La Corte hablará por sus fallos y mostrará el poder real de su artillería.


Ricardo Kirschbaum

En la lisa y llana aplicación del más crudo realismo político, la ofensiva oficialista por reformar la Justicia y neutralizar la Corte, es vista como una oportunidad para un acuerdo en el que el subtexto tácito beneficie la situación judicial de Cristina Kirchner, y sea, a la vez, un alivio para los problemas de Macri. Un trato con reminiscencias de aquel "Pacto de Olivos" que permitió la reforma constitucional y la reelección de Carlos Menem. Es una de las ideas que se habrían esbozado entre los que urden la defensa jurídica y política del ex presidente, que hoy pasa la cuarentena en la Costa Azul.

 

Esta hipótesis parte de la casi certeza de que la reforma será aprobada. Entrará por el Senado, donde el oficialismo tiene cómoda mayoría, y la oposición está en dificultades para trabarla en Diputados. Quedó claro luego del voto clave de Graciela Camaño en favor de la revisión del traslado de diez jueces, un indicio de que el bloque de Lavagna votará con el Gobierno. Ya antes, un oportuno corte de luz impidió a la diputada votar por Internet contra Canicoba Corral. El juez pudo así jubilarse sin que lo investigaran por enriquecimiento. Antes de irse hizo todos los deberes para el oficialismo. La hipótesis de una negociación por la reforma -el vocero habría sido Pichetto- busca una carambola a dos bandas: a mayor presión para complicar judicialmente a Macri, mayor rechazo del ala del PRO que lo rodea. Si esa presión desapareciera, con ese hipotético acuerdo, los halcones macristas retrocederían y la candidatura de Rodríguez Larreta no tendría competencia.

El nuevo gobierno de los Fernández, bajo la lupa de Ignacio Miri.
En esas mesas de arena de la real politik la dimensión ética cede en favor del objetivo político, aún cuando vaya contra los principios que se dice defender.

Lo que es bien concreto es el abroquelamiento de cuatro de los cinco jueces de la Corte que se sienten acorralados por la urgencia del Gobierno de resolverle a Cristina las acusaciones por corrupción. No habrá una defensa pública de sus actos sino que hablarán por sus fallos: el jueves habría una muestra de su poder de fuego. La Corte ha convalidado traslados de los jueces que ahora se quieren revisar. Alguien, sin inocencia, se preguntó qué pasará si el Supremo declara la inconstitucionalidad del actual del Consejo de la Magistratura.

Fernández se enoja porque la reforma - y la discusión sobre la Corte- es vista como un salvataje a Cristina. La comisión de notables ya pasó a llamarse “Beraldi” por el defensor de la ex presidenta que la integra. Pese a sus pergaminos , la decisión fue una grosería.

El Presidente y Massa niegan que en los planes esté aumentar los miembros de la Corte. Hasta se dice que ni Cristina lo auspicia, pese a los indicios en contrario. Otra vez: hay que fijarse en lo que hacen, no en lo que dicen. Si se mantuviera en cinco miembros, las maniobras para cambiar el tribunal seguirán. Se recuerda, entonces, que ya en épocas de Macri se habló de Gil Lavedra y del propio Pichetto para la Corte. En esa urdimbre de sótanos, esos nombres volvieron a la memoria del oficialismo, donde se asegura, también, que la postulación de Rafecas a la Procuración está muerta.
CLARIN


0
0
0
s2smodern
powered by social2s

Gobierno de corrientes

Alternative flash content

Requirements

loteria cuarentena

incone

publicidad vianda

Alternative flash content

Requirements