No se aprovecharon estos tres meses de encierro para hacer los testeos que se necesitaban y diseñar estrategias de salida.


Ricardo Roa
Llevamos tres meses de cuarentena o de súper cuarentena y estamos a las puertas del peor momento de la pandemia sin saber si será realmente el peor momento o el peor momento vendrá después. Lo único claro de esta cuarentena que ya acumula seis prórrogas es que no tiene final a la vista. Todos sabemos que no puede durar para siempre. Pero no sabemos cuánto va a durar.

Casi todo el problema sigue concentrado en el Conurbano y la Ciudad de Buenos Aires. Esta semana algo ha cambiado: la velocidad de los contagios. En Provincia la cantidad pasó de 744 a 1.118, o sea subió un 44%. Y en Ciudad, de 565 a 804, más o menos igual. Otra medida clave es el Ro, el número promedio que un infectado contagia. En Ciudad, diez infectados contagian a once personas. En Provincia no hay datos oficiales, pero los que hay dicen que contagiarían a quince. El objetivo es bajar a menos de diez. Un tercer parámetro: en cuánto tiempo se duplican los casos. En Provincia cada 12 días y en Capital cada 18,3 días. Aquí el objetivo es superar los 25 días.

Como se ve, los números no dan bien en ninguno de los dos lados pero menos bien dan en el Conurbano, que por los enormes bolsones de pobreza es lo que se suponía debía ocurrir. Con esos números, Kicillof pretende que Larreta vuelva a cerrar todo y con los mismos números Larreta se resiste y dice que por ahora no hay razones para endurecer de nuevo la cuarentena. Anoche se lo repitió a Kicillof.

Fernández hacía equilibrio entre los dos. Hacía: en los últimos días también se cristinizó con la pandemia. Ahora, como Kicillof, le apunta al relajamiento de la cuarentena en la Ciudad. Llegó a decir algo que los especialistas no sostienen: “¿Querían salir a correr? Salgan a correr. ¿Querían salir a pasear? Salgan a pasear. ¿Querían abrir los locales de ropa? Abran los locales. Pero estas son las consecuencias”. En tren de cosas discutibles, hay una muy clara de Kicillof. Con Ezeiza cerrado, los argentinos repatriados que viven en la Ciudad son aislados en hoteles. Pero los que tienen domicilio en provincia firman la declaración jurada y se van a hacer la cuarentena a sus casas. De cajón, el control es bien diferente. Unos 80.000 volvieron así del exterior.

Los 93 días de cuarentena aplanaron y postergaron la curva de contagios y fueron aprovechados para reforzar el sistema de salud. No pasó lo mismo para hacer los testeos que se necesitaban. Tampoco se aprovecharon para diseñar estrategias de salida como salta a la vista. ¿Y qué pasa con la gente? Una encuesta del Observatorio de Psicología Social de la UBA dice que las palabras más mencionadas son incertidumbre, preocupación, ansiedad, angustia y hartazgo. Otra de Analogías que el 65% cree que le afecta la salud mental y el ánimo. ¿Y qué le pasa a la gente con el Gobierno? Según Managment and Fit, por cada prórroga de la cuarentena la aprobación cae promedio 2 puntos. Son todas de esta semana y tienen un dato común que no es un dato cualquiera: fueron hechas en el AMBA y reflejan las opiniones de quienes viven en la Ciudad y el GBA.
CLARIN


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