San Martín y Maradona en el país de la doble vara

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La Justicia actúa bien o está sometida al poder según quién ocupe el poder.


Silvia Fesquet
“El mismo San Martín ha dispuesto que ningún oficial pueda entrar al laboratorio de mixtos con botas herradas y espuelas. Hay un centinela a la puerta del laboratorio para hacer cumplir la orden. Un día San Martín pretende entrar, contraviniendo lo dispuesto, y el centinela lo detiene. El general acata la orden del centinela. Insiste otro día y la escena se repite. San Martín va humildemente, se viste de brin, se quita las botas, se calza alpargatas y vuelve al laboratorio: el centinela entonces lo dejó pasar y San Martín lo premió con una onza de oro”.

Lo cuenta Ricardo Rojas en “El santo de la espada” y tocó estudiarlo en el colegio. El ejemplo parece haber servido de poco. La Argentina sigue siendo el país de la doble vara, de la ley y la trampa, del estándar para los ciudadanos de a pie y para los poderosos, los exceptuados, los privilegiados. Privilegiados que, a despecho de lo que pregonaba Perón, están muy lejos de ser los niños.

Y si no que lo diga Abigail Jiménez, con sus 12 años y su duro diagnóstico de cáncer, cuyo padre debió cargarla en brazos y entrar a pie a Santiago del Estero ante la negativa de ingreso de la provincia. O los hijos de Víctor Mallorquín, que viajó a Resistencia para el tratamiento de su tumor de riñón y después de semanas de trámites para regresar a Formosa, recibió el permiso casi cinco meses después de haber muerto solo, lejos de su familia. O los de Mario Javier Cortés, el hombre que se mató al quedar atascado su auto en un terraplén para evitar el cruce entre San Luis y Córdoba, mientras intentaba llevar comida a su mujer y sus hijos.

Y tantos más: dramas como éstos no supieron ni saben de edades ni de geografías. Mientras Formosa negaba el reingreso a 8.300 personas que, después de un fallo de la Corte ahora podrán hacerlo, pero previo pago de un hisopado que les exige la provincia y que no todos pueden costear, se supo que un sobrino del gobernador formoseño Gildo Insfrán organizó una “pool party”, con más invitados de lo permitido, sin barbijo ni distanciamiento. “Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago”: una que, lamentablemente, sabemos todos.

Ya se había visto al presidente Alberto Fernández fundirse en un abrazo con Insfrán en plena pandemia, compartir almuerzo familiar en Olivos con los Moyano sin respetar los protocolos, y hacer lo propio en multitudinaria comida con Evo Morales. Después de imponer acceso limitado en velatorios y entierros, y de machacar con la necesidad de observar cuidados como uso de barbijo, distanciamiento social y limitar las reuniones sociales, la despedida a Diego Maradona fue otra impresionante y masiva muestra del doble discurso imperante. No hacía falta mucho para imaginar lo que desataría una ceremonia así: ya el día anterior se hablaba oficialmente de un millón de personas desfilando por la Casa Rosada, y también de la limitación horaria impuesta por la familia.

Primero se intentó aprovechar políticamente la circunstancia, ofreciendo la sede del Gobierno para el velatorio. Cuando todo se desmadró, se echó mano al recurso de poner las culpas afuera, en este caso, la Ciudad. Otra forma de continuar la guerra contra el distrito. Después de las imágenes que recorrieron el mundo, podían leerse casi en clave de humor las palabras del Presidente el viernes, anunciando la extensión del distanciamiento hasta el 20 de diciembre: “Si seguimos cuidándonos y priorizando la distancia social, podremos más rápido que tarde terminar esta etapa de la pandemia”.

Una constante en la vida nacional: lo que se aplaude como oficialismo se condena como oposición. Las tomas de tierras, los escraches, las protestas son justos o injustos según quien los lleve adelante. La Justicia actúa bien o está sometida al poder de turno dependiendo de cuál sea el poder de turno. La ley se respeta o se viola de acuerdo con el lado del mostrador en que esté cada quien. Como en un largo sinfín, a su tiempo, cada uno borra con el codo lo que antes escribió con la mano.

Muchas de estas conductas equivalen a pegarse un tiro en el pie. En “Un país al margen de la ley”, Carlos Nino hablaba de la ”anomia boba”, una violación de normas jurídicas y morales que termina afectándonos a todos. Se vio en el adiós a Maradona. ¿Dejaremos de verlo y practicarlo alguna vez?
CLARIN

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