¿El que apuesta al Bitcoin gana? Historias de criptoperdedores

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El sueño de hacerse rico con criptodivisas puede volverse una pesadilla. Así se pueden esfumar algunas fortunas.

Sumemos a la lista de nuevas angustias y temores de la vida contemporánea, junto al filtrado de fotos y que te claven el visto, una que apunta directamente al bolsillo: que las criptomonedas que hemos ahorrado con decidida audacia financiera queden atrapadas en un disco rígido del que hemos olvidado la clave. Nuestros sueños de fortuna, perdidos y no por un corralito o por el golpe perfecto de una banda de boqueteros. Simplemente por un descuido personal. ¿Que no puede ser? Hay casos... Y muchos.

Para los que aún batallan por entender cuándo fue que el dinero hizo el salto del papel moneda a los bits se trata de una pesadilla distante. Posible, aunque remota. Pero para Stefan Thomas, un programador alemán radicado en los Estados Unidos, es la realidad que a diario lo separa de su fortuna de 200 millones de dólares.

El caso de Thomas no tardó en volverse viral debido a la escala del dinero en jaque y la espectacularidad del episodio. A este muchacho sólo le quedan dos intentos para recordar la contraseña que le permitiría desbloquear el disco con las claves de sus ahorros virtuales, la cual contiene 7 mil bitcoins. Thomas sabe que el tiempo es finito y las chances de recordar, también.

“Me acercaba a la computadora con una nueva estrategia a probar y no funcionaba, y me volvía a desesperar una vez más”, confesó en un reciente artículo de The New York Times.

Si bien el monto en juego lo separa de la mayoría de los mortales, es fácil de empatizar con el drama que acorrala a este ahorrista. ¿Cuántas veces nos prometimos recordar una dirección, contraseña o número para descubrir, más tarde o más temprano, que ya lo habíamos olvidado?

Intentar, fallar, culparse, repetir. Thomas no es el único. Un vistazo a la historia reciente del Bitcoin lo revela: la tecnología es implacable y la mente humana, falible.

En 2013, un empleado informático galés arrojó a la basura un disco duro con más de 100 millones de dólares en criptomonedas y, desde entonces, batalla por un permiso legal para revisar el basurero en el que cree que se encuentra su tesoro.

Otro ahorrista, en Estocolmo, fue sentenciado a seis años de prisión en 2018 tras enviar una carta bomba a la empresa de billeteras virtuales Cryptopay: no podía recordar su clave y exigía una nueva.
El criptoboom

“Años atrás, hablar de criptomonedas no era lo mismo que ahora”, explica Rodolfo Andragnes, presidente de la ONG Bitcoin Argentina. Fundada en 2013, la institución fue concebida con el propósito de defender el potencial de esta tecnología en un momento histórico en el que las dudas eran mayores que las certezas. “No se conocía demasiado y la imagen era negativa”, rememora.

Casi una década después, el panorama es diferente. Si bien entender los complejos entramados que hacen funcionar a las criptodivisas (entre ellas, el Bitcoin, la más antigua y reconocida) implica tiempo y dedicación, hoy cada vez más gente tiene una imagen mental más o menos certera de qué trata el asunto.

El empresario Brad Yasar sigue invirtiendo en el sistema aunque perdió por un olvido sus primeros ahorros.

El desafío, aseguran desde la ONG, sigue siendo el abandonar el preconcepto de que el dinero debe ser físico y responder a un modelo centralizado.

Basadas en una tecnología llamada blockchain, en la cual los datos se agrupan en bloques que forman cadenas complejas, las criptmonedas aspiran a ser seguras por diseño. Una vez grabada, la data de una transacción no puede ser alterada retroactivamente sin modificar los bloques subsecuentes.

El proceso mediante el cual se conciben estos entramados implica una red de millones de computadoras utilizadas por los mismos entusiastas de las divisas que, minuto a minuto, auditan y aseguran que la plataforma funcione correctamente.

Para modificar un saldo o una transacción se requeriría una capacidad de cómputo mayor que el de todos estos ordenadores juntos: “Es más de cien veces el poder de Google”, explica Andragnes.

La promesa de que la red no será sobrepasada, sumado a que no existe un ente superior que pueda modificar arbitrariamente el sistema, son las claves por las que se rige este modelo descentralizado. En total, existirán 21 millones de bitcoins, de los cuales 18 millones ya fueron emitidos: el resto se irá liberando paulatinamente, a un ritmo decreciente y predecible, hasta el año 2140.

Esta certeza, junto con el hecho de que el bien es cada vez más escaso por naturaleza, es lo que hace que hoy cada unidad valga miles de dólares, para alegría de algunos y dolor del pobre Stefan Thomas.
Seguridades y peligros

Ante la pregunta sobre los riesgos de robo que pueden amenazar a los ahorristas del sistema, desde Bitcoin Argentina no titubean al responder: “No hay nada para hackear; hay una base de datos que es pública y que no se puede modificar”.

El problema que aqueja a ciertos usuarios de criptomonedas parecería responder entonces al orden de lo humano. Preocuparse porque Bitcoin “cierre” o haya una suerte de corralito virtual no parece tener mucho sentido: el sistema no lo permite. Que tu celular sea vulnerado, que tu proveedor de servicios de compra-venta de criptomonedas te estafe o que te olvides las claves que protegen tu dinero, por otra parte, son todos escenarios relativamente posibles.

Uno de los pilares que facilita la entrada al mundo de las criptomonedas para los no iniciados es lo que se conoce como exchange, plataformas de intercambio que permiten al cliente ingresar su dinero tradicional al terreno crypto, además de habilitar el juego de la compra y venta de activos digitales.

La elección del prestador del servicio no es menor. Un buen exchange no sólo puede ofrecernos mejores precios y facilidades que otro sino también ser la diferencia entre una estafa y un negocio honesto.
¿Una fatalidad?

La historia de las criptodivisas lo ha visto todo. Canadá, diciembre de 2018: Gerry Cotten, cofundador del mercado de compraventa QuadrigaCX, fallece a los 30 años. Es el único dueño de las contraseñas del negocio. Como resultado, deja a más de 100 mil usuarios sin acceso a millones de dólares.

O bueno, eso es lo que se piensa. Entre pedidos de clientes de que se exhume el cuerpo a la duda sobre si Cotten realmente murió, el caso pertenece a toda una trama de intrigas merecedora de su propia novela.

“Es importante realizar una investigación previa”, afirma Maximiliano Hinz, director de operaciones en Latinoamérica de Binance, la plataforma de intercambio de criptomonedas que maneja más activos digitales a nivel mundial.

“A menudo van a aparecer empresas que ofrecen ganancias descomunales y sin riesgo alguno que resultan ser estafas”, explica. Lo que suena demasiado bueno para ser cierto, por regla, no lo es.

Cuando un usuario compra criptomonedas a través de un exchange, estas suelen quedar en custodia de la empresa, a menos que el cliente decida trasladarlas a una billetera virtual propia. Esto quiere decir que si el prestador es vulnerado, nuestro dinero corre riesgo.

En el año 2019, Binance sufrió ataques informáticos que pusieron en peligro las divisas. Los damnificados fueron restituidos a través de un fondo creado para indemnizaciones y, desde entonces, la empresa afirma haber trabajado para reducir “al mínimo” las posibilidades de otros hackeos.

La promesa de un modelo descentralizado no sólo exime a las criptodivisas de regulaciones que aplican a monedas emitidas por Estados sino que también delega nuevas responsabilidades al usuario.

Quienes optan por tener dinero guardado por fuera de exchanges utilizan billeteras virtuales o wallets destinadas a operar específicamente con activos digitales. Estas nos permiten almacenar y gestionar las claves de nuestras criptomonedas para así poder enviar o recibir pagos.

El debate ya existe en el mundo crypto hace tiempo: ¿con o sin? En los casos en que empleamos servicios con un usuario y contraseña, en el que un tercero protege nuestros activos, le delegamos cierto control sobre nuestras monedas. Son los llamados servicios con custodia. Pero para los más exigentes, la opción de volverte tu propio banco se presenta tentadora.

Muchas billeteras virtuales permiten que uno mismo maneje sus activos, asumiendo toda responsabilidad: son las llamadas non-custodial.

Una de las más recientes en llegar al mercado argentino es Status, la cual opera no solo como depósito para activos digitales sino que también integra un chat privado al estilo Telegram. Para registrarse, uno no precisa vincular ni teléfono ni mail, lo que cuaja con el principio de anonimato de las criptomonedas, pero puede presentar otros desafíos.

“No custodiamos tu llave ni la tenemos a nuestro poder”, explica Alan Becker Capuyá, marketing manager de la compañía. “Simplemente la tenés vos.” “La cuestión no es si un sistema es mejor que otro sino como se complementan o alternan”, zanja la cuestión Capuyá. Así como el asumir uno mismo todo control puede protegernos de fraudes (de nuevo, el caso de QuadrigaCX) y darnos una mayor sensación de seguridad, en caso de perder nuestra clave no hay alternativas más que el forzarnos a recordar. Hay quienes aún esperan por aquel milagroso momento de gritar “¡eureka!” Brad Yasar es un empresario turco radicado en los Estado Unidos y fundador de Beyond Enterprizes, firma que otorga asesoramiento y soporte a proyectos basados en los procesos blockchain. Se confiesa como un temprano entusiasta de las criptomonedas.

“Continúo invirtiendo en el ecosistema a diario”, revela. Otros en su caso no se mostrarían tan optimistas: hace tiempo perdió las claves de computadoras con cientos de bitcoins que obtuvo en los primeros años de la tecnología.

“En aquel entonces, las unidades tenían un valor mínimo”, explica. Hoy se estima que su fortuna perdida podría valer millones. “No protegí mis billeteras de la forma en que lo hago ahora y no sé qué disco duro contiene cada contraseña ni cómo acceder”, lamenta.

A pesar de los reveses, asegura que el tiempo todo lo va poniendo en su lugar: cada vez más los posibles inversores conocen las reglas del juego.

“Los nuevos en el mundo crypto deben aprovechar las opciones a su disposición y considerar prácticas como el hacer copias de las billeteras, además de no guardar los datos sólo en nuestra casa”, recomienda Yasar.

Hoy, tras cientos de horas pasadas intentando recordar lo imposible, finalmente optó por guardar los malditos discos duros lejos de su vista. Ahora, el desafío mental es otro: fingir que el dinero jamás existió y aprender de los errores.
CLARIN

 

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