“Vamos lobito”, el apoyo que Martín Guzmán gana en el poder

IDENTIDAD CORRENTINA

El ministro de Economía se siente fortalecido y va logrando ser el eje político de las medidas.


Eduardo van der Kooy
El dólar, las jubilaciones y las exigencias del FMI.

Desde los lejanos primeros días de agosto, cuando se cerró la larga negociación con los bonistas y el Gobierno creía seguir recostado en el supuesto éxito de la política sanitaria contra el coronavirus, el ministro de Economía, Martín Guzmán, no disfruta de un presente como el de las últimas semanas. Existe una sola explicación: la cotización del dólar blue cayó $ 46 desde el pico de $ 195 en octubre. Estrechó mucho la brecha con la cotización oficial de la moneda estadounidense.

Nadie puede afirmar –ni los grandes entendidos- si ese control del dólar significa una salida duradera. O apenas un paño para sofocar la agitación del corto plazo. Con nuevos papeles de deuda. Pero esa situación provoca siempre en la Argentina, por su condición mágica, una sensación de tranquilidad. Como si el derrumbe económico y social no fuera lo dramático que sigue siendo.

Aquella sensación, por supuesto, circula en el poder. Tiene, como el Covid, gran capacidad de contagio. Como todos los lunes, Horacio Rodríguez Larreta, el jefe de la Ciudad, se juntó con su equipo más cercano. En el intercambio, uno de los asesores deslizó: “Parece que estamos mejor”, en relación al mercado cambiario. El alcalde porteño lo cortó con una interpelación: “¿No estás hablando en serio, no? La Ciudad lidia con la poda del presupuesto que dispuso Alberto Fernández. Y las presiones para que retire al amparo judicial sobre el que debe decidir la Corte Suprema.

Guzmán, dentro de su innata moderación, se siente fortalecido. Y va logrando algo que dispuso el Presidente en un momento feroz de la tormenta. Que el ministro sea el eje político de las medidas. Que gane el respeto de sus pares. Lo veían como un muchacho inexperto aunque con buena formación académica en Columbia. Pero limpio del imprescindible barro argentino. Alberto intentó, de ese modo, corregir un defecto de origen que copió a Mauricio Macri: la dispersión de la estructura económica gubernamental.

Aquellos camaleones variaron con el ministro su visión y su trato. “¡Vamos lobito!”, le han empezado a decir desde que la corrida del dólar comenzó a declinar. Una ocurrencia que reconoce origen futbolero. Guzmán es de Gimnasia y Esgrima La Plata, el club que ahora está en el candelero a raíz de los problemas de salud de su DT, Diego Maradona.

El ministro tiene todavía por delante todas las batallas. Incluida la del dólar. Pero el sosiego de la moneda estadounidense le permite enfocarse en dos asuntos clave. La negociación con el Fondo Monetario Internacional, que arrancó en las últimas horas. Las luchas que cada uno de sus gestos desata en el Frente de Todos. En especial, con los sectores que se autoproclaman “progresistas”.

Posee un primer paso casi dado. Parece haber convencido a los duros que la nueva fórmula de movilidad jubilatoria no tomará en cuenta la inflación. Se volvería al mecanismo que rigió durante buena parte de la administración de Cristina Fernández. Un mix entre la variación salarial y la recaudación. El Presupuesto estima en la inflación 30%. Los privados entre 40% y 50%. El macrismo modificó la ecuación (incorporó el alza del costo de vida) en diciembre del 2017 durante la escandalosa sesión con protestas callejeras regadas con 14 toneladas de piedras.

Alberto había prometido compensar de inmediato a los jubilados. Un 20%. Con la abolición de los intereses de las Leliqs. Llegaron la pandemia y la emergencia que dejaron a la clase pasiva sujeta a los aumentos por decreto que hundieron, en promedio, su poder adquisitivo.

Cambiemos anticipó que se opondrá a la propuesta. La posibilidad de un debate caliente provoca escozores en el kirchnerismo. La cuestión jubilatoria es siempre de una elevada sensibilidad social. Guzmán tiene previsto que la nueva fórmula empiece a regir el año que viene. Cuando, con un cuadro aún incierto sobre la pandemia (pese a la promesa de muchas vacunas), se jueguen las elecciones legislativas.

Más allá de la retórica, el Gobierno, al igual que lo hizo en su época el macrismo, persigue un ajuste previsional que constituye el agujero profundo y estructural del déficit fiscal. Ese es, sin dudas, uno de los aspectos vertebrales de cualquier negociación con el FMI.

El Gobierno envió al Congreso una Ley de Presupuesto que prevé un déficit de 4.5% del PBI. Guzmán pretende menos que eso para encarrilar la negociación con el organismo financiero. Quizás un punto menos. Un montón de plata. De allí dos temas que están en la agenda oficial. La posibilidad de acotar mucho las ayudas sociales (el Ingreso Familiar de Emergencia) por la pandemia que se financian con emisión. Por otro andarivel, el comienzo de la actualización de tarifas de los servicios públicos que vienen congeladas desde el último año de la era macrista.

Guzmán buscará renegociar la deuda de U$S 44 mil millones con el FMI a través de un Programa de Facilidades Extendidas. Se le otorga a países que enfrentan problemas de balanza de pagos con la chance de períodos más prolongados de repago. Según el ministro el repago de capital en cuotas “se haría entre el año 4 y el 10 del pacto que se firme”. Alberto podría transcurrir su mandato sin grandes erogaciones pero con la obligación de ordenar y estabilizar la economía.

Entre esas obligaciones figurarían las clásicas del FMI. El déficit fiscal, la inflación y ciertas reformas estructurales que nuestro país, con peronismo o sin él, nunca termina de realizar. Guzman cree que la propuesta previsional puede ser una señal. Queda el problema tributario y la reforma laboral. ¿El kirchnerismo se avendrá mansamente a tales exigencias?

El interrogante no sólo es un patrimonio doméstico. Repica también en el FMI. Conoce la variedad de pensamientos que cohabitan, con conflictos, en la coalición oficial. Por supuesto, tampoco ignora las tensiones entre el Presidente y Cristina. Guzmán supone que esos nubarrones podrían disiparse si el hipotético acuerdo con el FMI tiene la rúbrica del Congreso. No le aguarda una tarea sencilla. Mejor, que disfrute del presente. “¡Vamos lobito!"
clarin

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