A horas de la vuelta a clases: mochilas listas con alcohol en gel, útiles nuevos y las ganas de ver a los amigos

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Clarín habló con cuatro familias que viven la previa del regreso con ansiedad, luego de un año sin posibilidad de ir a la escuela.

"Mirá, ya estoy lista para empezar primer grado", le dice a su mamá mientras se posiciona frente al espejo para lucir su chomba y pollera. Con la ilusión de una niña de 6 años, Libertad Norry ya se probó el uniforme más de 10 veces. Ordenó cuidadosamente sus coloridos cuadernos y le exhibe los útiles a su abuela cada vez que la visita. Luego los guarda en la mochila que tiene preparada desde hace dos semanas.

Se siente más grande. Sabe que en la escuela hay que prestar mucha atención y quedarse quieto en un lugar, ya no será todo juego ni movimientos. Sus hermanos, los mellizos Helena y Felipe, que pasaron a cuarto grado, le explicaron que va a iniciar una nueva etapa donde aprenderá a escribir.

“Cuánto falta para empezar”, le pregunta a sus papás mientras tacha los días del calendario e imagina el reencuentro con sus amigas. Atrás quedaron los enojos y llantos disparados por el delay del zoom que la angustiaban porque le impedían ser escuchada a tiempo por sus compañeros. Está ansiosa por descubrir un universo desconocido, primer grado en el Colegio Buenos Aires en Villa Crespo.

“Le expliqué que va a estar sentada sola en un pupitre, que debe llevar tapabocas, alcohol en gel, rollo de cocina y una botellita de agua individual. También, que no se puede compartir. Espero que la maestra se lo pueda explicar con una visión pedagógica. Lo que más incertidumbre me da es cómo mantendrán la distancia en el recreo por la cardiopatía congénita compleja que tiene Delfina”, le cuenta a Clarín Delfina Arimayn (37) en medio de sus contradicciones internas, pero con la convicción de que la prioridad es la continuidad presencial en la enseñanza.

Sin acto escolar, la familia tendrá un desayuno especial y simbólico para celebrar el nuevo comienzo de Libertad. La acompañarán en auto para despedirla 8.10 am en la puerta del nuevo camino que recorrerá a partir de este miércoles 17.
Jueves 18: expectativa del reencuentro

-Este jueves 18 empiezan las clases, pero presten atención a lo que les voy a contar y recuerden que estamos en pandemia

Silvia Beatriz García (34) se sentó a conversar con sus hijos, días previos al regreso al aula, para explicarles las medidas de prevención e higiene que tienen que conservar en todo momento.

Con grandes expectativas, Guillermina (5) y Marcos (7) Elinger empezarán sala de 5 y tercer grado, respectivamente, en el Colegio Cristiano Evangélico Che-il, ubicado en el barrio Bajo la Viña, San Salvador de Jujuy. Emocionados por el reencuentro con sus compañeros, se interiorizan a su ritmo en las nuevas formas de vincularse que impuso la emergencia sanitaria. Agotados de la virtualidad, donde sus padres fueron un poco tutores, maestros y compañeros de juegos, ansían por el retorno a las clases presenciales desde el año pasado.

-¿Ya tengo que ir al colegio?, pregunta Marcos al despertar

-Faltan dos días todavía, le dicen sus padres

Los hermanos extrañan las charlas entre pares, los códigos y el lenguaje. La mayor expectativa es compartir espacios de reencuentros. Añoran estrenar útiles, que ya compraron. Guillermina, una mochila rosada y cartuchera de unicornio; Marcos un set de 12 lápices de colores. También, ansían las clases de natación. Los trajes de baño están listos en el placard, para usar cuando llegue el momento.

Mama, no me saco el barbijo porque me puedo contagiar de coronavirus, enfatiza Marcos. Pero se olvida cuando se reúne con sus amigos. “Queda en la palabra”, señala Silvia para expresar su preocupación por cómo será el control dentro del ámbito escolar.

Sin dudas, el primer día será distinto. Nada de acto de bienvenida ni izamiento de bandera. La familia se prepara para asistir con puntualidad al colegio. Una brecha de 15 minutos, para evitar aglomeración de padres, separa el horario de ingreso de uno y otro. Otra medida impuesta por los tiempos del Covid.
Zoom por una semana, después presencialidad

Camila Fabián (6) se despierta preguntando por la fecha en que comenzará a transitar su primer grado, como le gusta llamarlo. El tono de voz refleja emoción por todos los cambios que la esperan en el Instituto San Juan Bautista de Valentín Alsina, Avellaneda.

Mantiene la esperanza por conocer a sus nuevos amigos y a las señoritas que la acompañarán en su formación. Pero su máximo anhelo es saber que dará los primeros pasos en el mismo lugar donde su mamá María Julia Arnejo (45) y su hermano Nicolás (13) cursaron desde Jardín hasta la secundaria.

Con la inocencia y dulzura propia de la edad, les comenta a sus familiares que quiere disfrutar de jugar con sus amigos en el recreo y comprar varias golosinas en el kiosco del colegio. “Nos cuenta que va a llevar mucho alcohol para compartir con todos los chicos y que extraña los rincones de juego donde solía entretenerse”, indica su mamá.

-Quiero que el coronavirus se vaya, así puedo ir tranquila a estudiar. Pero quédense tranquilos porque les voy a pedir a mis compañeros que no se saquen el barbijo y que mantengan la distancia, les dice a sus padres, quienes le explicaron que quizá el inicio sea virtual, desde casa, hasta la semana próxima (la presencialidad podría ser a partir del 22/2 o el 1/3).

“Está muy atenta a los casos y se angustia al ver que la gente no se cuida. Cuando escucha que hay reuniones multitudinarias o fiestas, nos pregunta si los papás de esas personas les hablaron del "bichito" que está dando vueltas”, le cuenta a Clarín María Julia.
Volver después del 1° grado en casa

Aukán (7) entiende que el regreso a clases será distinto a lo que estaba acostumbrado y que deberá respetar la normativa de un protocolo. Sus expectativas por iniciar segundo grado en el Colegio Martín Miguel de Güemes en San Lorenzo, Santa Fe, no son grandes porque en primero solo conoció la virtualidad. No experimentó clases con sus compañeros ni tuvo oportunidad de jugar en los recreos.

“La experiencia para quienes empezaron la primaria en 2020 no fue fácil. Auki aprendió a leer y escribir en casa. Tuvo suerte con la señorita que le tocó porque compartió su tiempo y le brindó la imagen y contención de un maestro”, agradece Anabel Franchini (43), su mamá.

¿Cómo captar la atención de los menores? Anabel subraya que en el colegio de su hijo hicieron un bingo con el que aprendieron a reconocer y nombrar números. En la escuela de otros padres, enseñaron las letras y a formar palabras con un abecedario interactivo que cada uno debió armar en algún rincón de su casa. Juegos de mesa con numeración del 1 al 30 para entender las operaciones matemáticas de suma y resta, otra de las propuestas.

Auki afrontará ahora un doble desafío: volver al aula y empezar a transitar de forma presencial la primaria, pero a partir de segundo grado. El espacio escolar volverá a constituirse como un sitio donde pueda celebrar la curiosidad por aprender, el conocimiento y la pedagogía de la solidaridad.

PS
CLARIN

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