Quisiera ser Cristina

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Señora vicepresidente, a usted le gustan las cartas públicas.

Osvaldo Pepe

Picantitas. De esas que en cada palabra demuelen desde el Presidente hasta el más humilde de los ciudadanos de la República. Permítame entonces la osadía de apropiarme por un instante de su hábito tan difundido en los últimos tiempos y que se volvió un acierto. Con las cadenas nacionales de otrora, saturaba. Con estas cartas cava una tumba política detrás de otra.

Le escribo para decirle que quisiera ser como usted. La he criticado muchas veces, pero tenemos puntos en común, si me permite el ingenuo imaginario de que la condición de ciudadanos nos iguala, según la Constitución que usted misma aprobara en 1994. Aunque esa noción de “igualdad ante la ley” es de muy vieja data, de la Argentina de cuño liberal.

Los dos somos de 1953. Usted dice que es peronista. Yo lo soy. Usted debería respetar las leyes. Yo las respeto. Usted debería pregonar la ejemplaridad. Yo quisiera que el Estado sea ejemplo y que no me robe más dinero que me pertenece para usarlo en “reparaciones” de quien no las necesita. Sinceramente, no diría que la admiro, pero sí que observo en usted habilidades para la fina entretela de la picardía política. Sabe mandar y manda. Es tenaz en la búsqueda de sus objetivos y tiene el don de la precisión quirúrgica para usar el bisturí a fondo cuando quiere que truene el escarmiento.

Usted acaba de lograr que un juez subrogante, el juez federal de la Seguridad Social Ezequiel Pérez Nami, la autorice a cobrar dos pensiones de “rango presidencial”, la suya como expresidenta, y la de su marido como expresidente, con intereses retroactivos y sin pagar Ganancias. Por supuesto, todo sin dejar de percibir el legítimo sueldo por su actual “laburo” como vicepresidenta. Usted ya aclaró que ser ministro o ejercer algún otro alto cargo del Estado no representa el honor y la responsabilidad de servir a la República, sino que se trata de otra cosa: un simple “laburo” que en la rueda de la Argentina enriquece a unos pocos y empobrece de a millones.

Las cifras no son exactas, pero las primeras estimaciones señalan que por el fallo que nos ocupa usted cobrará unos $ 2.000.000 por mes y otros $ 100.000.000 en concepto de retroactivos. En la Argentina el sueldo mínimo es hoy de $ 20.588. Y la jubilación mínima de $ 19.035. Así las cosas.

O Algo más. ¿Usted, o algún político de su vecindad o de otras comarcas, se rebajaron los sueldos o hicieron alguna contribución a “los que menos tienen”? Porque los trabajadores, activos o pasivos, sí lo hicieron. Y además, según informan en los estudios jurídicos por los que los jubilados se ven obligados a peregrinar en busca de que “la política y los políticos” no tomen sus haberes como un botín propio, les anticipan que, en caso de que los jueces acepten y validen su reclamo, tendrán “una espera de entre 8 y 10 años” para pasar por caja. Si llegan con vida.

Usted siempre se las ingenia para recrear fortunas. No sé cómo hace, pero en estos menesteres es una abogada exitosa, o una funcionaria que funciona, porque el juez Nami, quien fue designado bajo su gestión y con su anuencia en 2015, pagó con este fallo una deuda de gratitud. Es probable que a futuro sea de esos jueces que siempre recordaremos. Anotemos su nombre.

Ahora es el turno de las apelaciones. Todo organismo del Estado apela cualquier sentencia en su contra. Es un mecanismo automático. Las instancias apelatorias al fallo del juez Nami son dos: la propia ANSeS, a cargo de Fernanda Raverta, de la última horneada cristinista; y el procurador del Tesoro, Carlos Zannini, de añeja hermandad con la dinastía K. Es extraño su reclamo, señora vicepresidenta: fue contra el Estado y suena como un contrasentido. ¿Alguien imagina a Luis XIV litigando contra el Estado de su tiempo? Él ya había resuelto esa cuestión baladí con una frase de trascendencia histórica: “El Estado soy yo”. Ese modo de gestionar el poder hizo escuela en la Argentina K.

El fallo en su favor llegó justo cuando se sancionó la nueva ley de movilidad previsional, que no tomará en cuenta la inflación. Y otra coincidencia “del destino”: en las últimas horas de este 2020 la ANSeS debería estar pagando unas tres mil sentencias favorables a jubilados y pensionados, pero en su momento Santiago Cafiero, jefe de Gabinete, sostuvo que la ANSeS tenía 80.880 expedientes de reajuste de jubilaciones y pensiones con sentencia firme, pendientes de ser liquidados. Y el conjunto de juicios de jubilados y pensionados sin sentencia firme es de 250.502, según el especialista Ismael Bermúdez.

Claro que la ANSeS ya avisó que tiene presupuesto para pagar sólo 40 mil demandas por año. Reconozco su suerte, señora vicepresidenta. Se alinearon los planetas. Usted saltó por encima de cualquier lista de espera. Sus deseos son órdenes. Sólo una sugerencia: ¿no donaría al menos sus retroactivos para quienes la han pasado y la pasan mal en la Argentina y han perdido desde trabajo, bienes y vidas amadas por la desoladora pandemia? ¿No le parece una buena idea? Le digo más: anúncielo por carta pública. Impacto garantizado.
CLARIN

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