Alberto, Cristina y la vacuna de pocos

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El escándalo del Vacunatorio VIP golpea en la estrategia electoral del Gobierno, pensada en torno a la vacunación.

 

Fernando Gonzalez

La enorme pantalla led del estudio mostraba la portada color salmón del Financial Times, el diario económico más prestigioso del planeta. “Argentina’s health minister fired in `VIP vaccines´ scandal” (el ministro de Salud de la Argentina echado por el escándalo de las vacunas VIP).   

Era el sábado por la mañana y hacía quince horas que Ginés González García había dejado de ser ministro, cuando se supo que en un piso de su ministerio hacían fila los privilegiados para aplicarse la vacuna hasta ahora inaccesible para la inmensa mayoría de los argentinos. Lo extraño es que la gigantografía del diario británico estuviera siendo exhibida en la pantalla de C5N, el canal de noticias de Cristóbal López que sigue el pie de la letra los mandamientos de Cristina Kirchner. “Ginés es el culpable”, parecía ser la consigna, después de que el escándalo estallara por boca de Horacio Verbitsky, un periodista alineado también con el kirchnerismo que decidió contar cómo el ministro lo había invitado a vacunarse en un relato que ya recorre el mundo bajo el hashtag #VacunatorioVIP

 La inquietud en la Casa Rosada y en algunos despachos del Congreso había comenzado a crecer el jueves tarde por la noche, cuando dos periodistas de Clarín (Ignacio Ortelli y Federico Mayol) intentaron chequear los primeros datos sobre la existencia de un Vacunatorio VIP. Antes del mediodía del viernes, Verbitsky confirmaba la versión, relatando entre risas que uno de los vacunados VIP era justamente él. Intentó involucrar a un directivo de este diario entre los vacunados, dato que fue rápidamente desmentido. Un par de horas después, la crisis se volvía incontenible y Alberto Fernández le pedía la renuncia a Ginés a través de Santiago Cafiero. El enojo del Presidente con el ministro en desgracia pasó a ser el caballito de batalla para aminorar como fuera el impacto de la bomba.

Las esquirlas hicieron correr sangre en la coalición de gobierno. Cayó Jorge Taiana, el senador que fue canciller de Cristina y uno de los candidatos con los que el kirchnerismo atormentaba a Felipe Solá. Cayó Eduardo Valdés, el diputado amigo de Alberto, mandadero del Papa Francisco y quien intentó congraciarse con Cristina alimentando las causas judiciales contra el fiscal Carlos Stornelli. A cargo de las relaciones exteriores en el Congreso, los dos legisladores fueron bajados de inmediato del avión en el que Presidente viajaba a México. No quería que el escándalo de las vacunas VIP fuera parte de la tripulación. Bastaba con la prensa internacional, que lo tenía entre sus recomendaciones del menú.

La subestimación de la pandemia, con la que Ginés encaró desde el principio el desafío que conmovió al mundo, terminó siendo su talón de Aquiles. En enero de 2020, cuando el coronavirus era un exotismo chino, el ahora ex ministro decía que jamás llegaría a la Argentina. Después siguió en la misma con una serie de proyecciones que siempre resultarían erradas. Aquel funcionario experimentado de las gestiones de Eduardo Duhalde y de Néstor Kirchner, que se enfrentó a la Iglesia con la distribución de preservativos y que pulseó con los grandes laboratorios cuando impulsó la ley de genéricos, parecía falto de timing para enfrentar los dilemas de este tiempo.

“Aquel Ginés era el Maradona del Mundial ’86, que hacía goles y se lucía todo el tiempo. A nosotros nos tocó el Maradona de Gimnasia, que ya estaba fuera de ritmo y en decadencia”, cuenta un ministro resignado, de los muchos que creen que el golpe que le asestó Verbitsky a González García es parte de una movida subterránea para hacerle pagar la factura total del escándalo. El que involucra en la vacunación privilegiada a cientos de dirigentes y militantes del Frente de Todos. Y posiblemente también a opositores.

Las cosas se le complicaron a Ginés cuando quedó en la mira de Cristina Kirchner. En la batalla geopolítica de las vacunas, el ministro siempre jugó a favor de priorizar las del laboratorio AstraZéneca, en tandem con la Universidad de Oxford y el empresario argentino Hugo Sigman. Esa elección lo enfrentó con la Vicepresidenta, desde el principio alineada con la Sputnik V, que su amigo Vladimir Putin apuraba en el laboratorio estatal Gamaleya. El primer viaje secreto de una delegación oficial a Moscú fue el que inclinó la balanza: la estrella de ese periplo fue Carla Vizzotti, quien terminó jurando como reemplazante de Ginés en el ministerio de Salud.

Tampoco hay que perder de vista la reforma sanitaria, que Cristina anunció sin dar detalles a fin de año en un acto público junto a Alberto Fernández en La Plata. Ese proyecto, que trabaja con el viceministro bonaerense Nicolás Kreplak, tiene como objetivo astillar el histórico poder de los sindicalistas en las obras sociales. Ginés era un hombre de confianza de los gremios en el Gobierno. Y defendieron su continuidad ante cada embate. Saben que ahora se les viene la tormenta y que, indefectiblemente, va a empaparlos.

El escándalo del Vacunatorio VIP es sólo la erupción de un volcán que venía dando muchas señales. Sobre todo en la provincia de Buenos Aires. Las vacunas del privilegio asomaban en Chivilcoy, en Henderson, en Navarro, y las redes sociales se poblaban de militantes de La Cámpora que postean sus fotos sonriendo mientras más de dos millones de bonaerenses se anotan en las páginas web y esperan por una dosis que no saben cuando llegará. Lo mismo sucede en otras provincias y sólo es cuestión de tiempo que aparezcan los nombres y las listas discretas.

El mismo escenario empieza a dibujarse en el Congreso. El primer caso fue el del diputado nacional por Santa Cruz, el kirchnerista Juan Benedicto Vázquez, que se vacunó en la localidad de Gobernador Gregores. También se vacunaron sin respetar orden de protocolo el diputado provincial santacruceño, José Bodlovic, su hijo Federico, intendente de Comandante Luis Piedrabuena, y su esposa, la jueza de Paz Bernardita Manucci. Hasta ahora, el único sancionado fue el director del hospital donde se vacunaron, desplazado de su cargo porque unos audios privados suyos confirmaron la irregularidad. En la Argentina, el hilo se corta siempre por lo más delgado.

La gran paradoja es que el Gobierno comenzaba a preparar su estrategia electoral con eje en la vacuna. Por eso, se impone la idea de postergar un mes las PASO y las elecciones generales a noviembre para darle tiempo al operativo de vacunación y a la economía para que llegue alguna señal de recuperación. El escándalo del Vacunatorio VIP provocó un terremoto e instaló un interrogante ardiente en el Frente de Todos. ¿Cómo impactarán estos episodios frudulentos en la sociedad cuando llegue la hora de votar?

El viernes, Alberto Fernández esperaba poner en marcha un cambio de clima con el lanzamiento del Consejo Económico y Social. Hacía un año que Gustavo Beliz trabajaba en un proyecto para el que habían imaginado a Roberto Lavagna como presidente. No hubo caso. Todos los intentos para convencerlo fracasaron con la negativa del ex ministro de Economía y el mismo asesor presidencial quedó a cargo de una tarea titánica: insuflarle dinámica productiva a un país que lleva cuatro años de recesión y doce meses de pandemia. Faltaron empresarios, faltaron sindicalistas y faltó la oposición. Demasiado poco para intentar cambiar la historia de una economía que viene de perder más de 22.000 compañías en un contexto de inflación creciente.

La metáfora del Vacunatorio VIP tiene un componente político que amenaza el mayor capital con el que Alberto Fernández, Cristina Kirchner y el Frente de Todos llegaron al poder. La cohesión de la coalición oficialista y la convivencia entre tres sectores en equilibrio inestable, que incluye a Sergio Massa y su vigente Frente Renovador. Las listas confeccionadas en la oscuridad y el silencio abrieron entre los principales dirigentes que detentan el poder en la Argentina una guerra de sospechas e intrigas que suelen terminar de la peor manera.

Es un síntoma inconveniente, sobre todo cuando el Presidente, la Vice, los gobernadores y cada dirigente con algún poder territorial o legislativo empiezan a trabajar obsesivamente en la confección de las listas de candidatos para las elecciones del último trimestre del año. Alberto busca su refugio partidario en la presidencia del peronismo, del mismo modo que Máximo Kirchner lo hace con la pretendida titularidad del PJ bonaerense. Están pendientes del resguardo que les pueden proporcionar esos sillones.

Quizás descuidan demasiado el otro componente, que es cómo golpea el escándalo de las vacunas VIP en las necesidades reales de la sociedad. El embate contra los jueces o las negociaciones con el FMI son relevantes para el país, pero nada afecta más a los ciudadanos que comprobar cómo se quedan los dirigentes a los que eligieron con las vacunas que podrían salvarlos. O salvar a sus padres, o a sus hijos, o a sus amigos enfermos.

La vacuna de pocos es la mayor desgracia de los catorce meses de gestión del Gobierno. Una desgracia que no se resuelve con el cambio de un ministro ni con la construcción de un relato que esconda la basura bajo la alfombra. Alberto, Cristina y toda la dirigencia tienen a su alcance la chance de darse cuenta a tiempo. Al final del verano, cuando empiecen los fríos y vuelvan a crecer los contagios y las muertes, quizás sea tarde para reparar el daño de dividir a la Argentina con la más cruel e inesperada de las grietas. La de los que se pueden vacunar y la de los que pueden morir mientras esperan.
CLARIN

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