Autor de distintas declaraciones polémicas durante las últimas semanas, el senador peronista se convirtió en uno de los principales defensores del Gobierno, convencido que “hay que dar la batalla” de cara a las elecciones del 27 de octubre.


Por Mariel Fitz Patrick

Desde que fue elegido candidato a vicepresidente de Mauricio Macri, Miguel Ángel Pichetto se convirtió -paradójicamente- en uno de los principales defensores del Gobierno. En medio del clima de derrotismo en el que quedaron sumergidos gran parte de los funcionarios y dirigentes del oficialismo luego de la dura derrota en la PASO, el senador justicialista fue uno de los primeros y más enfáticos en asegurar que, en octubre, Juntos por el Cambio podía revertir ese resultado.

Con 25 años de carrera política sobre sus espaldas, Pichetto es un político de raza y peronista que se caracteriza por su pragmatismo y lealtad al jefe de turno, más allá de sus convicciones personales. Así supo conservar, con cintura política, la jefatura del bloque justicialista desde el gobierno de Carlos Menem. Lleva 18 años en la Cámara alta de forma ininterrumpida, hasta este 10 de diciembre que se termina su mandato.

Respetuoso de la figura presidencial, supo desde que aceptó al candidatura a vicepresidente que su lugar iba ser el que el ordenara su nuevo “jefe” y que las democracias presidencialistas exigen un mandatario fuerte y no una figura devaluada.

Consciente de que una derrota de Macri en las próximas elecciones implicaría una vuelta al llano político, endureció su discurso después de las PASO y levantó su perfil sin escatimar declaraciones polémicas, convencido de que “el peor escenario es no dar la batalla" de cara a octubre. “Estamos en condiciones de recuperar votos y llegar al balotaje, y esa es otra elección”, pronosticó apostando a una segunda vuelta.

En esa estrategia, se alineó discursivamente con Patricia Bullrich, una de las ministras favoritas de Macri. Así, se convirtió junto a la titular de Seguridad y a Elisa Carrió -que juega de líbero dentro del oficialismo- en el vocero impensado de un núcleo macrista puro. Subrayó su discurso de mano dura con el delito, sus críticas al sistema de planes sociales, y la asociación entre extranjeros y narcotráfico.

Con un estilo frontal y “políticamente incorrecto” busca retener a los votantes propios desencantados, y atraer a los de derecha que se fueron con el economista José Luis Espert y Juan José Gómez Centurión, por más que con este último mantenga una diferencia sustancial ya que nunca ocultó su posición a favor de la despenalización del aborto. De hecho, Pichetto encabezó el respaldo en la Cámara alta al proyecto que promovía la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo, que finalmente fue rechazado por los senadores: “Mi postura se inscribe en mi tradición laica. Creo que los temas de Estado son del Estado y los temas de Dios son de Dios”, argumentó tajante en ese momento.

Sabe que la crudeza de algunas de sus declaraciones y posiciones generaron escozor en sectores del oficialismo, que intentaron relativizarlas. “Yo siempre dije las mismas cosas, sigo pensando de la misma manera, y si a alguien le preocupa, me gustaría que me lo diga de frente”, respondió. En su entorno afirman que el Presidente lo convocó para que mantenga su perfil, no para “quedarse callado”.

A continuación, un repaso sobre sus últimas afirmaciones controversiales.

Cristina, Cuba y Venezuela

Hace dos días, en un reportaje radial, el candidato a vicepresidente de Macri no descartó que haya “operadores cubanos dentro de la estructura del kirchnerismo más duro” y apuntó a la influencia que podría tener Cristina Kirchner en un futuro gobierno del Frente de Todos si gana en octubre. Fue después de aseverar que “la señora (como suele referirse a la ex presidenta) está relacionada con Cuba y Venezuela, por eso Fernández (Alberto) no puede hacer su propio pensamiento, creo que el poder en las sombras es muy claro, es ella”.

Tras conducir durante casi dos décadas - y hasta hace cuatro meses- el bloque justicialista de senadores, sus críticas a la compañera de fórmula de Fernández y colega en la Cámara alta se exacerbaron luego de su salto al oficialismo. En una de las sesiones en las que el año pasado se discutía el aumento en la tarifa del gas, cuando la ex mandataria cuestionó por lo bajo al rionegrino diciendo que ella “no se arrodillaba”, Pichetto le contestó: “Claro, usted no se arrodilla, su orgullo es infinito”.

Acostumbrado a los duelos verbales en el Senado, en más de una oportunidad dijo que le encantaría participar de un debate con ella. "La señora tiene ideas que atrasan”, suele decir para descalificar a la que hoy es su adversaria.

Sin embargo, y pese al encono que transmite al referirse a la ex mandataria, no cambió su posición respecto de sus fueros como legisladora, ante los reiterados pedidos de prisión preventiva que le dictó el juez federal Claudio Bonadio, uno de los magistrados de Comodoro Py con el que tiene mejor diálogo. Para el senador, la ex mandataria no tiene aún ninguna condena “firme”, el requisito que debe cumplirse para avanzar con el pedido del magistrado. Esa misma posición tuvo respecto del ex presidente Carlos Menem, condenado por la causa del contrabando de armas, cuando aún faltaba la última palabra de la Corte Suprema.

Su insistencia con el espejo de Venezuela si en Argentina gana el Frente de Todos fue una constante de la campaña. Su posición en relación a ese país caribeño es de absoluta sintonía con la adoptada por Macri y el Grupo de Lima, con una clara condena al régimen de Nicolás Maduro. “Venezuela además de tener una dictadura atroz, está aislada económicamente y está en la pobreza extrema", y que “Fernández sabe que eso es cierto”, disparó.

“No laburan”

Su posición con los planes sociales lo llevó a enfrentarse -aunque no directamente- con la postura de la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, enrolada en el sector del Gobierno más permeable a la realidad que atraviesan los sectores bajos. Fue después de que se conociera el aumento del último índice de pobreza y el de desempleo. Pichetto cuestionó la existencia de planes sociales para argentinos carenciados cuando “los 400.000 venezolanos que ingresaron en el último año -que no conocían ni las calles de Buenos Aires ni el argot porteño- y están todos trabajando”.

Los movimiento sociales que cortaron la Avenida 9 de julio en reclamo por la emergencia alimentaria fueron un blanco reiterado de las críticas del senador justicialista. El candidato a vice de Macri los acusó de pertenecer a los “sectores para los cuales el Estado hace un esfuerzo extraordinario y es una de las causas del endeudamiento público mantener el sistema de seguridad social de la Argentina”.

"El 65 por ciento del total del Presupuesto está comprendido ahí, en planes, piqueteros, cooperativas de la pobreza, cartoneros, multinacionales del cartón”, argumentó. Para el dirigente, estos sectores “forman parte de espacios dirigidos a conmocionar el espacio público, a ayudar un poco a debilitar más al Gobierno. El Gobierno le ha dado todo a esta gente, una parte vital del Presupuesto que podría haber dedicado a las pymes, a créditos para la producción, para generar empleo, y se ha dado a esta gente, que no labura. La Argentina está enferma”.

“Nadie se muere de hambre”

Luego de que el arzobispo de Salta, Mario Antonio Cargnello, le recordara a Macri su fallida promesa de alcanzar “pobreza cero” y le dijera que la provincia le daba "el rostro a la pobreza”, fue Pichetto quien salió a criticar la actitud y los dichos del religioso, mientras otros dirigentes del oficialismo buscaban relativizar las palabras del arzobispo.

El compañero de fórmula del Presidente lo calificó de ser “un hombre poco inteligente” y, tras señalar que la pobreza en Salta, al igual que en el resto del país, es “de larga data” y “estructural”, afirmó que algunos religiosos “sobreactúan para quedar bien con el Papa”. Y agregó: "Francisco no les pide tanto, es mucho más prudente que ellos”.

El senador también cuestionó las denuncias de la Iglesia sobre la situación social. “Me parece exagerada la calificación de emergencia alimentaria. Había emergencia social. De ahí a decir que en Argentina hay hambre, hay un tramo demasiado largo. Hay algunas exageraciones, de la Conferencia Episcopal, de la Iglesia Católica y de algunos sectores que nos colocan en una derrota simbólica muy significativa en Argentina”.

En esa misma línea, continuó: "¿Hay pobreza? Sí. ¿Está consolidada? Está consolidada. ¿Hay que ayudar a esos sectores? Sí. Pero el concepto del hambre, famélico, eso no se da en Argentina. No hay nadie que se muera de hambre. Puede haber calidad de comida”, señaló.

“Hay que reconvertir la cultura, modificar pautas culturales. La pobreza está estratificada, a mucha gente le gusta que haya pobres porque lucran con la pobreza, la Iglesia reza con los pobres, los evangélicos reparten esperanza futura. La verdad es que hay que salir a buscar trabajo”, contraatacó.

Extranjeros y narcotráfico

Su posición respecto de la política de fronteras abiertas y la vinculación de los extranjeros con el delito no es nueva, y le valieron acusaciones de “xenófobo”, que rechazó. Ya en 2014, cuando aún conducía la bancada del Frente para la Victoria bajo el gobierno de Cristina Kirchner, planteó que había que reforzar el control fronterizo y restringir la inmigración para combatir delitos como el narcotráfico. “La mayoría de las organizaciones que manejan la droga en Argentina son de origen peruano. quienes ademas manejan las villas. No soy para nada xenófobo, es realismo", afirmaba cinco años atrás.

“El problema es que nosotros siempre funcionamos como ajuste social de Bolivia y ajuste delictivo de Perú, es interesante el tema. Perú ha resuelto su problema con la seguridad, ha transferido a todo el esquema narcotraficante. Las principales villas de la Argentina están tomadas por peruanos, y por argentinos cómplices, no quiero tampoco discriminar. Ellos resuelven el problema, desde el punto de vista de sus realidades, mejoran incluso el funcionamiento de sus propios países, y Argentina incorpora toda esta resaca donde no tenemos control migratorio. Yo lo que planteo es un debate más frontal del tema, sin desconocer que hay riesgos e indudablemente hay una cultura políticamente correcta que, cuando aparece este tema, todo el mundo se encolumna para pegarle al que abrió la boca”, defendió su postura en ese momento. Cinco años después sigue pensando lo mismo.

De hecho, a principios del mes pasado, cuestionó públicamente la decisión de la Dirección de Migraciones de permitirle a una mujer peruana regresar al país “por cuestiones humanitarias” para reencontrarse con sus hijos. “No sé qué organismo impuso que vuelva esta mujer. La verdad, hay una patología en Argentina. Estamos enfermos. Esta mujer vendía droga a los pibes de Buenos Aires. Una delincuente peruana narcotraficante, que fue condenada a cuatro años, cumplió la condena y la expulsaron. Esto está mal y todo el mundo es solidario con la peruana, es increíble”, se quejó.

Una de las últimas declaraciones que despertó más polémica fue cuando se refirió a la venta de drogas en la villa 1-11-14 en una charla frente a estudiantes de periodismo a partir de la imagen captada por drone. “Había dos colas. Una que manejaba el narcotráfico paraguayo... para no ponerle calificación de nacionalidades, porque después se enojan conmigo, una nacionalidad determinada, que tiene vinculación con la marihuana, hacía la venta de marihuana. Y otros muchachos de afuera del país, que han venido a este país tan generoso, vendían cocaína. Dos colas. Todo esto fue tomado por un drone y después entró la Gendarmería. La verdad, habría que dinamitar todo, que todo vuele por el aire”.

Estas afirmaciones le valieron una denuncia penal por “intimidación pública” e “incitación a la violencia.”

Kicillof, el PC y su “perfil psicológico”

Pocos días después del anuncio de su candidatura como compañero de Macri, y al salir de un almuerzo con la denominada “ala peronista” del oficialismo en una parrilla porteña, buscó acicatear el malestar de un grupo de intendentes peronistas del Gran Buenos Aires por la designación de Axel Kicillof como candidato a gobernador.

“Es importante hacer una reflexión, el peronismo en la provincia de Buenos Aires lleva a alguien del PC como candidato, un hombre que tiene sus orígenes en el Partido Comunista. Estoy hablando de Axel Kicillof. Estas son las grandes distorsiones de esta propuesta de Unidad Ciudadana y el peronismo que apoya esa alternativa. Un hombre que viene de las filas del PC y va a representar la figura de candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires. Los compañeros del peronismo tienen que reflexionar sobre eso”, declaró sin inmutarse.

La reacción del PJ no se hizo esperar. Lo acusaron de “macarthista y tránsfuga”. El presidente del bloque de Diputados del Frente para Victoria, Agustín Rossi, le reclamó que “no sea ladrón" y “devolviera” la banca del Consejo de la Magistratura que "le robó a la oposición”. Pichetto terminaría renunciando cinco días después a su lugar en ese organismo, al que había accedido como representante del Justicialismo en el Senado, tras un acuerdo con el Frente Renovador y el FPV.

Kicillof volvió a ser destinatario de las críticas del senador rionegrino esta semana. Fue luego de que el candidato a gobernador por la provincia de Buenos Aires cuestionara la política de seguridad del Gobierno y dijera que "con la pérdida de empleo hay gente que se dedica a vender droga porque se quedó sin laburo, obviamente es un delito, pero no pasa por ahí el fenómeno”.

Pichetto calificó los dichos de Kicillof como “una verdadera estupidez” y señaló que "definen el perfil y la psicología que tiene este personaje que quiere gobernar al principal distrito de la Argentina”. También advirtió que que “podría alentar el saqueo, el robo a bancos y a matar gente”.

“Revolución imaginaria”

El pedido de “reescribir la historia con una revalorización positiva” de la guerrilla de los años ’70 que pidió el intelectual Horacio González mereció otra réplica de Pichetto, no exenta de ironía. “Reforma agraria, expropiación, ‘tomemos los shoppings’. Los que tengan una vivienda de más, porque a lo mejor es el ahorro de toda su vida, una casa y un departamento, el departamento lo van a tener que entregar a la revolución. No se sabe qué revolución imaginaria quieren construir en el siglo XXI, son ideas viejas, que atrasan 70 años, y esto es lo que está en debate en la sociedad argentina: el destino del país, de la gente, en o que viene, que es la elección importante“.

Pichetto ha venido defendiendo “un capitalismo ordenado”, como pregona Macri, y valora la “previsibilidad”, el pago de los compromisos financieros, una apertura al exterior y “una diplomacia presidencial” con vínculos con los principales países del mundo occidental. A diferencia de muchos de sus ex compañeros del justicialismo, no reniega del peso que tiene Estados Unidos en la región, y la importancia de mantener buenas relaciones con el país del norte.

Su futuro político

Antes de llegar al Senado a fines del 2001 -va por su tercer período consecutivo-, Pichetto fue diputado nacional por Río Negro desde 1993.

Ante una factible derrota de la fórmula oficialista que integra, algunas versiones que que indicaban que buscaría un lugar en la Auditoría General de la Nación al terminar su mandato en el Senado. Sin embargo, él lo descartó. “Yo he tenido un ciclo largo en la política, tengo 18 años en el Senado y las cosas se terminan; no dramatizo. Si perdemos, no voy a dejar la política, lo voy a hacer desde afuera del cargo público, voy a seguir comprometido con el conjunto de ideas que quise mantener dentro de mi partido y no pude porque ganaron otras visiones del pensamiento mágico, del modelo de igualitarismo estúpido que nos lleva al fracaso", aseguró hace unos días.
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