El clan de los hermanos Loza, con cómplices como el insólito empresario peruano William Weston Millones, se delató a sí mismo en teléfonos intervenidos y en conversaciones en cuartos con micrófonos ocultos. Mercancía “preñada”, la máquina de mover billetes y el rumor sobre la Guardia Civil.

Por Federico Fahsbender

Internado en el Hospital Universitario Quirón de Madrid, José Gonzálo Loza se lamentó de la mala suerte, pero no mucho, porque sabía las cosas pasan cuando uno juega a este nivel. Uno de su banda, un tal “Frank”, uno de sus presuntos corredores, le reconocía junto a su cama que “después me cayó la policía ahí, después de que me agarraron unos 1400 en Granada”. Había coincidencias, si uno leía el diario con atención. El 4 de octubre de 2017, las fuerzas de seguridad ibéricas encontraron 530 kilos en Almuñécar, un pueblo costero de Granada, a orillas del Mediterráneo. Un día después, otros 612 kilos aparecieron enterrados en una casa de Zarautz en la zona de Guipuzcoa, País Vasco. Loza, salteño de origen, reconoció incluso que había transportado algunos kilos hasta Barcelona, donde su clan tenía su base. Loza y “Frank” hablaban sueltos. Quizás no habían chequeado bajo la cama o detrás de la planta en la maceta, un gesto de pereza para un narco salteño de alto vuelo: a Loza, la Justicia española le había plantado un micrófono en la habitación.

 

A Loza lo seguían desde hacía tiempo, el Juzgado de Instrucción Nº14 de Málaga lo había buscado con un allanamiento en Lugones, en la región de Asturias, a un galpón en donde al final no se encontró nada. José Gonzálo tiene un hijo, Gonzalo junior, de 24 años de edad, también involucrado en el negocio. Hablaron de la coca incautada, de una deuda millonaria para comprar la mercadería.

Los teléfonos también estaban intervenidos. José solía dar detalles sobre “El Ruso”, “un tipo serio” según él mismo. “Como tiene el avión él mismo, la saca en Holanda”, le contó a su hijo. Gonzalo junior tomaba el mando en este punto: “Yo lo voy a llamar al ‘Ruso’ y le voy a decir: ‘Esta es la que hay que mover’”.

La Ferrari F355 de Maradona que terminó en manos del clan Loza.
La Ferrari F355 de Maradona que terminó en manos del clan Loza.
 

La coca también iba por agua. José Loza tenía otro truco clásico entre los traficantes trasnacionales, esconder la droga en cargamentos de bananas o paltas, algo que los narcos centroamericanos conocen como armar un preñado. Loza habló en otra escucha con un hombre con un grueso acento colombiano. El envío saldría de Cartagena, Colombia, “para Valencia o Barcelona”, le decía Loza a su hombre, un viaje que les costaría el número exorbitante de 600 mil euros. La Guardia Civil de España, una de las principales fuerzas de seguridad ibéricas, tendría algo que ver según su discurso. José continúa: “No, no, no, es un barco que lo tiene la Guardia Civil, que lo quería mandar con hoja de ruta y ellos mismos lo hacen llegar al muelle donde quieren, ¿me entendés?”.

Otra escucha muestra a José Loza como un verdadero táctico: “Bueno, ¡escuchá! Yo tengo cómo llevarlo al barco, pero tiene que tener una hoja de ruta, tenemos que preparar una carga por lo menos para que pase a recoger por el puerto por el que vos decís dos o tres cargas de producto legal”. El barco viaja en su discurso, va por el canal de Panamá y cruza el Atlántico hacia el estrecho de Gibraltar o el puerto de Algeciras. Presunto puerto de partida: la República Argentina.

La familia Loza, por otra parte, era algo mucho más grande que padre e hijo. Estaba el tío Erwin para empezar, el hermano menor de José: “El Erwin tiene para cargar el vuelo, tiene para cargarlo por el avión privado...”, decía Gonzalo junior. El tío Erwin estaba, precisamente, del otro lado del Atlántico.

El 12 de diciembre del año pasado, Erwin Loza fue arrestado por Gendarmería Nacional en un operativo de 47 allanamientos bajo las ordenes del juez Pablo Yadarola del fuero en lo penal económico, en un expediente instruido por el fiscal Pablo Turano y la PROCUNAR, el área de la Procuración dedicada a investigar delitos de narcotráfico con el fiscal Diego Iglesias y su equipo. Erwin cayó junto a su mujer en su mansión de Martínez. Su fortuna era obscena, su nombre se repetía en un rastro de empresas y prestanombres con una compleja red de compra de propiedades y autos, más de 40 operaciones sospechosas para todo el clan de hasta 2 millones de dólares que incluían hoteles en Salta.

La Unidad Antidrogas de Gendarmería le allanó una cochera a Erwin, un estacionamiento en la calle Humberto Primo. Le encontraron cosas fabulosas bajo tubos de luz fría: un Chevrolet Camaro 2013 comprado por Erwin en 2017 con 300 mil pesos en efectivo, un Ford Mercury modelo 1973, un impactante Pontiac Firebird. Pero lo mejor de todo fue la Ferrari, la F355 Spider Roja, patente AXX. Había sido de Diego Armando Maradona, la conducía a mediados de los 90s cuando jugaba para Boca, un icono de una época furiosa de Diego. Erwin tenía una cédula azul para conducirla. El auto estaba a nombre de Automóviles The Boss, una sociedad anónima que integraba, Automóviles El Jefe.

En paralelo, José Gonzalo Loza era detenido en España.


Valdemar Loza, hermano mayor del clan.
Valdemar Loza, hermano mayor del clan.

La causa, básicamente, se trató de seguir el rastro. Comenzó con dos hombres detenidos en Ezeiza en noviembre de 2017 que viajaban en el vuelo AR 1133 de Aerolíneas Argentinas que partió desde Madrid. Llevaban 365 mil euros en un doble fondo de valija: los investigadores no tardaron en vincularlos a una denuncia anónima de 2014 radicada en 2011 que señalaba a José y Erwin Loza como presuntos traficantes internacionales. Los detenidos en Ezeiza fueron vinculados a otro supuesto jugador pesado en la trama, el español Francisco González González, señalado como ladero y operador de José Loza. Junto a su ladero, Loza hizo un viaje a Bolivia en mayo de 2017 por apenas dos días. Valdemar, hermano mayor de Erwin y José Gonzalo, de 56 años, era un viejo conocido para la PROCUNAR. Desocupado según él mismo, beneficiario de un plan social del ANSES, Valdemar cayó en Tapiales en 2017 con más de una tonelada de cocaína de alta pureza.

Así, los investigadores argentinos recibieron CDs y documentos de sus pares españoles que incluyeron pinchaduras y seguimientos fotográficos, almuerzos de los imputados en restaurantes, registros de viajes, para conformar un rompecabezas de dos hemisferios. El resultado, con un pedido de elevación a juicio para 11 imputados del clan firmado por los fiscales Turano e Iglesias a fines de septiembre pasado, revela los mecanismos internos de una red narco como pocas veces se vio en la historia reciente de la Justicia penal argentina.

Las conversaciones entre los Loza no solo hablan de movimientos por aire, tierra y mar: otros testimonios apuntan a dos avionetas propias. Los “preñados” no solo se limitaban a paltas y bananas. 600 kilos de polvo presuntamente viajaron en neumáticos de autos de rally, acondicionados en una chacra de San Pedro propiedad de Erwin -comprada en 2010 por 1,5 millones de pesos- y cargados con rumbo a España en navíos de la firma italiana Grimaldi Lines, un trayecto que comenzaba en Bélgica y luego terminaba en Italia. Movían dinero: tenían un sistema de couriers de plata negra que había comenzado en 2012 desde Italia con puntos de salida como Roma y Milán. Erwin Loza, según testimonios, era el supuesto encargado del trámite: 15 millones de euros habrían volado ocultos en valijas con ropa desde 2012 hasta 2015.

Erwin, también, fue señalado como el encargado personal de hacer el flete de la cocaína desde Bolivia o Salta, con vuelos hasta Santa Fe, o un sistema de transporte hasta la ciudad de Buenos Aires y el conurbano en los dobles fondos de camionetas Hyundai. Esta pieza de información es una clave importante. Las causas narco suelen ser historias incompletas, terminan en los detenidos, el material incautado y ya. Nadie dice de dónde viene un producto que puede costar 1500 dólares el kilo en Santa Cruz de la Sierra para valer 30 mil en una cueva de Barcelona, con un alto potencial de estiramiento.

Cochera, pileta y parquet: la mansión de Martínez donde cayó Erwin Loza.
Cochera, pileta y parquet: la mansión de Martínez donde cayó Erwin Loza.

Hoy, nueva información del caso revela también cómo el grupo se abastecía de cocaína, los negocios para hacerse del stock. Los traficantes detrás del caso Carbón Blanco, por ejemplo, trabajaban con un proveedor principal, Delfín Castedo, señalado históricamente como uno de los barones del polvo de la frontera del NOA. Los nombres de José Loza y Castedo se vinculan en un expediente de 1998 del Juzgado Federal Nº3 de Morón, una causa, con supuestos viajes de José y Rafael, hermano de Delfín, con rumbo a Europa y Bolivia.

El clan Loza, por lo visto, no hacía sus tratos con un solo proveedor en sus operaciones que datan al menos de 2008, diez años de correrías narco. Las escuchas entregadas por la Justicia española a la PROCUNAR y al juez Yadarola revelan movimientos por aire, tierra y mar desde puntos como Colombia. Información en la causa vincula a Erwin con los más de 500 kilos de cocaína del caso “Leones Blancos” de diciembre de 2013, encontrados en una casa-quinta en Moreno.

También, para operar en el resto de América Latina, se necesitan enganches, negociadores, gente que negocie y la junte. William Oscar Weston Millones nació en Lima, Perú. Su domicilio para operar comercialmente está en Villa Celina. Es, a simple vista, un empresario, se mostró durante años en redes como un productor apícola entre tambores de miel. En sus redes sociales mostraba, por ejemplo, una marca de productos como polen con un domicilio en Antioquía, en su Perú natal. Con dos números de DNI argentino a su nombre, Weston Millones -un apellido real, no un alias-, registrado en los rubros de servicios financieros de la AFIP, llegó a integrar varias empresas, entre ellas la apícola Reinas Rubias SRL, con base en Cañuelas.

Barcelona: miembros del clan en la calle.
Barcelona: miembros del clan en la calle.

Hoy, Weston Millones está preso en Devoto, cayó en la misma causa que Erwin y su familia, se negó a declarar: Reina Rubias SRL está acusada de lavado, con una ex pareja de Weston y su hija condenadas por narco involucradas en el esquema. Un artículo del diario Correo de Perú lo menciona en el envío de 3300 kilos de cocaína para una mafia liderada por un misterioso serbio llamado “Tito”, con un reconocido piloto autos, Fernando de Olazábal Schettini, alias “Zeus”, como involucrado en la maniobra. Parte de la cocaína se habría intentado mover dentro de contenedores de abeja. El cargamento que contenía ese kilo salió del puerto de Paita en Perú, en el departamento de Piura, uno de los mayores sitios de paso de contenedores.

En abril de 2018 la Guardia de Finanzas Italiana secuestró en el puerto de Vado Ligure en la provincia de Savona, Italia, un kilo de cocaína que parecía olvidado en un hueco de la refrigeración de un contenedor de fruta, un “preñado” que había zarpado de Paita. La investigación italiana vinculó a ese kilo a un peruano y a un italiano. Ese italiano, según los documentos entregados por España, fue observado en Barcelona en reuniones con José Loza y Weston Millones.

El 8 de abril de 2018, otra vez según la causa, José Loza y Weston Millones viajaron juntos a Perú.

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