Una guía para evitar seguir metiéndonos en problemas.
Por Alejandro Borensztein

 

Hace pocos meses se desmoronó una idea que muchos dimos por válida durante buena parte de nuestras vidas: “Los que están ahí saben más que uno”. Entendiendo por “ahí” cualquier espacio de alta responsabilidad. Desde la Casa Rosada hasta el arco de Boca, pasando por un ministerio cualquiera, la dirección de Aerolíneas o una gerencia de lo que sea. Da lo mismo.

La frase “los que están ahí saben más que uno” suele venir acompañada por el clásico remate “por algo están ahí”.

Veamos un ejemplo futbolero que suele ser más didáctico. Siempre estuve convencido de que los directores técnicos saben mucho más que cualquiera de los vagos que estamos sentados en un estadio o mirando los partidos por televisión. Un DT generalmente es un ex futbolista que jugó muchos años profesionalmente, fue dirigido por decenas de otros técnicos, aprendió todo tipo de tácticas, conoce a sus jugadores, sabe cómo se sienten, cómo se llevan, quién saca pecho, quien arruga y, por ende, toma decisiones considerando infinidad de variables que la mayoría de los que miramos desde afuera desconocemos.

Sin embargo, la gente suele putearlos gratuitamente por el simple hecho de que el tipo sacó al 9 y puso un defensor o porque armó una línea de tres en el fondo o porque no pone un volante de marca o por lo que fuere. Cada vez que yo escucho a uno que grita: “¿No ves que el técnico es un burro? ¿Cómo va a sacar al 7?” siempre pienso lo mismo: “¿Por qué no vas a dirigir vos, gil?”. Hasta que un día todo cambió para mí. Aquella máxima de que “los que están ahí saben más que uno” quedó defenestrada para siempre la noche de la final en el Bernabéu (prometo que es la última vez que hablamos del tema).

Todos los bosteros vimos por televisión que el capitán de Boca se lesionó a los 5 minutos del primer tiempo y lo dejaron rengueando en la cancha una hora. Todos sabíamos que, habiendo sido Boca superior en el primer tiempo, había que tener otro plan para el segundo porque River iba a cambiar de estrategia dado que estaba perdiendo y jugando mal. Todos sabíamos que Wanchope no podía entrar porque se había pasado la semana entre algodones. Todos sabíamos que Gago tampoco estaba en condiciones. Todos vimos que el banco de suplentes estaba mal armado y que Tevez debió entrar antes. Y evidentemente todos nos avivamos de todo esto mucho antes que el propio DT de Boca. Ni hablar de las cosas que, en esos días, hizo el genial presidente del club. ¿Conclusión? Perdimos la final. Chau. Nada importante, es sólo fútbol. Cambiás de canal, te abrís una cervecita, te suicidás y listo.

El problema aparece cuando uno descubre que el mismo razonamiento también vale para los gobernantes. O sea cuando en política derribás el mito de que “los que están ahí saben más que uno”. Eso te mata.

Es muy desmoralizante descubrir que cuando uno intuía que “ahí” estaban haciendo las cosas mal, efectivamente las estaban haciendo mal. Da pánico sospechar que nosotros, los que estamos acá afuera, sabemos más que ellos, los que están allá adentro.

Con el kirchnerismo eso no lo sufrimos, por dos razones. La primera es porque de entrada nomás, millones de argentinos nos dimos cuenta de que Cristina y sus Vallenatos no tenían la menor idea de nada. Por lo tanto a nadie se le cruzó por la cabeza la idea de que “los que están ahí saben más que uno”. Además, como se la pasaba hablando por cadena nacional, lo podías verificar diariamente. La segunda razón es porque en aquellos años se sufría por cosas mucho más graves.

El problema lo tenemos ahora con el mejor equipo en 50 años. El 2,9% de inflación mensual en el arranque del cuarto año de mandato desterró para siempre la frase “los que están ahí saben más que uno”. Usted y yo sabemos que el dólar planchado en 38/39 con 3% de inflación al mes está cocinando el viejo y remanido atraso cambiario. Aunque la devaluación les dio margen, se lo van comiendo.

Sabemos que si aumenta el dólar hay más inflación, pero también aprendimos que un dólar estancado a la larga siempre termina mal. Estos intríngulis económicos se resuelven cuando “los que están ahí saben más que uno”. Pero como, una vez más, este no sería el caso, sólo cabe cebarnos unos mates y tirarnos frente al televisor a la espera de descubrir el único enigma que nos queda: ¿se les va todo al carajo antes o después de las elecciones?

Recemos para que se aviven, consulten, lean, se asesoren con los que saben y eviten el zafarrancho. Alguno que sepa debe haber.

Todo esto nos enfrenta al verdadero problema de fondo: aún sabiendo que “los que están ahí saben más mucho menos que nosotros”, lo único presentable que por ahora tenemos para gobernar una Argentina democrática y republicana sigue siendo la banda de inútiles que hoy engalana la Casa Rosada. Las principales figuras opositoras que se postulan para reemplazarlos son distintas versiones de la misma murga que en el pasado provocó este desastre humanitario en el que estamos.

¿Qué podemos inventar para ayudar a nuestros gobernantes y volver a sentir que “los que están ahí saben más que uno”? Lo único que se me ocurre es pedirles a los mismos israelíes que inventaron el WAZE que fabriquen un WAZE para gobernantes. Veamos.

El WAZE es una aplicación para dispositivos que les indica a los conductores el mejor camino a tomar teniendo en cuenta que el sistema detecta dónde hay un embotellamiento o un accidente, dónde Larreta cortó la calle para hacer no sé qué cosa o dónde está Grabois rompiendo las pelotas con un piquete.

Necesitamos un WAZE para que el gobernante que “está ahí pero sabe mucho menos que uno” cuando llegue a su escritorio tenga una guía confiable para conducir el país.

Cuando uno le indica al WAZE el destino, el aparato dice: “Estamos listos, comencemos, conduce con precaución”. El WAZE para gobernantes podría funcionar con la misma lógica. “Buen día Señor Presidente, estamos listos, gobierna con precaución. ¿Vamos a contarle hoy al pueblo la herencia que recibimos?”. O tal vez: “Buen día señor Jefe de Gabinete, ¿vamos ya a buscar el consenso político del día para lograr el cambio que prometieron?”. No convendría que el WAZE le dijera “¿o pensás seguir boludeando cuatro años más?” porque van a terminar tirándolo por la ventana y no vamos a conseguir nada.

Ni hablar que este WAZE para gobernantes debería estar sincronizado con la campaña electoral. De modo que el día en que están por aumentar un impuesto, el aparato debería decirle: “Estamos listos, gobierna con precaución. ¿Cómo? ¿Vas a aumentar impuestos? Habías prometido bajarlos ¿En qué te has convertido, Mauricio?” Obviamente, como es un WAZE estaría actualizándose minuto a minuto. De haber tenido uno, Macri habría entendido rápidamente que aquel mundo amigable para el que se preparó con Obama, luego Hillary y una Europa abierta, de golpe viró hacia un mundo cerrado con Trump, el Brexit, la persiana comercial baja y las tasas altas. De haber existido el WAZE para gobernantes podría haber volanteado a tiempo en lugar de pegarse el palo que se pegaron. En fin, uno intenta ayudar.

El viernes Felipe Solá dijo “nunca vi un gobierno tan desconectado de la realidad como este”. Caramba, qué mala memoria. No sé él, pero yo tuve una vez una Presidenta que en la ONU les dijo a Obama, Merkel, Cameron y Holland, reunidos en la misma mesa, que “el ISIS era un montaje hollywoodense”. Y hay videos. Por eso, el WAZE para gobernantes podría ser de ayuda para evitar que vuelvan gobiernos desconectados de la realidad, de la época en la que estamos y del mundo en el que vivimos.

¡¡Y vos, Gato!! Fijate si los venden en la India y traete varios.

 

FUENTE: CLARIN


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