Escucha en vivo

Esto se llama: "naturalización del mal". La Palabra, que el Tiempo fuerte del Adviento proclama y celebra, es la revelación de la Verdad, que niegan las tendencias llamadas "progres", y que intentan imponerse echando a suerte la túnica inconsútil de Cristo crucificado. ¡Cruel y criminal despojo de los valores fundantes de nuestro pueblo!

Por el arzobispo emérito de Corrientes, Domingo Salvador Castagna

1.Tiempo fuerte para la esperanza. Este año litúrgico se inicia con una advertencia estremecedora del Maestro divino. Su verificación está al alcance de todos. La versión evangélica de San Lucas manifiesta un presagio alarmante. Lo anunciado entonces ya está aconteciendo ahora. Será preciso estar alerta y aprender a leer los signos de los tiempos. El mundo parece atribuir a inspiraciones poco racionales las expresiones bíblicas, como si fueran cuentos de hadas. Cuando la realidad de lo anunciado se le venga encima tendrá que cambiar de opinión y de actitud. Los signos climáticos, sin dudas muy atemorizantes, no son mayores que los desórdenes morales que ponen hoy en riesgo la convivencia familiar y social. El Adviento, que se inicia, es un tiempo fuerte para la esperanza. Nos preparamos para celebrar la Navidad. Es la llegada de la Salvación, a un mundo con débiles logros en el proceso de auténtica humanización. Mundo expectante, desde un pueblo pobre y oprimido por los poderosos de su tiempo, que se mueve al son de los anuncios de sus grandes Profetas, elegidos y enviados por Dios. Ese profetismo logra su cima en la misma Palabra encarnada: Jesucristo, que nace en Belén y muere en la Cruz.


2. Urgente: anunciar a Cristo. No atinamos a explicarnos el motivo que mueve privilegiar algunas noticias, de coyuntura secundaria, por sobre la Nueva y gran Noticia de la presencia redentora de Cristo. El mundo necesita ser notificado de esta última. La exposición del Evangelio, mediante la predicación, se impone como la mayor y única necesidad actual y de todos los tiempos. Es muy irresponsable descuidar este anuncio, a causa de las trágicas consecuencias que comporta. Cuando cedemos al tedioso y frío ritualismo, que el mundo intenta imponernos, ponemos en peligro la recta orientación de la vida personal y social de los hombres y mujeres de nuestras comunidades. De allí la importancia de la predicación en las enseñanzas del Apóstol Pablo y en la práctica pastoral contemporánea. Cuando se la descuida se produce un debilitamiento en la fe del pueblo cristiano. Cristo es el autor de la fe y de Él fluye la gracia que la nutre. La Palabra anunciada y celebrada es Cristo. La predicación, en la clara expresión del Apóstol, es imprescindible para que los creyentes accedan al Misterio causante de su fe, y lo consideren su principal alimento: "Dios quiso salvar a los que creen por la locura de la predicación". (1 a los Corintios 1, 21) La simplicidad y la pobreza humanas son las predilectas del Señor para revelar su Misterio de amor y salvar a quienes, por ese medio, se introducen en él.

3. Penitentes y orantes. Al iniciar el tiempo de Adviento, la Iglesia selecciona los textos bíblicos que nos guiarán hacia la celebración de la Navidad. Al mismo tiempo, ofrece espacios adecuados para su escucha y consecuente asimilación. La penitencia, que es conversión sostenida durante todo el tiempo de la vida, constituye el estado distintivo del auténtico creyente.
Los tiempos fuertes, como Adviento y Cuaresma, son particularmente propicios para encausar a los cristianos, en su carácter de peregrinos y penitentes, y para el logro de la misión evangelizadora que deben desempeñar. Por ello, es conveniente concentrar la atención en la penitencia, y aprovechar los pasos pedagógicos sugeridos por la Iglesia, y su liturgia, durante estas cuatro semanas.
En este primer domingo, el mismo Jesús, en la versión selecta del Evangelio de San Lucas, lo propone con asombrosa precisión: "Tengan cuidado en no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida… Estén prevenidos y oren incesantemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir". (Lucas 21, 34-36)
Se incluyen dos actitudes de enorme dinamismo: 1) No dejarse aturdir por los excesos; 2) Estar prevenidos y orar sin cesar. A ello nos conduce explícitamente el Adviento que iniciamos.

4. ¡Tengan cuidado! Es saludable detener la veloz corrida hacia "no se sabe dónde". La gente corre y se desespera por no restarle un minuto a esa loca carrera. Faltan motivaciones razonables, más aún, las más razonables y trascendentes. Finalmente, se produce un gran hartazgo, opuesto a la verdadera felicidad.
Sin duda, la exhortación de Jesús trae una carga de urgencia y clara denuncia: "Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos…". El Señor los enumera haciendo una asombrosa radiografía del estado actual de su sociedad y la nuestra.
Los excesos empujan a nuestros conciudadanos al borde del abismo.
Ya no parecen alarmar, a una mayoría indiferente de la población, la difusión de la droga, del alcohol, de la demolición de la familia y del explícito desprecio al derecho a la vida, cuando se produce ésta o declina naturalmente. Esto se llama: "naturalización del mal".
La Palabra, que el Tiempo fuerte del Adviento proclama y celebra, es la revelación de la Verdad, que niegan las tendencias llamadas "progres", y que intentan imponerse echando a suerte la túnica inconsútil de Cristo crucificado. ¡Cruel y criminal despojo de los valores fundantes de nuestro pueblo!
EL LIBERTADOR

Sábado, Diciembre 15, 2018
Profesores Osuna y Vivaldo ENET Nº 1

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