Empezó el segundo tiempo. Mientras, Tío Alberto tira la pelota afuera y hace tiempo.


Alejandro Borensztein
"Hasta que el silencio aturda a la Presidenta". Es el texto que escribió Alberto F. en 2015 sobre el memorándum firmado con los iraníes y el encubrimiento de Cristina, hoy su compañera de fórmula.
De todas las cosas buenas que hizo el gobierno de Macri, sin duda alguna la más exitosa fue volver a poner al kirchnerismo en la puerta de la Casa Rosada y darle así la oportunidad de reconciliarse con la vida y no pasar a la posteridad como una desopilante batucada autoritaria que bartoleó la mejor década económica que alguna vez haya tenido el mundo.

Yo sospecho que este logro no estaba en el plan original de Cambiemos ni mucho menos era lo que esperaban sus votantes en 2015. Pero así se dieron las cosas y, a menos que el Gato y su pandilla reaccionen y la den vuelta, habrá que ir asumiendo la buena nueva.

El Gobierno sigue concentrado tratando de que no se le venga en banda la estantería y sueña con la remontada heroica. Si bien en el fútbol lo hemos visto muchas veces, en política es un poco más complicado. Por ahora el partido sigue 3 a 0 abajo, ya empezó el segundo tiempo y Giunta no aparece.

Mientras tanto, Tío Alberto tira la pelota afuera y hace tiempo. Juega para el costado, la distrae a Cristina para que no hable y trata de conservar los votos sin desautorizar a nadie con declaraciones tales como “está mal tomar los shoppings pero Grabois es un buen muchacho”.

A pesar de todo su esfuerzo, le cuesta esconder a los monstruos. Su otra frase “no me van a convencer de cambiar la Constitución” es una clara prueba de que atrás de él hay mucha gente tratando, justamente, de convencerlo para cambiarla.

Zaffaroni ya lo dijo públicamente, Cristina habla de “nuevo contrato social” y “nuevo orden” y Wado de Pedro recibe a los visitantes del Instituto Patria con un cálido “buenos días, bienvenidos al cuartel general de la nueva constitución revolucionaria, ¿¿un cafecito??”. Bueno, tal vez exageré un poco con lo del cafecito.

Sin embargo y pese a todo esto, flota en el aire de la política una idea de moderarse hacia el centro, cerrar la grieta y empezar a buscar consensos. Se huele un aroma a unidad, lo cual es razonable porque en el fondo no hay otro camino.

Aunque no lo diga, si gana Tío Alberto seguramente va a hacer lo mismo que intentó Macri, pero sin cometer el error de pretender hacerlo en soledad sino más bien buscando acuerdos políticos. Le va a costar un poco convencer a los amigos de Máximo y a la mamá de Máximo, pero tampoco es tan difícil. Menem lo hizo.

De hecho, esta semana Moyano ya avisó que está dispuesto a flexibilizar los convenios laborales. Si se lo hubiera pedido Macri le quemaba el país, pero como se lo pidió Tío Alberto “es por la unidad de todos los argentinos”. Especialmente los argentinos peronistas. Me dan ternura, al final siempre son comedia.

Como el horno no está para bollos ha comenzado a expandirse la idea de que no hay otra salida más que la unión y el fin de la grieta. Pero para eso hace falta mucho corazón y misericordia. Perdón, perdón, que grande sos.

Los macristas deberán hacer un esfuerzo mayor. Tienen que perdonar un cachivache de 12 años mientras los kirchneristas sólo deben perdonar 4. Suena injusto pero así es la vida. Se compensa un mayor desastre a perdonar con el hecho de que el macrista es más reflexivo, digamos más perdonador. El kirchnerista, en cambio, es un poquito más fanático. Si te perdona 4 años te podés dar por satisfecho.

Son perfiles políticos bien distintos. Los Kirchner hicieron un desastre mientras sus seguidores los aplaudían. A Macri, sus votantes le marcaron los errores desde el primer día.

Cristina fracasó con todos sus seguidores ovacionándola y Macri fracasó con todos sus seguidores puteándolo.

En el fondo, la profunda diferencia es que unos están acostumbrados al verticalismo militar autoritario mientras que los otros son más de apoyar y cuestionar al mismo tiempo, como corresponde a toda sociedad civilizada, democrática y moderna (como la noruega, no la nuestra).

La lista de cosas a perdonarse mutuamente para lograr cerrar esta grieta y aunar esfuerzos es interminable. Y muchas veces desbalanceada e injusta.

De sólo pensar que los casilleros que ocupan Carolina Stanley y Maria Eugenia Vidal, del otro lado lo ocuparon Alicia Kirchner y Daniel Scioli, los perdones se complican un poquito. Pero hay que tener grandeza.

Amigo lector, sé que no es fácil pero habrá que ablandar los corazones. Gane quien gane, usted se va a tener que amigar, por ejemplo, con Tío Alberto, un tipo que siendo Jefe de Gabinete de Néstor (y de Muñoz) dice no haber visto nunca nada. Ni un bolsito.

¿Le podemos creer? No importa. Tenemos que hacer como que le creemos y amigarnos entre todos porque la unidad hay que hacerla con estos tipos. No con los noruegos.

Lo hemos puteado a Macri durante 4 años por no hacer acuerdos con la oposición. Según decía él, no había una oposición confiable. Obvio, no eran Macrón. Trudeau y Obama. Eran Massa, Moyano y Fernández. Pero es lo que había.

Ahora es igual. No tenés un Felipe González para abrazarte. Tenés un Felipe Solá. Es con estos muchachos que tenes que hacer la unión nacional.

A los kirchneristas les pasa lo mismo. Tendrán que aceptar que el Gato es un hombre de bien que hace todo lo que puede y no un “sinvergüenza” como esta semana dijo el estadista de la unidad nacional, Tío Alberto, o una “mala persona” como antes dijo la candidata a Premio Nobel de Literatura y de la Paz, Cristina Kirchner. Hagamos de cuenta que ese día ninguno de los dos tomó la pastillita, salgamos del barro y avancemos.

Personalmente no tengo problemas en superar la grieta, salvo un pequeño detalle. Veamos.

Durante 7 años, desde mayo de 2008 a enero de 2015, me divertí desnudando las arbitrariedades de la política nacional cuya mejor expresión era el creciente delirio autoritario kirchnerista personificado en Moreno, De Vido, Boudou y tantos otros. Y por supuesto la Jefa de todos ellos. Sin embargo, siempre mantuve un guiño respetuoso y cómplice con la ex presidenta llamándola “Compañera Jefa”. Hasta que apareció Nisman.

Ese día cambió todo. A partir de ese momento se terminó “Compañera Jefa” para siempre y así lo escribí en la nota del 25 de enero de 2015 titulada “Cristina, Delfín y Mojarrita”.

Pocos días después, el 16 de febrero de 2015, el actual candidato a presidente Alberto Fernández escribió una nota en La Nación bajo el título “Hasta que el silencio aturda a la Presidenta”. Textualmente expresó: “Cristina sabe que ha mentido y que el memorándum firmado con los iraníes solo buscó encubrir a los acusados”. Y luego agregó: “Solo un necio diría que el encubrimiento presidencial no está probado”.

No fue una declaración verbal en radio o televisión. Fue un texto. Lo escribió. Y cuando se escribe, antes de publicarlo, se lee, se relee, se piensa dos veces. No fue un comentario al paso o sacado de contexto. Tampoco es la simple opinión de un político. Está escrito por un profesor de derecho, ahora candidato presidencial, y se refiere a su actual compañera de fórmula.

Es la tercera vez que publico esto y todavía nadie le preguntó nada al respecto. A mí me resulta muy difícil avanzar sin aclarar este punto. Y mucho más dificil aún recuperar el humor.

Mejor cerremos con un viejo chiste. Un tipo cae del tercer piso y queda despatarrado en la vereda todo roto pero con vida. Se le acerca uno y le pregunta: “¿le duele?” El tipo lo mira y le contesta: “solo cuando me río”. Este chiste ilustra mi manera de enfrentar los desencantos de la vida.

Si Tío Alberto no aclara su acusación de encubrimiento presidencial, no habrá manera de pensar que sólo me duele cuando me río.
CLARIN


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