Argentina negocia para no caer en default porque nadie le presta dólares.

Analistas opinan sobre qué debería hacerse para que esos ahorros que, representan cinco veces las reservas del Banco Central, ayuden a financiar la recuperación pospandemia.
Laura García

Mientras la Argentina se debate hace meses en una pulseada con sus acreedores internacionales para volver a tener acceso a dólares en el mercado, los argentinos acumulan billetes por el equivalente a cinco veces las reservas del Banco Central.

Dólares que se fueron para no volver, dirán algunos. Y que claramente no encuentran incentivo para emprender el camino de regreso. Pero que ante las señales tan esperadas quizás podrían ser parte de la reconstrucción de la economía pospandemia.

Los argentinos, es sabido, razonan en dólares. Y han atesorado el récord de US$ 222.807 millones, declarados o no, según el Indec, tanto en el colchón, cajas de seguridad como cuentas en el exterior. Son US$ 72.254 millones más que los que había a fines de 2015. Y US$ 150.043 millones más que en 2006. Son fondos líquidos, que, en un contexto adecuado, podrían servir, eventualmente, para financiar una salida de la crisis.
Clarín consultó a varios economistas: ¿Qué hace falta para que esos dólares vuelvan? ¿Es posible? Con su buena dosis de escepticismo, retoman los ejes de una discusión central y conocida: nadie va a invertir si no puede tener acceso de salida, hay que rearmar el rompecabezas de una moneda en la que nadie cree, simplificar y aliviar la descomunal carga impositiva, comprometerse con programas que nos vuelvan más previsibles y no se apoyen sólo en el voluntarismo. Hoy, de lo contrario, el que invierte en la Argentina es un héroe.

Perdiendo ceros

Tenemos una moneda nacional recién desde 1881. Fue al año siguiente de la creación de la Casa de la Moneda y marcó el principio de una relación signada casi sin tregua por la desconfianza.

Es que desde 1883, nuestro peso dejó en el camino nada menos que trece ceros, producto de colapsos que por momentos nos convencieron del determinismo de repetirnos eternamente a nosotros mismos.

Desde 1983 le tuvimos que tachar 10 de esos 13 ceros al peso. En 1983 fueron cuatro, en 1985, tres y en 1991, otros cuatro.

¿Se puede culpar al argentino de su fijación con el dólar? Plan Austral. Cada austral equivalía a 1.000 pesos argentinos. Pero hacia 1986 la comenzó el declive. En 1989 el dólar aumentó 5000% frente al austral. Y hasta se emitieron billetes de 500.000 australes.

La Argentina lleva 75 años de alta inflación. Un período en el que sólo hubo 14 años con una inflación inferior al 10%.

La dolarización legal, como opción nuclear, sólo la han explorado unos pocos. Ecuador es el mayor de los tres latinoamericanos junto con El Salvador y Panamá y su producto interno bruto es solo una quinta parte del de Argentina. Y nosotros, claro está, hemos ensayado nuestra propia versión con la convertibilidad. 

Lo cierto es que el apetito por el dólar se remonta muy atrás. E intentar mantener alejado al argentino del billete nunca fue tampoco fácil. Ya en 1939 apareció un mercado paralelo para el dólar y, dicen, debutó con un salto de $ 4 a $ 11 en minutos

La dolarización tiene, además, otra contra. Por más que nos pese, por más que le rehuyamos, por más que las crisis lo hayan pulverizado, el peso es nuestro. Por eso el debate sobre la fauna autóctona o los próceres en los billetes. La moneda es un artefacto de identidad.

La preferencia del dólar sobre el peso como moneda de ahorro es estrictamente lógica y poco tiene que ver con motivos sociológicos o psicológicos particulares de los argentinos.

El ex titular del Banco Central Federico Sturzenegger y el economista Santiago Mosquera analizaron datos históricos varios -tasa de interés de plazo fijo en pesos a 30 días, evolución del valor de los inmuebles, y la cotización del dólar- y llegaron a un resultado esperable.

Tomando como punto de partida enero de 2002 -al día siguiente de la caída de la convertibilidad- el poder adquisitivo de un peso colocado a plazo fijo de 30 días y renovado a cada vencimiento, cayó un 63%. El poder adquisitivo de un dólar subió 31% y el poder adquisitivo de un peso invertido en un inmueble, creció 528%.

No es entonces una cuestión de considerar a los argentinos, "fugadores seriales". Parece claro que el ahorro en dólares es, ni más ni menos, que una cuestión de defensa propia, de los propios ahorros. ¿Es posible torcer la historia y tentar a esos dólares para que se metan en la economía argentina, o es algo impensable?

Construir una moneda

Marina Dal Poggetto, directora ejecutiva de Eco Go, abre el fuego: "El primer problema es no tener moneda. Esto quiere decir que una moneda cumple tres funciones: unidad de cuenta, medio de cambio y reserva de valor. En Argentina no es reserva de valor. No ahorrás en pesos. No hay mecanismo para trasladar el ahorro y la inversión a través de los bancos o el mercado de capitales y entonces se atesora en el exterior".

Y dispara: "En los últimos 15 años, la formación de activos externos fue de US$ 150.000 millones. Estamos financiando al mundo. Pero no tiene por qué ser así. Otros países lograron construir una moneda y a partir de ahí, un sistema financiero robusto, lograr más apalancamiento y atraer más inversiones. Argentina está permanentemente sacando recursos y financiando al resto del mundo".

"El desafío es convencer al argentino de que piense en la inflación local y no en el dólar y eso se logra remunerando sistemáticamente en términos reales en pesos. Lo que se llama tasas de interés positiva. Pero acá pasás siempre de un extremo al otro. "La emisión monetaria no trae consecuencias", al estilo Marcó del Pont, a "frenar la inflación con la tasa", al estilo de Sturzenegger, redondea. 

Los demás también están baratos

Rodrigo Alvarez, CEO de Analytica, asegura que "para atraer dólares, es necesario entender que hay muchas oportunidades de inversión en todo el mundo, muchas economías que están baratas en dólares. El mundo también está en crisis pero acá es mucho más grave y el resto de los paises va a salir más rápido que nosotros. El desafío es nivelar un poco la cancha". "Hoy no podés entrar en la cancha con ningún equipo, tenés que entrenar primero y demostrar que podés jugar", resume.

"Tenés que despejar incógnitas para el que invierte en la Argentina, para el que hoy la unidad de cuenta es el dólar o sea, que espera ganancias en dólares, lo que nos lleva al cepo. Si a una multinacional no le das una horizonte de salida, ya estás en desventaja de entrada. Necesitás por eso visibilizar la posibilidad de una flexibilización. Pedir un plan es muy ambicioso. No espero definiciones pero sí un balizamiento económico", añade.

"El inversor entonces quiere saber que va a tener acceso a sus dólares y cierta noción o tranquilidad sobre la presión fiscal. Pensemos en el último blanqueo, si bien fue muy financiero. El que blanqueó después se encontró con que le pusieron un impuesto a la ganancia financiera y un impuesto extraordinario a bienes personales. Acá no se le habla al inversor todavía y no sólo faltan señales nítidas. Idas y vueltas como con  Vincentín, en donde se iba contra la propiedad privada, no ayudan", lanza.

Y especifica: "En el mientras tanto, hay que empezar a trabajar en lo sectorial. La construcción tiene la ventaja de que es un sector que dinamiza mucho, te da velocidad en la recuperación. Hoy tu propiedad vale 30 % o 40 % menos y no conseguís comprador. Pero la propiedad enseguida es refugio cuando la macro se ordena.

"Por magnitud -apunta-, tenés que pensar en Vaca Muerta. Aún en circunstancias peores se cerraron acuerdos con Chevron en la época de Galuccio. Se probó el potencial de recurso, que el know how está, el cluster de empresas. Este año y el que viene ya están jugados pero en 2022 podríamos tener inversiones como en las mejores épocas".

Y por útimo el campo. "Si generás las condiciones adecuadas, no especula. Es muy noble. Si te amigás con el sector y no generás ruido enseguida cambia tecnología, adquiere bienes de capital y con el excedente invierte en construcción. No es un sector que fuga", menciona.

Nadín Argañaráz
DIRECTOR DEL IARAF
“Operar en la Argentina es de una enorme complejidad. Tenemos una estructura de 165 tributos con más de 100 regímenes de recaudación anticipada”
Nadín Argañaráz
Rodrigo Alvarez
CEO DE ANALYTICA
“El inversor entonces quiere saber que va a tener acceso a sus dólares y cierta noción o tranquilidad sobre la presión fiscal”
Rodrigo Alvarez
Daniel Artana
ECONOMISTA JEFE DE FIEL
“Gran parte del problema de la Argentina es el déficit que no se puede sostener porque es muy alto en relación al nivel de endeudamiento. El que invierte en la Argentina es un héroe”
Daniel Artana
Marina Dal Poggetto
DIRECTOR EJECUTIVA ECO GO
“El desafío es convencer al argentino de que piense en la inflación local y no en el dólar y eso se logra remunerando sistemáticamente el ahorro en pesos con tasas de interés positiva”
Marina Dal Poggetto
Fausto Spotorno
DIRECTOR DE OJF
“Hoy Argentina es prácticamente un expulsador serial de inversiones. En las condiciones actuales, es más probable que Argentina ponga un hombre en la Luna dentro de esta década a que vuelvan los dólares”
Fausto Spotorno
 
 

Simplificar la maraña impositiva

​Nadín Argañaraz, director del IARAF, 
explica"En un horizonte de mediano plazo lo que hay que hacer es generar actividad económica haciendo uso de la capacidad instalada ociosa. Hay que atraer inversiones que elevan la actividad, asumiendo un compromiso respecto cuentas públicas en el sentido de que los dólares que entran al sistema  no vienen a financiar déficit y sí a generar empleo formal. Así armás una cadena virtuosa".

"Operar en la Argentina es de una enorme complejidad. Tenemos una estructura de 165 tributos con más de 100 regímenes de recaudación anticipada. Según nuestros cálculos, al integrar los principales impuestos, la carga tributaria llega al 50 %, además de que tenemos impuestos distorsivos como el impuesto al cheque y a los ingresos brutos", enumera el economista.

"Una política de incentivos no tendría sentido sin tocar todo lo demás. Un incentivo interesante es por ejemplo la amortización acelerada general de bienes de capital pero para eso primero hay que tener un sistema impositivo simple, transparente y previsible, en el que no puede haber un cambio permanente de reglas. Y con los blanqueos, sólo sirven si generan inversiones sostenibles que vayan a ladrillo, a hierro, a producción, no flujos de inversión para fondear el déficit del Estado",sostiene.

La volatilidad macro, un impuesto más

Daniel Artana, economista jefe de FIEL, aclara desde el vamos que un blanqueo puede tener relevancia para un sector pero no para el agregado de la economía.

"Acá es necesario un programa que dé previsibilidad, coherencia. Si vemos la inversión extranjera directa de otros países es porque tenían programas que cerraban. Acá hay un nivel de voluntarismo fenomenal. Dicen, vamos a crecer por consumo, y no pasa ni el examen de Macroeconomía I", asegura.

"Tenemos, por ejemplo, un sistema tributario en el que los impuestos en cascada que van de la Nación a la Provincia y al municipio son 7 % del PBI y son los peores que hay. Otros países no tienen esos impuestos. La volatilidad macro es como un impuesto más. Esto quiere decir que a un país similar le pedís una tasa de retorno más baja para invertir", agrega.

"Gran parte del problema de la Argentina es el déficit que no puede sostener ya que es muy alto en relación al nivel de endeudamiento. El que invierte en la Argentina es un héroe, salvo con prebendas del Gobierno", reconoce.

"Hay una oportunidad con la pandemia por las disrupciones que genera. Es posible que empresas multinacionales muevan parte de su producción más cerca de los centros de consumo o bien de los países menos afectados. No estamos viendo esa ventaja" resalta Artana.

"Y por supuesto que habría que revisar la regulación laboral y su litigiosidad. Modernizar las relaciones laborales que hace 30 años ya atrasaban. Es un momento en el que además los gremios están más abiertos a cierta flexibilidad. Pero, en cambio, prohibimos los despidos y ponemos doble indemnización".

Lista de reformas para tachar

¿Es posible que esa plata vuelva? ¿Qué políticas podrían hacerlo posible? Fausto Spotorno, director de OJF, bromea: "Es más probable que Argentina ponga un hombre en la Luna dentro de esta década".

"Traer ese dinero después de la pandemia requerirá varias cosas: eliminar el cepo cambiario (sin esto imposible), cerrar el acuerdo de la deuda y el acuerdo con el FMI. Además es preciso: un programa económico que incluya una reforma que reduzca la presión tributaria y la cantidad de impuestos, un proyecto para reforma de la coparticipación, una reforma del Estado, desregulación económica y una reforma laboral", advierte casi recobrando el aliento.

Y remata: "Hoy Argentina es prácticamente un expulsador serial de inversiones"

 

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