Facundo Pastor tiene 40 años. Comenzó muy joven en los medios, como asistente de producción de Bernardo Neustadt, cuando tenía 16. Es periodista, abogado y productor.

Desde 2002 está a cargo de judiciales para el noticiero de América. Su programa Documentos América fue galardonado con el Martín Fierro y el premio del prestigioso New York Festival. Desde 2007 conduce Foja cero, su espacio radial en La Red (AM 910), los sábados a la mañana. También es el editor general de la revista 1986, sobre River Plate.

-Hay días que entre América y A24 se te ve casi toda la tarde y noche en la pantalla. ¿Cómo es el día de Facundo Pastor?

-Preparo desde muy temprano temas para el noticiero de las 19 y para Pamela a la tarde (ambos en América). También para A24 (es parte de 4 Días, el ciclo de Luis Majul). Cuando vos laburás para distintos proyectos tenés que alimentar a todos con información. Tenés que estar enchufado todo el día.

-¿Te inhibe ser columnista de Pamela (David), siendo la mujer de Daniel Vila, el dueño o es una más?

-Pamela es muy profesional, muy divertida, muy generosa, labura hace mucho tiempo. Cuando uno está sentado en un panel, tiene que trabajar siempre mirando lo que hace el conductor, atento a jugar, a sostener momentos de los conductores. Lo hago con Pamela, con Guillermo Andino y Mónica Gutiérrez, con Luis Majul. Cuando me toca conducir, pretendo que el que está ubicado en una mesa de laburo sepa pimponear de esa misma manera, buscando lo mejor para el programa.

-¿Cuál fue tu primer trabajo interesante? La gente te empezó a conocer como cronista de Radio 10.

-Aquella aparición en Radio 10 como cronista fue algo que yo siempre había soñado: laburar en la calle, haciendo periodismo. Tenía experiencias como productor de móviles en TV, pero nunca le había puesto voz propia a eso, y también fue increíble porque yo llegue a esa radio cuando la radio estaba germinando y vi el proceso de cómo Hadad la puso primera. Y eso también fue muy intenso.

-Los cronistas de La 10 son hoy todos conocidos: Ronen Suarc, Rodrigo Lussich, Analía Franchín, vos.

-La mitad o más de la mitad del país escuchaba La 10. Yo era cronista del turno mañana, de Daniel Hadad, del Negro Oro, después un tiempo de Marcelo Longobardi, pero sobre todo era cronista del servicio informativo. Hadad nos había inculcado que una radio AM se consolidaba desde su servicio informativo. Tu vida como cronista era tratar de meter una bomba cada media hora. Para mí fue una gran escuela. Al cronista lo dejé en esa radio, sentí que ya había cumplido una etapa.

-¿Cómo ves el trabajo de cronista hoy? Sandra Borghi levantó polémica con sus opiniones.

-Yo creo que siempre hay competencia periodística. Si no estuviera hablaría mal de los que están en la calle. Yo competía. En mi época, había dos generaciones en un mismo espacio: los que tenían diez o quince años más que nosotros y los que buscábamos un lugar. Vos elegías romper los códigos y perderte la posibilidad de aprender de los más grandes. Era un camino, y algunos lo seguían. Yo elegí competir fuerte. Todos sabían que iba detrás de la información, pero también supe entender a los colegas más experimentados.

"Cuando llegó (el cuerpo de Yabrán) a la cochería de Gualeguaychú, hubo un tumulto, y vi la oportunidad de quedarme adentro para ver qué podía conseguir. Buscaba la noticia" "Cuando llegó (el cuerpo de Yabrán) a la cochería de Gualeguaychú, hubo un tumulto, y vi la oportunidad de quedarme adentro para ver qué podía conseguir. Buscaba la noticia" Fuente: LA NACION - Crédito: Hernán Zenteno

-¿Cuál fue el caso policial que más te impactó?

-La muerte de Yabrán. Cuando era productor me quedé encerrado con el cadáver. Esa anécdota y algunas cosas que están pasando son el inicio de un proyecto que puede llegar a tener el eje en eso que me pasó a mí o al personaje de con quien me quedé encerrado.

-La leyenda dice que fuiste a la cochería y te quedaste encerrado.

-Yo era productor de móviles de América. Cuando muere Yabrán, pedí viajar a Entre Ríos y, cuando llegué, su cuerpo ya estaba en la morgue. Primero sacaron un cuerpo distinto en una ambulancia, al rato salió el de Yabrán y lo seguimos. Cuando llegó a la cochería de Gualeguaychú, hubo un tumulto, y vi la oportunidad de quedarme adentro para ver qué podía conseguir. Buscaba la noticia. Al principio me obsesioné por saber si era o no era Yabrán, después la Justicia comprobó su identidad. Muchas veces cuento la anécdota y hay gente que no me cree. Es una historia que por algún motivo está permanentemente volviendo a mi vida periodística.
Por: Pablo Montagna

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