Macri logró ser el primer presidente no peronista en 91 años que termina su mandato... y logró que vuelva el kirchnerismo.


Alejandro Borensztein
Antes que nada, vaya un sincero y afectuoso reconocimiento para el Gato ​en su último domingo como presidente.

Finalmente logró dos milagros que parecían inalcanzables:

1. Que después de 91 años un gobierno no peronista termine su mandato en tiempo y forma.

2. Que vuelva el kirchnerismo​.

El primer milagro amagaba ser imposible desde el mismo 10 de diciembre de 2015, cuando los kirchneristas cantaban “Macri basura vos sos la dictadura” mientras regalaban helicópteros de juguete en las marchas.

Al final, el tipo no sólo evitó el helicóptero sino que se va despedido por multitudes y votado por el 40,3 % de los argentinos. Así consiguió que el peronismo deje de ser el único partido que a veces finaliza sus gobiernos. Perdieron el invicto.

Gran mérito del Gato teniendo en cuenta que, salvo los líderes extranjeros, el resto de la dirigencia le jugó siempre en contra: desde la mayoría de los sindicatos hasta la mayoría de los empresarios pasando por el peronismo, el Papa, las organizaciones sociales y varios amigos de su propia coalición.

Ni hablar de unos cuántos inútiles del mejor equipo en 50 años que tampoco lo ayudaron mucho que digamos.

Encima, para emputecerse la vida aún más, tuvo la mala suerte de que durante los cuatro años de mandato le tocó el Muñeco Gallardo. Una tortura, pobre Gato.

El segundo milagro era aún más difícil de conseguir. Después de los bolsos de López, los cuadernos de Centeno, toda la saga de De Vido, el Memorándum, las propiedades de Muñóz, las bravuconadas de Moreno y el INDEC, el apoyo de La Cámpora a Maduro y al chavismo, aquel inolvidable manejo neofascista de los medios públicos, la formidable bancarrota económica que dejaron en 2015, las confesiones de los coimeros y los coimeados, el despliegue inmobiliario y hotelero de los Kirchner, el 4% de pobreza proclamado por Cristina y tantos otros éxitos de la etapa de oro kirchnerista, parecía imposible volver a verlos en la Casa Rosada. Pero felizmente se dio.

El plan económico del gobierno de Macri falló, el peronismo se unificó y Cristina volvió. A juzgar por la función que dio el lunes en el Tribunal Oral, volvió con toda su simpatía y su talento intactos.

A propósito, no entiendo porque le dicen Tribunal Oral a tres tipos que no abrieron la boca mientras los insultaban durante tres horas y media. Por el cagazo demostrado, más que Oral debería llamarse Tribunal Anal, pero no vamos a meternos en cuestiones psicoanalíticas porque según el orden de las cinco fases freudianas, ahora tocaría Tribunal Fálico, después Tribunal de Latencia y finalmente Tribunal Genital. Puesto a elegir, yo preferiría simplemente Tribunal de Justicia si no es mucho pedir.

Sintetizando, la conclusión es que después de intentarlo durante cuatro años el Gato llegó a puerto pero no pudo resolver el quilombo que dejó el kirchnerismo. Veremos si esta gente nueva que apareció ahora y asume el martes tiene mejor suerte.

Mientras tanto, juraron los nuevos diputados y ya hubo lío. Los de Juntos por el Cambio están indignados porque hay tres diputados que antes de asumir ya abandonaron el bloque: Pablo Ansaloni por Buenos Aires, Beatriz Ávila por Tucumán y Antonio Carambia por Santa Cruz.

Los tres fueron votados para que jueguen en el equipo de Macri, pero decidieron abandonar la concentración y ya están precalentando en el vestuario de Cristina. Todavía no se informó si están a préstamo por una temporada o les compraron el pase definitivo.

Dudas. ¿El cambio de bloque político paga impuesto a las Ganancias o está exento? ¿Dada la cantidad de panquecazos que se han visto, no sería buena idea aplicarles retenciones?¿Las transferencias políticas no deberían estar bancarizadas? ¿Aceptan billetes de 500 Euros humedecidos?? Preguntas que el próximo gobierno deberá contestar.

Todavía hay gente que, para definir estos casos, usa la palabra “borocotizar”. Para los que no lo saben, el término viene del Dr Borocotó que fue electo diputado del PRO en 2005 y antes de asumir se encontró en la cancha de Argentinos Juniors justamente con Alberto Fernández que, por entonces, era el Jefe de Gabinete del CCK. Cuando terminó el partido, Borocotó ya se había pasado al kirchnerismo. Lo convencieron en 90 minutos. Un récord. A la distancia hay que reconocer que el tipo fue un visionario que apostó a Tío Alberto con 14 años de anticipación.

Durante la jura de los nuevos diputados se vio de todo. Algunos juraron por Néstor y Cristina, otros por Lilita. Incluso hubo uno que juró por el Río Atuel. Posta. Imaginate, “…si así no lo hiciereis que Dios y el Río Atuel te lo demanden”. La verdad, es mucho más serio el Diego cuando jura por Dalma y Gianinna.

Al pobre Sergio Massa, el que dijo “voy a barrer a los ñoquis de La Cámpora”, le tocó jurar y abrazarse con el Cuervo Larroque. Los duendes que organizan nuestra democracia a veces son muy perversos.

Nobleza obliga, hay muchos legisladores serios, patriotas y preparados. Pero también está lleno de truchos que llegan allí porque vienen colgados de la lista sábana. Un sistema que nunca se va a poder cambiar dado que para eso hace el falta el voto justamente de los truchos que van colgados de la lista sábana. O sea, olvidate.

¿Cómo serán los tiempos por venir? El discurso de Ex Ex Ella en Tribunales es un lindo presagio. El elogio que le hizo el Tío Alberto de los lunes, también. Ni hablar de su mensaje al periodista Alconada Mon, cuando por twitter le advirtió: “Sabelo, Alconada” (el lunesismo del albertismo es tremendo).

¿Se repite la historia? Difícil. Desde que Tío Alberto dejó el poder en 2008 todo ha cambiado. Por entonces no existían Facebook ni Twitter ni Instagram. La gente miraba televisión abierta y usaba el celular para hablar por teléfono. Y desde que el kirchnerismo se fue en 2015 el cambio ha sido mucho más vertiginoso aún. En solo cuatro años todo se dio vuelta.

La gente compra cualquier cosa por Mercado Libre. O por Amazon. Saca pasajes en Despegar, reserva hoteles en Booking, alquila por Airbnb, pide autos por Uber, se guía por Google Map o por Waze, se comunica con todo el planeta al instante y gratis por Whatsapp, manda fotos y videos y hace todo tipo de trámites con aplicaciones desde su celular. Los programas de televisión, las series y las películas se miran a la hora que se te da la gana por Netflix o Flow, y podés ir en el bondi escuchando toda la música del mundo en Spotify.

No es verdad lo que dijo Tío Alberto en el debate presidencial cuando afirmó que los jubilados no tienen celular. En la Argentina hay 64 millones de celulares de los cuales más de 35 millones son smartphones.

Greta Thunberg, una adolescente sueca, desafió a todos los líderes mundiales en la ONU y puso al tope de la agenda mundial al ambientalismo. Al mismo tiempo, se está produciendo el cambio de paradigma más grande de la historia de la humanidad: el nuevo rol de la mujer y las cuestiones de género.

Mientras todo esto pasa, los kirchneristas dicen que vuelven mejores aunque millones de argentinos temen que vuelvan peores. Para mí, y por lo demostrado hasta ahora, vuelven igual que siempre.

Sin embargo, los que estamos distintos somos todos nosotros. Los del 48,2 que votamos al Tío, los del 40,3% que votamos al Gato y los del 11,5% que votamos no sé que cosa.

Todos nosotros somos otros. Todos. Juntos. Cambiamos. Sabelo, Tío. Ahora andá y jurá.

Y vos Gato, gracias por el esfuerzo.
CLARIN

 


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