El chofer debería volver a declarar y en la intimidad sigue diciendo que los quemó. Utilizarían sus propios manuscritos para analizar los cuadernos que estarían en manos de la Justicia.


Por Nicolás Pizzi

La aparición, todavía presunta, de seis de los ocho cuadernos que escribió el chofer Oscar Centeno con rigurosidad castrense conmovió la investigación judicial, amesetada por los tiempos políticos. Los próximos pasos aún no están definidos. Tampoco está claro quién va a intervenir, porque el tramo sustancial de la causa ya fue elevado a juicio oral. Es más, podrían pasar varios días hasta que haya definiciones.

El primer paso, casi ineludible, será comparar los cuadernos -que ya están en poder del juez Claudio Bonadio- con las fotos que había tomado el periodista Diego Cabot y su equipo. “Hay que revisar línea por línea, hoja por hoja, y comparar el contenido”, explicó una fuente de la investigación. Ese trabajo llevaría varias semanas.

La declaración de Centeno también aparece como obligada, aunque su relato sobre el destino de los cuadernos siempre fue contradictorio. Primero dijo que estaban en su casa. Recién cuando llegó al lugar junto al fiscal Carlos Stornelli y la Policía cambió de versión y dijo que los había quemado en la parrilla. Fue después de una charla tensa con su mujer.

El único testigo de la supuesta quema habría sido un amigo, también remisero. “Una tarde de mayo de este año aproximadamente vino mi amigo Miguel Córdoba con su esposa Juana, de quien no recuerdo su apellido, a tomar unos mates. Yo ahí, aprovechando un momento que estaba sólo con Córdoba, le relaté los cuadernos que tenía, donde yo anotaba cosas muy comprometidas y lo que me había hecho Bacigalupo. Y le comenté que los iba a quemar, a lo que él me señaló que sería conveniente”, aseguró Centeno ante el juez Claudio Bonadio en su indagatoria, cuando no está obligado a decir la verdad. Y agregó: ”Ahí me levanté, busqué la caja con los cuadernos, me fui al fondo donde está el quincho y en la parrilla los rompí uno por uno, los amontoné y los quemé. Me quedé atizando el fuego hasta que se terminaron de quemar y Miguel Córdoba me miraba desde la puerta de la cocina que está cerca".

“Lo puede haber dicho por temor”, arriesgó ante Infobae uno de los investigadores. Esa misma fuente sospecha que los cuadernos pueden haber estado bien guardados en la casa, “es una casa muy grande, con muchos escondites”, o que alguien se los llevó del lugar en los días previos al allanamiento. Si eso ocurrió, la Justicia debería investigar un posible encubrimiento y quién participó.

Según pudo saber este medio, Centeno ya está enterado de la aparición de seis cuadernos. En las últimas horas se mantuvo en contacto con su familia y atento a los programas de televisión.

El chofer sigue recluido en una “casa segura” bajo la custodia del Programa de Protección a Testigos. Tarde o temprano, deberá volver a declarar sobre el destino de los cuadernos. Su situación como arrepentido podría modificarse. Esa evaluación seguramente quedará a cargo del TOF 7, sorteado para llevar adelante el juicio.

“Centeno ya mintió en su momento”, minimizó un investigador sobre el futuro judicial del ex chofer de Roberto Baratta.

Aunque Centeno reconozca su letra, parece ineludible una pericia caligráfica. Para eso, se utilizarán otros manuscritos que formen parte de la causa. “Si no hay material suficiente dentro del expediente, se pueden pedir legajos del Ejército o de la Policía”, coincidieron dos investigadores.

La abogada Graciana Peñafort, defensora de Amado Boudou, sugirió que también se realice una pericia dactiloscópica (de huellas digitales) para saber quién tuvo en sus manos los cuadernos.

Por ahora, Centeno sigue diciendo que los famosos cuadernos fueron quemados.
INFOBAE


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