Las empresas de transporte de cargas ya le pidieron al Gobierno que implemente el uso de biodiésel al 100 por ciento.

Héctor A. Huergo

Impresionante espaldarazo del sector del transporte a una cuestión esencial para la cadena agroindustrial: el martes pasado, en un acto en su sede de capacitación de Escobar, la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas (Fadeeac), le pidió al gobierno que se implemente el uso de biodiesel al 100%. Lo hizo frente al ministro de Transporte, Mario Meoni, y el titular de Medio Ambiente, Juan Cabandié, que concurrieron al acto central de celebración de la Semana de la Movilidad Sustentable.

El momento no podía ser más oportuno. Los biocombustibles vienen perdiendo viento vertiginosamente, luego del impulso inicial generado por la sanción de la ley 26093, que había impuesto el corte obligatorio de la nafta con etanol y el gasoil con biodiesel. Esto dio lugar a la construcción de más de 30 plantas pequeñas y medianas, que elaboran biodiesel a partir del aceite de soja, cinco grandes refinerías de maíz para producir etanol, junto a las inversiones en líneas de destilación en casi todos los ingenios azucareros del norte. Todo movido por dos drivers: mejorar la calidad ambiental del combustible, e ingresar en la modernidad con la sustitución de fuentes fósiles por renovables.

El resultado fue este proceso de inversiones en el interior, donde más falta hace, para agregar valor en origen y generar empleo competitivo. Pero también para sustituir importaciones. La Argentina es importadora neta de gasoil y nafta. Por otro lado, ambos biocombustibles presentan ventajas cualitativas apreciadas por cualquier experto. En el caso del biodiesel, la ausencia de azufre y la curva de Gauss del punto de ignición. En el caso del etanol, un mayor efecto oxigenante que el del MTBE, que se usa desde cuando se prohibió el tetraetilo de plomo, y que es otro derivado de fuente fósil (gas).

Pero las sucesivas conducciones del área de energía de la era Macri fueron imponiendo la impronta tradicional. Y en lo que va del gobierno de los Fernández hubo más de lo mismo. Se autorizaron dos aumentos de los combustibles en las últimas semanas, dejando sin cambios los del etanol y el biodiesel. La mayor parte de las plantas están directamente paradas, o se han reconvertido parcialmente: las de etanol para producir alcohol en gel, y alguna de biodiesel para refinar la glicerina (co-producto del biodiesel) para el mismo destino.

Y allí llegan los transportistas, con el aval de una poderosa empresa de alta tecnología en la industria de camiones, como Scania. Scania tiene un compromiso muy fuerte con el biodiesel. Hace años que viene impulsando el uso del B100 (biodiesel 100%). Lo hicieron explícito cuando acordaron con un par de líneas de colectivos de la CABA para hacer circular varias unidades con B100. Los resultados fueron óptimos, lo que no fue sorpresa alguna para los ingenieros de Scania. Una fábrica señera de cosechadoras como Vassalli ya incorporó estos motores en sus unidades de mayor potencia, promocionando precisamente que son compatibles con B100. Vassalli es santafesina, la provincia que por la visión de Verónica Geese (responsable del área de energía del gobierno anterior) implantó el B100 en todo el transporte público. Al revés de Córdoba, que flota en aceite pero implementa el gas, que llega por caños después de atravesar 2.000 km.

Más allá de los beneficios ambientales y sociales de los biocombustibles, hay una cuestión central. La Argentina es el mayor exportador mundial de aceites vegetales. En consecuencia, es formador de precios. Cualquier tonelada que se quite del mercado implica mejora de los precios. Lo mismo sucede con el maíz/etanol. Todos han visto, en el campo, el impacto de crear nuevos mercados regionales para este cereal.

Cuando empezamos a hablar de biocombustibles, hace treinta años, pensábamos en un horizonte de 50 años. Nos quedamos cortos: ya se habla de biocombustibles para transporte aéreo y marítimo, donde no hay lugar para la eléctrico. Y en transporte terrestre la transición hacia la movilidad eléctrica irá da la mano de la sustitución de los combustibles fósiles por los renovables. El tren está pasando. Nada llega para siempre, la cuestión es estar en el momento justo.
CLARIN


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