Lorenzetti bajó un cambio y la Corte decidió resistir

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El plan de aumentar los miembros del Máximo Tribunal puede haber resucitado, aunque en la Casa Rosada se nieguen esas intenciones.


Ricardo Kirschbaum
Ricardo Lorenzetti comprendió, al final, que su empeño por recuperar la Presidencia de la Corte que ejerció por once años era funcional a los planes del gobierno de tratar de controlar al tribunal por cualquier vía. Es cierto que esa toma de conciencia del jurista santafesino llegó luego de la carta de Cristina Kirchner que, al contrario de su intención, primero paralizó las constantes intrigas palaciegas y luego está actuando como un cicatrizante de heridas inesperado.

¿Quiere decir que Lorenzetti abandonará el objeto de su deseo más acuciante? La respuesta es no, pero no parece ser este el tiempo para esos ejercicios de poder. Los discursos de Cristina y de Alberto Fernández, en ese orden, sobre la Justicia y la Corte, machacaron sobre lo mismo. Al menos, la expresidenta es coherente con sus objetivos. Luego de un año del retorno al poder, los casos que la preocupan siguen vivos y abiertos. Lo que resulta sorprendente es que Fernández siga tratando de convencer -y de autoconvencerse- de que su mayor capital sea el de cumplir su palabra.

La influencia de Lorenzetti en la Corte se mantiene intacta pero ha cambiado las prioridades que tenía hasta ahora, se afirma en sus cercanías. Hasta septiembre, el titular del Supremo Tribunal seguirá siendo Carlos Rosenkrantz, quien también parece haber reflexionado sobre la importancia de la bajar tensiones en el alto Tribunal ante la extrema presión de la política y ha descartado abandonar antes de tiempo la presidencia, como en algunos momentos había pensado, para dedicarse exclusivamente a sus deberes como ministro de la Corte, según ha trascendido.

Con estas decisiones de los dos jueces que estaban notoriamente distanciados, está cada vez más claro el efecto que ha tenido la carta de Cristina como catalizador de la unidad interna. El párrafo que les dedicó a cada uno de los jueces también ha servido para demostrar que los humores volcánicos de la expresidenta conspiran contra el objetivo que se ha propuesto conseguir.

El otro efecto institucional es probable que se verifique cuando la ofensiva muchas veces anunciada se materialice. El plan de aumentar los miembros del Supremo Tribunal pueden haber resucitado, aunque en la Casa Rosada se nieguen esas intenciones. Uno de los cinco jueces dice conocer, de primera mano, que ese proyecto puede otra vez ponerse en movimiento. El problema para el oficialismo es que para aprobarlo necesitan, primero, conseguir mayoría en Diputados, donde depende de otros votos que son remisos o muy caros. Pero, además, estas cuestiones despiertan públicas o calladas oposiciones, aun de aquellos que pertenecen al Frente de Todos, pero que saben el peligro político que significa que la Corte quede bajo el control de la expresidenta.

Otro impacto de enojo de Cristina también fue una frustración. Uno de los jueces de la Corte recibió un pedido directo para morigerar la situación judicial de Milagro Sala. En esta gestión estuvieron involucrados altos miembros del Poder Ejecutivo, pero no la ministra de Justicia. Fracasó porque en el mismo momento se divulgaron las críticas de la expresidenta que dejaron sin palabras a los intermediarios.

Lo que se busca es que no haya una Corte autónoma al poder político, en la que por la división de poderes sea un obstáculo a remover. Cristina se preguntará por qué Maduro pudo instaurar un tribunal a su gusto, y aquí todavía no. Cabello, explicita allá lo que la vicepresidenta sugiere aquí. Diosdado agravia al presidente Fernández porque no apoya totalmente a ese régimen esperpéntico, y el Gobierno mira para otro lado. Como en el acto de “unidad” en el que Cristina le dijo a Fernández que tiene ministros que deben buscarse otro laburo.
CLARIN

 

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Mariano Hormaechea

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