La única verdad es la realidad

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La única verdad es la realidad, aquella tangible, que está allí como un documento vívido.

La realidad de barrios empobrecidos y plagados de carencias estructurales.

La realidad de los goyanos que tarde habría de comprender que las palabras hechas promesas rápidamente se desgranarían en el cesto del olvido.

La realidad caótica de un estado municipal avasallado, como si hubiese pasado Atila y los suyos.

Desidia. Apatía por el prójimo. Espacios verdes transformados en basurales. Barriadas que debieron postergar sus sueños de mejorar sus ámbitos de vida con enripiado, cordón cuneta, cloaca, iluminación, asfaltado, repavimentación, adoquinado, parquización, juegos infantiles, arborización, salud. Ni hablar de fortalecer las habilidades particulares o fomentar espacios de formación, educación, capacitación para potenciar, desarrollar o iniciar un emprendimiento personal, familiar o comunitario. Cultura del trabajo que le dicen.

Apenas una porción de la realidad que ofrecía Goya a fines de 2017, cuando fue necesario el cambio de gestión municipal.

Los años que vinieron fueron de saneamiento, y a pocos meses de finalizar la gestión de Ignacio Osella la realidad se ofrece allí con toda su verdad.

Los vecinos testimonian que los sueños de sus barrios se han hecho realidad. Y como han comprobado que ahora sí la palabra tiene valor, porque los hechos robustecen la palabra empeñada, van por más. Y se asocian con los vecinos para trabajar junto a su municipio por más progreso.

Mita y Mita, por administración municipal o en equipo con el gobierno provincial, las obras han ido modificando la ciudad en varios aspectos, pensando y obrando en función del bienestar del goyano (si hasta se los premia por pagar sus tributos y estar al día) pero también de posicionar a la ciudad como alternativa turística, formando al capital humano y generando lo necesario para la explotación de los recursos naturales (infraestructura en reserva natural isla las damas), adoquinando y poniendo en condiciones la zona costera para un mayor disfrute del goyano y el turista, poniendo en valor nuestro patrimonio arquitectónico, y más…

Haciendo bien las cosas y no a medias o a las apuradas, para cumplir, y sabiendo que lo hecho será un rotundo fracaso. Ahí está la pavimentación en caliente que a poco de inaugurarse ya podía vislumbrar el frentista el fiasco. Donde antes hubo esta pesadumbre ahora está la satisfacción de un pavimento nuevo, mucho más durable, de hormigón.

¿Hay realidades por transformar? Claro que sí, y es verdad. Quedará al vecino decidir continúen las políticas de estado, y los muchos logros obtenidos -incluso para el empleado municipal- que no se mencionan en este artículo a fin de limitar la extensión narrativa pero que son de público conocimiento. Porque la única verdad es la realidad.

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