Zeneca que se fabrica en Pilar de Argentina. Si los tiempos dan, habrá una invitación a recorrer el estadio Azteca. En ese santuario de la mano de dios se construirá un inmenso mural - especialidad de los mexicanos - que reproduce una fotografía de Diego Maradona con la camiseta argentina y un ostentoso sombrero de charro. Tomada corta clavos para que esté listo para la visita de Alberto, pero por lo menos habrá un recorrido por el estadio.
La deuda mexicana con Trump

En Buenos Aires fantasearon con que a ese acto podría ir Joe Biden, pero el presidente americano, si va a México, lo hará cerca de fin de año. También AMLO se ajusta a la nueva geopolítica. Su gobierno se benefició mucho en la era Trump, que firmó un nuevo acuerdo que explica las reformas laborales de México. "Se la debemos Trump", le explicó AMLO a Tomada, experto en esos asuntos.

Trump quería que Estados Unidos no perdiese más empleos y presionó a México con reformas para mejorar los salarios locales, desarmar el sistema de tercerización de empleos y fomentar la democracia en los sindicatos mexicanos. Tomada diagnostica, cuando explica esa reforma, que México ha hecho una reforma laboral peronista -ahora tocaría discutir qué es peronismo, si el neoconservadurismo de Menem o el comunismo gourmet de Carlos Heller. Esta experiencia con la administración Trump abre interrogantes sobre el curso de las relaciones con Biden, que ya marcó un rumbo hacia la región con el reconocimiento de Juan Guaidó.

Esa señal hacia Venezuela es una avenida que pone luz sobre la nueva etapa. También el lento acercamiento del gabinete de AMLO al grupo de Puebla, ese PAMI del tercerismo, cuya última cumbre abrió su canciller, Marcelo Ebrard.
Poliamores regionales

En esa reunión hubo un nuevo rechazo del "lawfare", cuyos efectos revisa Olivos a la luz de información que les llega de afuera. De Brasil, por ejemplo, sobre la revisión judicial del proceso a Lula da Silva, y hasta una eventual recuperación de sus derechos civiles.

Esto explica que Alberto se haya comprometido a participar junto a él en un panel para el homenaje a los 41 años del PT (partido de Lula) la semana que viene. Alberto regula sus relaciones con otros países sobre la base de esa inteligencia sobre el futuro: endureció el gesto con Jair Bolsonaro y Sebastián Piñera cuando lo convencieron los "inteligentes" que lo rodean, que abundan en Olivos, que esos dos presidentes tenían destino de destitución.

Cuando recuperaron prestigio, giró en el trato y los halagó con sombrerazos amigables, que trajinaron, respectivamente, Daniel Scioli y Rafael Bielsa. Ahora que la revisión del Lava Jato puede darle nuevo oxígeno a Lula, le moja la oreja al presidente de Brasil. Con él tiene una cita el 26 de marzo en los festejos de los 30 años del Mercosur en Puerto Iguazú. La pelota está del otro lado.
Corrientes, primera trinchera electoral

Los gobernadores que esperaban a Alberto el 25 de febrero en Corrientes igual se reunirán bajo el sello del Norte Grande. El argumento es recordar el cumpleaños 243 del general San Martín. Aunque en esa liga hay radicales, es oportunidad para los peronistas para apañar a los candidatos de su partido en las elecciones locales.

Peronistas y radicales hacen ajedrez de fechas en esa provincia, que elige este año también gobernador. Todo en esa comarca es siempre distinto al resto del país. El oficialismo nacional hizo desembarcar por allí a Wado de Pedro para auditar la capacidad de someterla a nuevos experimentos. Gobierna un radical, Gustavo Valdés, con un vice peronista, Gustavo Canteros, que no puede reelegir porque está en su segundo mandato después de ser vice de Ricardo Colombi. ¿Repetirán el esquema bipartidario? El PJ local está intervenido, para regular esa relación, en la persona de Julio Sotelo, un chaqueño que reporta a Gildo Insfrán, presidente del Congreso del PJ nacional. Valdés va a la reelección, como el senador Pedro Braillard Poccard (socio del Pro en el Senado), cuyo cargo le disputará el legislador provincial Noel Breard, radical que pudo ser gobernador, si el elector radical Tabaré Bruzzo no hubiera quebrado el acuerdo para su designación. Ocurrió en enero de 1993, cuando el ministro del Interior era Gustavo Béliz. Hubo ecos de valijazos que resuenan todavía en la memoria de algunos.
También búnker opositor

Las elecciones a gobernador son en octubre y Valdés es el anfitrión de algunas peñas radicales en la casa de Corrientes de Buenos Aires. Este miércoles albergará otra reunión con dirigentes nacionales de su partido, entre ellos el gobernador Gerardo Morales y jefes de bancadas del Congreso, como Mario Negri y Luis Naidenhoff (no lo esperan a Ernesto Sanz, cuarentenado).

Será la segunda juntada para definir posiciones ante la eventualidad de un toqueteo de las primarias. Antes que nada, algún consenso para definir internas de candidatos si se inhabilitan de alguna manera las PASO, algo que tiene cada día más presión por parte del oficialismo.

Ese grupo ha dado el apoyo a Maxi Abad en las elecciones internas del partido en la provincia de Buenos Aires. La puja con Gustavo Posse y el sector radical de Nosiglia-Lousteau es el eje de movimientos que se van nacionalizando. El núcleo crítico del grupo es el sello Olimpia, que produjo el documento “Manifiesto por la esperanza democrática”, que lleva más de 2 mil firmas de dirigentes de todos los colores (del partido radical, se entiende).

Este sábado Jesús Rodríguez, mentor del grupo, coordinó un debate nacional por zoom con centenares de dirigentes. El documento es la oportunidad del debate, y pueden coincidir en las cláusulas más combativas: 1) el peronismo se ha convertido en el administrador de los cada vez menores recursos del Estado para, mientras gobierna, contener a los que su política expresa y, cuando es oposición, movilizarlos para obstruir los cambios; 2) el rechazo de la matriz conservadora -que se expresa en imaginar la prosperidad como una retropía, que ve en el retorno al pasado el camino hacia adelante-, va generando desencantos personales que se están convirtiendo en una barrera para el desarrollo; 3) se privilegia el enfrentamiento por sobre la convocatoria al trabajo efectivo y al esfuerzo conjunto: el apotegma que enseñara Ricardo Balbín “el que gana gobierna, el que pierde ayuda”, se fue convirtiendo en uno terrible, “el que gana no gobierna, porque el que pierde obstruye”. El peronismo tiene una enorme deuda a saldar en este sentido; 4) hay que conformar un polo de poder republicano lo suficientemente amplio, estable y visionario, que dispute con chances de éxito y con propuestas claras la conducción del Estado, pero que además esté dispuesto a garantizar el pluralismo, y a recuperar el sentido del lenguaje político, distorsionado por el despotismo demagógico en sus manifestaciones más autoritarias.
Larreta se acerca al peronismo lavagnista

Imaginan todos el 2023 como el dead line de cualquier movimiento político. Y las señales que lanzan algunos echan luz sobre esa fecha. Por ejemplo, la cita de esta semana, en las diáfanas oficinas del palacio de la calle Uspallata - sede de su gobierno - entre Larreta y la diputada nacional Graciela Camaño. La legisladora es una de las peronistas con la cabeza mejor amueblada del movimiento. Por eso vive peleada con el partido. Ha sido la mentora, casi la inventora, de Sergio Massa, y en las funciones que ocupa, se erige en poco tiempo en árbitro. Un ejemplo es su rol en el Consejo de la Magistratura. Allí aprovechó las debilidades ajenas para convertirse en la bisagra de grandes decisiones sobre la justicia, un territorio que el peronismo controla desde 1983: por eso se equivocan quienes repiten que Cristina “se apodera de la justicia”. La justicia, no hay que olvidar, la rige el peronismo desde aquella fecha de la transición, con la tribu que lo ha representado: el saadismo (de Vicente Leonides), el menemismo, el duhaldismo-kirchnerismo y el cristinismo.

Camaño es portadora sana de lavagnismo, aunque no frecuenta el trato de Roberto –como le llama– y teje en estos tiempos alguna trama con el salteño Juan Manuel Urtubey. Para desmarcar, Larreta se hizo acompañar en esa cita por Adrián Pérez, que retornó al lilismo después de su sueño massista. Ahora funge como asesor de Bruno Screnzi, ministro de gobierno de Larreta.
Bullrich y el voto seguridad

El producto del encuentro con Larreta es sutil: Camaño le avisó que su partido irá con listas propias a las elecciones de este año. Solo o con alianzas en los distritos donde pueda. A Larreta y a Juntos por el Cambio les conviene este dato, porque ahuyenta la fantasía de que podría aliarse con otras fracciones del peronismo.

También porque habilita el futuro de Camaño ante otros productos, que pueden generar ruido en la línea al jefe porteño en la construcción de su candidatura presidencial. Tiene aferrado al radicalismo de la CABA en una alianza que paga con cargos que reclama para sí el Pro, que se siente marginado. ¿Pero qué ocurre si en la interna del Pro avanza la chance de Patricia Bullrich diputada 2021 y jefa de gobierno 2023?

El voto de la ex ministro de Seguridad de Macri –que fue la que más prestigio tenía en las encuestas de su gabinete hasta 2019– convoca a sectores que piden orden, y en ese padrón Camaño ronca fuerte. Fue la autora de la iniciativa de recolección de firmas en 2013 contra el proyecto de código penal garantista de Cristina, que exaltó a Massa, que ha sido un sueño de ella, que perdió peso cuando despertó –arrinconó al gobierno de entonces y lo precipitó a la derrota. Bullrich hace campaña con su libro: habla de la seguridad y es motivo para exhibir amigos.

La semana anterior estuvo con Negri en Carlos Paz. Este jueves estuvo en Mendoza junto a autoridades del Pro y del gobierno local. Alfredo Cornejo, presidente de la UCR y candidato a senador nacional, y el vicepresidente de Diputados, Omar De Marchi prefirieron viajar a esa provincia a acompañarla a “Pato” antes que participar de la sesión de la Cámara.

En este capítulo de las visitas con fundamento hay que anotar la peregrinación barrial de Miguel Pichetto hasta las oficinas de Jorge Macri – alcalde de Vicente López, adonde vive el exsenador. El producto de ese gesto diplomático fue ponerle en claro al primo que él no tiene como proyecto ser candidato a gobernador de Buenos Aires. Nuestro caminos no se cruzan, avancemos, festejaron. De esas y otras cosas habló con Patricia y Hernán Lombardi. Patricia encomia la gestión de Posse en San Isidro, pero quiere mantenerse lejos de la pelea interna de la UCR. Lombardi es hoy almohada calificada de Mauricio Macri, con quien habla todos los días y le coordina la mesa estratégica del Pro, que se reúne los martes en las oficinas del expresidente (que vuelve este lunes de Carnaval del viaje a Qatar). También organiza banderazos como la batucada pro-educación presencial del martes, a la que hubiera querido ir Pichetto, pero se olvidaron de avisarle.
CLARIN

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Mariano Hormaechea

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