Alberto Fernández y cómo ser triunfalista sin triunfos

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En una de las tantas tiras geniales que nos legó Quino -otra gran pérdida de 2020-, Manolito le da tanta cuerda a un camioncito de Guille que se lo rompe.


Pablo Vaca
Entonces pretende consolarlo, haciendo girar como un trompo uno de los engranajes del juguete roto. En el último cuadrito, mientras Guille sigue llorando a moco tendido, Manolito le dice a Mafalda: “Si tu hermano no aprende a valorar las pequeñas ganancias de las grandes pérdidas, va a sufrir mucho en este mundo, eh”. Por momentos, el Presidente suena a Manolito. Y cree que todos somos Guille.

Sucedió otra vez este domingo. “Somos menos de 10 los países que comenzamos a vacunar antes de fin de año”, dijo Alberto Fernández por Radio 10. “Hicimos los números con Ginés y son menos de 10 en todo el mundo. Fue muy importante lo que hemos logrado y es muy dificultoso lo que viene por la gran demanda que hay de la vacuna”, remarcó. Como si 300.000 dosis de la vacuna menos usada en el mundo (cuando en verdad se necesitan decenas de millones) compensaran los 43.000 muertos, los 1,6 millones de infectados, la quiebra de la economía por la cuarentena y el año sin clases en las escuelas.

Resulta hasta tedioso hacer nuevamente el racconto de datos y cifras que desmienten el a esta altura insólito triunfalismo del Presidente sobre su gestión contra la pandemia. Como en tantas otras cuestiones, Argentina figura arriba sólo en los rankings donde se mide a los peores. Ciertamente, tras las polémicas y papelones que hubo en particular con el tema de la vacunación (mencionemos sólo el “detalle” de que la Sputnik V no estaba aprobada para mayores de 60, de lo cual nos enteramos directamente gracias a Vladimir Putin), costaba imaginar que Fernández saldría a hacer alarde de la pericia gubernamental al respecto. Pero lo hizo. Una vez más. Y con datos equivocados, una vez más.

Porque justo el domingo uno de los títulos que dominaban los portales de noticias era que los 27 países de la Unión Europea habían comenzado a vacunar. No sólo eso. Cuando supuestamente Fernández “hizo los números” con Ginés, ya estaban vacunando en Rusia, Estados Unidos, Gran Bretaña, México, Chile, Costa Rica, Canadá, Suiza, Serbia, Israel, Arabia Saudita, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait, entre otros. Son más de 10.

Podría tomarse el tema como una anécdota. Pero se trata de un estilo, que a un año de su asunción se advierte constitutivo y predominante en Fernández. El Presidente se entusiasma y allí va, incapaz de mesurarse. Como si anduviera viendo dónde hay algunas piedras para ir y tropezarse aunque no estén en su camino. Fernández habla una y otra vez como supuestas victorias de cuestiones que nadie ignora que son derrotas. No importa si el tema es la marcha de la economía o el grado de autonomía con que cuenta para decidir quién hace qué en su propio Gobierno.

Paga el costo: una encuesta reciente reveló que la mitad del país directamente “no le cree nada”. Entre ellos, hay muchos que votaron al Frente de Todos suponiendo que Fernández de verdad “volvía mejor” y que era cuestión de tiempo para que el “albertismo” peleara el mango de la sartén oficialista con el cristinismo. Ello finalmente no sucedió ni, según indicios como las alabanzas presidenciales a Máximo Kirchner, sucederá.

A Fernández le quedan tres largos y arduos años de gobierno por delante, más que suficiente como para corregir errores tan elementales como insistir en las afirmaciones temerarias y falsas. Es muchísimo tiempo. De hecho, el doble de lo que lleva Fernández pensándose como presidente: hace poco más de 18 meses, antes de que Cristina lo ungiera, él sólo aspiraba a ser embajador en España.
CLARIN

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Mariano Hormaechea

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