Obligado, el juez que duda y Boudou agradece

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Los fiscales rechazaron por segunda vez los planteos de la defensa del ex vicepresidente.

La Corte Suprema ratificó la condena hace un mes. Sin embargo, el juez no define y Boudou sigue en su casa con pileta de Avellaneda.

Gonzalo Abascal

Esta mañana el país amanecerá conmovido por la definición en el Senado de la Ley de interrupción voluntaria del embarazo, esperada con desesperación por los verdes y resistida con la misma energía por los celestes. No habrá modo ni tampoco razones para sustraerse a una realidad que, querramos o no, cambiará nuestras vidas.

El presidente lo supo y lo sabe, y por eso apuró la discusión parlamentaria en la búsqueda de una novedad que le permitiera, al menos, un festejo en el año. Hay oportunismo político en la elección del momento, pero de ninguna manera eso debilita la trascendencia de un episodio histórico.

El Gobierno, que trabajará para que se interprete como su exclusivo éxito, sabe también que si otra vez hubo espacio para debatir la ley fue por razones que lo exceden y que se vinculan a la madurez de la sociedad, y no sólo de los votantes y legisladores del Frente de Todos. La militancia pro y contra el aborto en las redes sociales y en las calles fue transversal y nadie puede arrogarse el mérito desde una pertenencia partidaria. El primer paso lo dio Macri, la posta la tomó Alberto Fernández, o para decirlo con justicia, su secretaria Legal y Técnica, Vilma Ibarra, impulsora sólida y argumentada a favor de la ley. Sin embargo, nada habría sido posible si la necesidad de la discusión no hubiese conquistado ya una parte del sentido común de los argentinos, aún de los que están en contra.

Pero también es cierto que la ley del aborto, por su dimensión social, funciona como estrategia de distracción, cualidad que agradece Amado Boudou, quien silbando bajito disfruta el privilegio de la prisión domiciliaria a pesar de que la Corte Suprema ratificó hace un mes su condena a cinco años y diez meses de prisión.

El juez Daniel Obligado continúa demorando la resolución que devuelva a Boudou a la cárcel. Es el mismo juez que lo benefició con el argumento del peligro de contagio de Covid -a pesar de que el ex vicepresidente no pertenece a un grupo de riesgo ni tiene otra enfermedad- y por ser “único sostén económico y emocional” de sus dos hijos, condición que comparte con miles que siguen presos.

La periodista Lucía Salinas contó este martes en Clarín que, entre los insólitos pedidos del juez al Servicio Penitenciario, que intentan justificar su indefinición, incluyó “un informe pormenorizado de los cursos y talleres que (Boudou) hubiere realizado en esa institución”. Y agregó: “solicítese a la Universidad de Buenos Aires, la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales y a la Universidad de Avellaneda que informen los estudios que Boudou hubiera cursado este año 2020... bla bla bla”.

En qué cambiaría esa información la realidad de Boudou, condenado por la corrupta compra de la imprenta Ciccone cuando era vice de Cristina, no es fácil de entender. Ningún curso hará menos corrupto ni menos culpable al ex vicepresidente. El extendido pedido de información se parece mucho a una estrategia para demorar una decisión.

Este martes los fiscales García Padín y Colombo, ante el requerimiento del juez, respondieron por segunda vez que nada justifica que Boudou no vuelva a la cárcel de la que salió en abril, hace ya ocho meses, para pasar los días junto a su familia en una casa con pileta en Avellaneda. El juez Obligado se queda sin caminos alternativos. La ratificación de la Corte y los rechazos de los fiscales a los planteos de la defensa lo obligan a una definición.
CLARIN

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