El programa que aplicó Portugal fue muy duro. Bajaron los salarios públicos y las jubilaciones y creció el desempleo y la pobreza. Por qué está en boca de los principales referentes K.

Oscar Martínez

La “salida a la portuguesa”, la “renegociación con el FMI a la portuguesa” y distintas variantes semánticas por el estilo, adornaron el discurso de los principales referentes de la oposición. Cristina Fernández, Alberto Fernández (que el viernes pasado se reunió con el premier portugués, António Costa), Sergio Massa y hasta el capacitado Axel Kicillof introdujeron “a la portuguesa” en sus presentaciones y proyectos.

Sin embargo, de haberse preocupado por saber algo más sobre el “modelo portugués”, quizás cambiarían de opinión. En verdad, ahora se están viviendo algunos, y sólo algunos, brotes verdes en lo que fue un ajuste económico casi inédito por su severidad y profundidad.

El “caso portugués” fue, así, noticia, pero por algunos de sus resultados parciales, no por el camino recorrido. Pero hay literatura sobre el caso y una de las más abarcativa es un trabajo dela consultora LCG, “Portugal, la pelicula detrás de la foto. No existe almuerzo gratis”.
El ajuste de la economía portuguesa

La síntesis ejecutiva del trabajo que abunda en gráficos demostrativos, señala que más allá de la atención que genera el caso de Portugal, la situación local tiene particularidades que dificultarían su aplicación.

Respecto de Portugal, señala que se trata de una economía que ingresó a la Unión Europea con una estructura débil y con los fundamentals macro deteriorados. En 2008, con la crisis de Lehmann Brothers y sus consecuencias globales, todo se agravó. Ese año, el déficit de cuenta corriente trepó al 12% del PBI y en 2010, el déficit primario alcanzó el 8,5% del PBI. A Portugal se le cerró el mercado de deuda voluntaria después de implementar tres Programas de Estabilidad y Crecimiento (PEC).

Por eso, en 2011, el gobierno portugués firmó un paquete de ayuda por 78.097 millones de euros con la entonces bautizada Troika: Banco Central Europeo, Comisión Europea y Fondo Monetario Internacional.

El ajuste

El Programa de Asistencia Económica y Financiera (PAEF) acordado condujo, naturalmente, a profundizar el disciplinamiento fiscal en marcha. El trabajo de LCG detalla algunas de las medidas adoptadas: * El salario mínimo se mantuvo sin cambios durante cuatro años en 485 euros (una cantidad significativa en la Argentina, pero escaso en Europa).

* El salario de los empleados públicos se congeló entre 2012 y 2014.

* En 2012 se eliminaron los dos salarios complementarios (aguinaldos en nuestro caso) a empleados públicos, jubilados y pensionados.

* Entre 2012 y 2014 se suspendieron las jubilaciones anticipadas.

* En 2013 se amplió la jornada laboral de 35 a 40 horas semanales.

* Sin la herramienta de política cambiaria, la devaluación fue interna con una caída en el costo laboral del 8% en tres años (2010-2012).

Las consecuencias no escaparon de lo esperable:

* El desempleo creció de 7,5% en 2008 a 16% en 2012.

* Crecieron los empleos de baja calificación, por tiempo limitado y con mucha rotación.

* Entre 2013 y 2014, la pobreza alcanzó al 27,5% de la población.

Beneficios

Pero también hubo algunos resultados virtuosos en el programa de rescate portugués entre 2011 y 2014, ya que “en paralelo con el saneamiento fiscal y la mejora en la competitividad “ , el país consiguió bajar el costo del financiamiento y volver al mercados voluntario de deuda en 2014.

Tan significativa fue la reducción que, destaca LCG, “aceleró la devolución del préstamo del FMI, permitiendo ahorrar la carga de los intereses, ya que el mercado podía financiarse a tasas de interés mas bajas”.

Sin embargo, esto no fue mérito solamente del ajuste fiscal. La clave del éxito de las emisiones fueron las compras efectuadas por el Banco Central Europeo en el mercado secundario. En total, el BCE llegó a comprar 40.000 millones de euros en títulos portugueses, el 15% del total de la deuda pública portuguesa.

Por otra parte, la reducción del costo laboral en Portugal por encima del promedio europeo, en “un contexto de libre circulación de factores”, provocó un rápido aumento de las exportaciones. En 2013, comienzo de la tendencia, las cantidades exportadas crecieron 7% anual y fueron el motor del crecimiento del PBI ese año. En los cinco años posteriores, promediaron una suba del 5% anual acumulativo. Con esta dinámica se logró equilibrar la cuenta corriente.

El turismo también impulsó el crecimiento. La llegada de visitantes, básicamente europeos, rompe récords año tras año (sumó un crecimiento del 57% entre 2013 y 2017) y la participación del sector en el PBI pasó del 9% en 2010 al 14% en 2017.

El otro gran equilibrio fue el fiscal. “Ni el 1% aprobado por el Parlamento, ni el 0,7% previsto por el Gobierno. Portugal cerró 2018 con un déficit del 0,5% del PBI, el más bajo desde que se instauró la democracia en 1974”, describió el diario El País. Claro que, por otra parte, “los portugueses también cerraron el año con la mayor carga fiscal de la historia: de cada 100 euros producidos, 35,4 van para pagar impuestos”.

Con estos equilibrios en la mano, el gobierno socialista dejó atrás la austeridad y comenzó una política de ingresos expansiva: suben los salarios, aumentan las pensiones y se reducen algunos impuestos. Como la frutilla, los empleados públicos volvieron a trabajar las 35 horas semanales pre-ajuste.

El juego de las diferencias

El presente portugués luce mucho mejor que el argentino. Claro que a la hora de comparar, y a pesar de que parte importante del ajuste ya se realizó, habría un par de elementos que no deberían faltar sobre la mesa.

El primero, es la obviedad de que se trata de un país que forma parte de la Unión Europea. Esto le permitió acceder a fondos con una tasa impensada para la Argentina y con un prestamista de última instancia que salió a recomprar bonos para facilitar, y financiar, la salida a la crisis.

En segundo lugar, y más alla de las evidentes diferencias en la estructura económica y el tamaño relativo de ambos países, hay un dato que exhibe cierto grado de “facilidad” para ajustar sin morir en el intento: en lo que va del año, la inflación acumulada en Portugal es -0,3% (Global-rates.com). Y en los años del pleno ajuste fue del 2,51% en 2010; 3,49% en 2011; 2,09% en 2012; 0,17% en 2013 y -0,27% (sí, deflación) en 2014. Aquí, ya vamos por el 55% y sin pronósticos favorables.
CLARIN


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