En el cierre del año, se negocian proyectos y cargos en el Parlamento. Francisco, otra vez, en el centro de las polémicas.

Ignacio Zuleta

La transición tiene aristas jugosas, por ejemplo, en el armado de una sesión de Diputados para esta semana corta. Los bloques, cuando se viene una renovación de elencos, entran en una complicidad saludable, porque arreglan cuentas pendientes y cierran compromisos postergados por las campañas. El Gobierno tiene interés en que Macri se despida con dos proyectos aprobados, como alquileres y góndolas. También aceptan la iniciativa de "ficha limpia", para depurar candidaturas de gente floja de papeles. No tienen mucho problema, porque el dictamen salió tan neutral que si esta ley fuera aprobada, igual Cristina de Kirchner hubiera podido ser candidata. El proyecto nació para impedírselo, pero es tan ineficiente el sistema, que todo llega tarde y mal. O al revés de lo que se buscaban sus promotores.

Hay ruido, además, porque los sectores "verdes" del Congreso quieren aprobar este miércoles el proyecto de ESI (Educación Sexual Integral), que los "celestes" entienden es una intromisión en la facultad de las familias y las iglesias, para aceptar o no la "política de género". En estas horas hay encendidas campañas para frenarlo. El propio Oscar Ojea, presidente del Episcopado, llamó a diputados para pedirles que no ocurra. Uno, con alto cargo en un bloque hoy oficialista, le respondió: "Ahora pídanselo a Alberto y Cristina, ¿o acaso ustedes no los apoyaron en las elecciones?".

También están en alerta los dirigentes evangélicos, que llegaron a un acuerdo el año pasado con Macri y María Eugenia Vidal para que esos proyectos no avanzasen. Ya habían logrado frenar la aprobación de la despenalización del aborto en el Senado. El acuerdo cayó con la derrota electoral, pero la pelea se puede reavivar ahora que Alberto se declaró abortista, y dice que llevará el proyecto el Congreso. Uno de los dirigentes evangélicos de mayor talla me adelantó que en ese caso volverán a las calles, como el año pasado, para manifestar su rechazo. Cristina fue siempre antiaborto, votó a favor pero facilitó –en otra maniobra de la que participó Ojea– el rechazo en el Senado, al ceder el pase a una senadora para que votase en contra. Ahora tendrá otra oportunidad para mostrar si se mueve por convicciones o por oportunidad.
Riesgoso paseo a Madrid

La transmisión del mando transcurre entre picardías de baja monta. El que se va juega al golf en Córdoba. Los que entran acumulan millaje en viajes tranqui: Alberto a países de Europa; Cristina atiende sus padecimientos personales, que no son pocos, en el trópico. Todo, mientras a Piñera lo acosan en La Moneda -se retiró un día de esta semana por temor a incidentes en su propia casa de gobierno- y a Evo le saquean la residencia que ocupó. Macri prepara una visita de pocas horas a Madrid (que algunos le desaconsejan), para el día 2 de diciembre, cuando se inaugura la cumbre del clima, que España aceptó albergar cuando la rechazó Chile. Ha pedido espacio en la residencia del embajador Ramón Puerta en la suite presidencial, que han usado visitantes que ocuparon ese cargo, como Eduardo Duhalde, pero que él nunca ocupó.

Para esa fecha Macri espera que Pedro Sánchez, ganador de las elecciones para el PSOE, haya terminado de negociar con el partido Unidas Podemos y bancadas regionales, la formación de un nuevo gobierno. Unidas Podemos es una fuerza de izquierda identificada con el electo Alberto Fernández, y con la agenda tercerista de los países de arco chavista. La integran, además, emigrados argentinos identificados con el peronismo cristinista, que le pueden aguar la visita madrileña con alguna algarada callejera.
Revoleo de sotanas, mirando al altiplano

La emergencia boliviana golpea en otras capillas, como las que vigila el Papa Bergoglio. Este fin de semana produjo encuentros de todos los niveles, con la presencia en su cercanía de personajes tan diversos como Horacio Rodríguez Larreta -que dice deberle un milagro de fecundidad-, el penalista Roberto Carlés -testigo del discurso contra las prisiones preventivas como condenas adelantadas- o Adalberto Rodríguez Giavarini, presente en una misa que se dio este domingo en la iglesia argentina de Roma, para celebrar un aniversario de la ordenación del cura Guillermo Marcó. Fue un round de una agenda del Diálogo Interreligioso, que tuvo el apoyo de la embajada de Rogelio Pfirter. Aportó con el cóctel.

La inquietud la manifestó Víctor "Tucho" Fernández, arzobispo de La Plata y el hombre de la iglesia más cercano a Bergoglio. Posteó el sábado una queja ante quienes creen que su discurso anti punitivista lo dio porque justo unas horas antes, la bicameral del Congreso había habilitado un mecanismo más laxo para las prisiones preventivas. Es cierto que esa posición no es nueva en el Papa. El momento más alto fue en 2014, cuando se paró frente al gobierno de Cristina por haber retirado el proyecto de Código Penal que habían redactado, entre otros, Raúl Zaffaroni, Federico Pinedo, León Arslanian y Ricardo Gil Lavedra. Frenó una campaña a favor de penas duras, que encabezó el entonces opositor Sergio Massa, que hoy está en el nuevo gobierno. No bastó la ayuda que tuvo de Raúl Zaffaroni ni Roberto Carlés para convencer a Cristina de enviar el proyecto. La entonces presidente arrugó por presión de Massa, y volvió a contrariarlo a Francisco, a quien Néstor había calificado como jefe de la oposición política a su gobierno.
Bolivia también se le escapa al bergoglismo

Los movimientos de Bergoglio importan en esta coyuntura, porque los hombres de su más estrecha cercanía toman posición. Bolivia ha pasado a ser otro país junto a Brasil y México, dominado por sectores evangélicos ligados al integrismo católico. Esa alianza le preocupa a Roma, y fue motivo de un muy leído ensayo "Teología de la prosperidad", que firmaron el año pasado el cura Antonio Spadaro, editor de la revista de los jesuitas La Civiltà Cattolica, y el pastor Marcelo Figueroa. El escrito desarrolla un furibundo ataque a los evangelistas de los EE.UU. y de América Latina, que despliegan -se quejan- una tentativa de justificación teológica del neoliberalismo económico, con saludos a Jair Bolsonaro, que se quedó con el gobierno del país con más católicos de todo el mundo. Después han venido AMLO -López Obrador- y ahora Jessica Áñez, que llegó biblia en ristre, junto al integrista Luis Fernando Camacho, al grito de "Satanás, ¡fuera de Bolivia!". Áñez ha estado casada con un evangelista conservador de Colombia -don Héctor Hernando Hincapié Carvajal- y representan el rechazo a deidades étnicas como la Pachamama, desalojada de los altares oficiales.

La inquietud será debatida esta semana en un encuentro que organiza el entornista papal Gustavo Vera, bajo el título de "Comunidades Cristianas por la Patria Grande". Será en la biblioteca de los camioneros y junto a Figueroa, columnista de "L'Osservatore Romano" y encargado de la prensa papal en la región, al cura villero "Toto" De Vedia, Vladika Gozard -Obispo de la Iglesia Ortodoxa de Montenegro- y al mismísimo Moyano, hombre de fe reformada que ha solido predicar a los suyos. No hay que perder de vista estos movimientos, que complementan la cercanía -con reservas- de Juan Grabois, sentado a la mesa con obispos y Alberto Fernández. La clave de todo es una encíclica que prepara el Papa como segunda parte de la Laudato Si, como resultado del sínodo sobre la Amazonia, al que Bolsonaro calificó como "un Sínodo de la parte podrida de la Iglesia”.

Para terminar de desordenar el tablero, no hay que olvidar que Cambiemos y Macri fueron siempre a elecciones honrando a la Pachamama en actos de cierre de campaña en Jujuy. Para darle morbo a estas relaciones, Gerardo Morales se casó con el ritual de la Pachamama, porque no estaba habilitado para una ceremonia católica. ¿Será por eso por lo que no terminan de reconocerla a la Áñez?
Lavagna, en las entrelíneas papistas

"Tucho" Fernández se queja en su posteo, que en la Argentina lean al Papa con intereses locales, cuando la mirada de Pontífice está dirigida a otras comarcas, como Oriente. Francisco viaja este martes por una semana a Tailandia y Japón, uno de los viajes más importantes de su pontificado. Tucho usa una frase descalificante para los intérpretes criollos de los movimientos del Papa: "Cuando te toca ocuparte de la puerta de entrada, no te vas a sentar al gallinero". El gallinero vendría a ser la Argentina. Japón, la puerta de entrada. Ese país fue el primer destino internacional que quiso para sí Bergoglio cuando era joven. Se lo pidió al mítico Pedro Arrupe, pero lo rechazaron por sus condiciones de salud, las mismas que se argumentaron para decir que nunca llegaría a obispo ni Papa. Arrupe fue testigo de la tragedia de Hiroshima, ciudad que visitará Francisco esta semana.

De paso, este Fernández obispo, agrega un dardo: "Ahora que ya pasaron las elecciones, puedo contar que tiempo atrás le escuché hablar muy bien de Lavagna. Sin embargo, no hubo fotos con él dando vueltas por todos los medios. Lo mismo ocurre con otras personas que muchos sabemos que él valora mucho, pero que no han aparecido promovidas por él, como dicen que hace". Una señal con pólvora, porque Lavagna y Bergoglio no juegan en el mismo equipo, pero se deben una historia compartida. En 2002 Bergoglio patrocinó el viaje de Roberto a Rimini, en donde expuso la situación del país ante funcionarios del gobierno italiano, al que le reclamaban los bonistas defaulteados de ese país. En 2005, antes del portazo a Kirchner, Lavagna se exhibió junto a Bergoglio en un acto a la misma hora cuando Cristina, candidata a senadora, pedía votos a empresarios. Lavagna había denunciado la cartelización de la industria de la construcción, y rechazado la acusación de "padrino" hecha a Duhalde por Cristina. No me pidan que vaya a más actos con ella, les mandó a decir. A los pocos días renunció.

El martes, el ex candidato del Consenso Federal hizo una reunión en la casa de Salta con su compañero de fórmula, Juan Manuel Urtubey, los electos diputados Graciela Camaño y el "Topo" Rodríguez, Marco y otros personeros del espacio. Se juramentaron no aceptar cargos del nuevo gobierno. Tampoco hubo referencia alguna a los movimientos del Papa. De paso, la diputada Camaño puso algo de razón en el debate sobre Bolivia en la sesión de Diputados, al decir que es un país soberano y que los argentinos exageran al tratarlo como si fuera una provincia, dándole consejos sobre cómo resolver sus problemas.
Empieza otra travesía por el desierto

Cambiemos es una fuerza en travesía por el desierto, algo por lo que han pasado todos los partidos, menos el PRO. Cabe recordar la frase de Héctor Maya sobre el peronismo: "Llevamos tanto tiempo en el desierto que no terminamos nunca de sacarnos la arena de los ojos". Este nuevo comienzo recuerda aquella película de los años '60, Taxi para Tobruk, que cuenta la convivencia entre dos franceses y un alemán en el desierto de Libia durante la segunda guerra mundial (eran Lino Ventura, Charles Aznavour, Hardy Krüger). El debate entre Olivos y sus aliados del radicalismo por la crisis en Bolivia y de la coalición, se entrecruzó con otro efecto del estado gaseoso del oficialismo que se va: la pelea por la conducción de los bloques en el Congreso, los cargos de representación de la oposición (contratos, comisiones y vicepresidencias de las cámaras, etc.) y de la nueva conducción del partido.

Alfredo Cornejo reapareció en la mesa que armó Macri, para dibujar un frente que coordine a los aliados de la nueva oposición. Dijo allí que pese a las peleas, el radicalismo permanecerá en esa mesa y ayudará a la unidad. Tiene que explicar cómo ocurrirá eso, porque el miércoles tuvo una conocida trifulca en un almuerzo con Gerardo Morales, que terminó con golpes -reales- sobre la mesa, y menciones a la madre en el mejor sentido del término. Cornejo reclama para sí la presidencia del bloque de Diputados, para la cual Mario Negri tiene más 30 adhesiones firmadas. Cornejo cree que su triunfo en Mendoza y su posición crítica ante el PRO dentro de la alianza, merece una recompensa de esa dimensión. Morales le responde que lo tiene que decidir el conjunto. Entonces me voy, dice el mendocino. Andate, total vos ya te fuiste una vez, le respondió el jujeño, en recuerdo de la aventura cobista de Cornejo, cuando se aliaron con Cristina en 2007. Le avisó, además, que le disputará la presidencia de la UCR, que le vence pronto al mendocino.
Solos en la madrugada

Entre estos pininos de transición hay que anotar movimientos subterráneos en comisiones clave del Congreso, como Presupuesto y Hacienda en Diputados. En la nueva conformación legislativa se van dos estrellas de ese rubro, como Marco Lavagna y Diego Bossio. Los dos fueron pieza fundamental en todas las negociaciones entre el peronismo no cristinista de las dos cámaras, los gobernadores peronistas y el gobierno de Macri. Se sentaron a negociar las grandes leyes de la transición de 2016, las leyes de emergencia social, la expropiación de villas, los presupuestos, la reforma y los consensos fiscales. Su salida del Congreso los convierte en víctimas de esas batallas. Lavagna, Marco, fue candidato a renovar por la Capital, pero no le dieron los votos. Bossio, estrella del massismo, ha sido fumigado por el peronismo del Patria pero espera unas segunda oportunidad sobre la Tierra.

Esa situación deja a sólo dos economistas de la macro en la cámara, Luciano Laspina, hasta ahora presidente de Presupuesto y Hacienda; y Fernanda Vallejos, que encabezó la lista a diputados de 2017 por el Frente para la Victoria. Podrá haber contadores o graduados de Económicas entre los diputados, pero el juego les queda a ellos dos solos. Sus equipos han estudiado la adaptación del presupuesto que mandó Hernán Lacunza, y el que dibujan los asesores de Alberto. Parece un choque de témpanos, pero no es así. Los presupuestos son un cálculo que se hace sobre recursos y proyectos y no se puede inventar mucho de un año a otro porque meten mano los gobernadores y otros sectores que siempre tienen control sobre lo que se discute, que son intereses de mediano y largo plazo.
CLARIN


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