El Fino vs. Manotas, la pelea secreta de los jefes de la Bonaerense

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El jefe de Policía y su segundo tienen una interna feroz y no se hablan. ¿Por qué Kicillof y Berni lo permiten?


Héctor Gambini

Daniel García es El Fino. Jorge Figini es Manotas. García y Figini son los comisarios generales que conducen a la Policía Bonaerense. García es el jefe de la fuerza. Figini, su segundo. Aunque es un "secreto" de gestión para afuera, adentro todos lo saben: no hay entre ellos sintonía y fluidez, como podría esperarse, sino discordia y desconfianza.

El problema es que son el vértice de la pirámide de seguridad más grande de la Argentina, con 90.000 hombres que, debajo suyo, se encolumnan detrás de jefes que siguen a uno o al otro, en una grieta que desorienta a la tropa, más pendiente de los crujidos internos que del delito creciente en la calle.

“Es un problema… el jefe principal de este distrito es de García y el jefe de Patrullas, de Figini. Uno acaba de ascender y el otro no, y el recelo recíproco no es lo más estimulante para concentrarse en el trabajo”, cuenta un intendente del Sur del conurbano preocupado por la interna justo en medio de una ola de inseguridad. No es el único.

Además de los reclamos salariales y “de supervivencia” como chalecos antibalas en condiciones, municiones y más cursos de capacitación, lo que alimenta la disconformidad de los policías bonaerenses que están llamando a otro paro policial para este jueves es la disparidad entre los recientes ascensos, que se conocieron a fines de enero.

Allí, aseguran desde ambos bandos, la gente de Figini, el número dos, fue más beneficiada que la de García, el número uno.

Entre quienes figuran en las listas de ascendidos hay casos que agitan los rebeldes para fogonear el paro de este jueves, como el de un comisario mayor que había sido procesado por proteger prostíbulos.

García era el segundo jefe de la fuerza durante el mandato de María Eugenia Vidal y su ministro de Seguridad, Cristian Ritondo.

Cuando asumió Kicillof, renunció el jefe de Vidal, Fabián Perroni, y García quedó como el sucesor natural. Berni lo puso a prueba un par de meses y luego lo confirmó como número uno.

Pero durante aquella "transición" Figini se le plantó a García como firme competidor, con un fuerte aval del ex jefe Hugo Matzkin, de quien Figini fue secretario y hombre de confianza.

Matzkin fue el poderoso jefe de Policía de Daniel Scioli y su candidato para dirigir la SIDE, si el ahora embajador en Brasil le hubiese ganado a Macri en 2015.

El ministro de Seguridad que apadrinó a Matzkin -y que incluso lo llevó a trabajar a su municipio cuando ambos dejaron la gestión por el triunfo de Cambiemos- fue el histórico intendente de Ezeiza, Alejandro Granados.

Figini está formado en las áreas “de escritorio” de la Policía, más volcado a la investigación y a las tareas de instrucción de los agentes. Quienes lo conocen dicen que tiene un trato de caballero -es abogado-, y que es bueno en lo suyo.

García es un comisario hecho “en la calle”. Estuvo en comisarías de Morón, Merlo y San Martín, y desde allí fue cimentando un fuerte apoyo en el Oeste del conurbano, incluyendo a la gigantesca La Matanza.

Varios intendentes que le elogian el perfil profesional remarcan que a él tampoco le faltan contactos políticos de peso.

Su hermano es gerente y mano derecha de Alberto Pierri, el empresario dueño de Canal 26 que fue el poderoso presidente de la Cámara de Diputados en los años de Menem. La Matanza es, además, el terruño de la vicegobernadora Verónica Magario.

Con esos avales, la pulseada por el número uno la ganó García, apodado El Fino por su capacidad para andar por el barro sin embarrarse. Literal y metafórico.

Pero Figini mantiene alto su poder de fuego interno. Su apodo de Manotas -el nombre de un dibujo animado que es un pulpo- es despectivo: se lo pusieron los enemigos que lo ubican siempre cerca de las cajas policiales.

Quizá tenga que ver con la declaración jurada de su patrimonio, el más alto de todos los jefes de la Bonaerense.

En 2019, Figini declaró cinco propiedades (cuatro en La Plata y una en Bariloche) y dos autos por 6,4 millones de pesos. Su mujer, también profesional, supo integrar el gabinete psicológico de la escuela Juan Vucetich, en su momento a cargo de Figini.

García declaró menos de la mitad del patrimonio de su segundo: 2,9 millones de pesos, que suman una casa en Tres de Febrero y dos autos.

Si no es en actos públicos o delante de las autoridades del Ministerio o la Gobernación, García y Figini no se hablan.

El ministro Berni tolera la interna, aunque no está muy claro por qué. ¿Es una imposición de la política?

“Los dos saben que están a un tiro de lapicera mío”, dice Berni sobre las diferencias entre los jefes.

Pero la Bonaerense está partida, los policías preparan una nueva rebelión, los robos violentos vuelven a ser tragedia cotidiana y la lapicera de Berni no dispara.

El gobernador Kicillof deja hacer y fuentes de los municipios aseguran que el equilibrio político entre "el uno y el dos", con sus respaldos de distintas vertientes del peronismo histórico del conurbano, ha pesado más que la mala relación entre ellos.

Pero la situación pasa de castaño a oscuro.

Si Berni se queda en su puesto, es difícil que pueda seguir sin ordenar un frente interno que lo lleva a un probable segundo paro policial en menos de seis meses, un hecho inédito que lo arrastraría a él mismo a la cornisa.

Por eso aceleró los sumarios dormidos y anunció la separación de 400 policías por el paro anterior apenas 48 horas antes de la fecha del nuevo paro, anunciado para este jueves.

Si Berni se va -como él quiere y no puede hasta que Cristina Kirchner se lo permita-, su sucesor debería asumir con un matafuegos bajo el brazo.
A horas de un nuevo reclamo, Sergio Berni decidió separar a 400 policías por su participación en la protesta de 2020
CLARIN

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