Desde casas de muñecas hasta pasas de uva ecológicas: cada vez son más los casos de exportaciones de productos no tradicionales

La Argentina está vendiendo en el extranjero un listado de rarezas que va de preservativos a juguetes; de carne de ciervo a accesorios para Barbie; de pelucas a rompecabezas. Uno de los casos más curiosos es el de la venta a los Estados Unidos de casas para muñecas Barbie. "Made in Córdoba", las viviendas en cuestión miden 1,40 metro de altura, tienen tres niveles que reproducen en escala dormitorios, cocina, baño, comedor y demás habitaciones de una casa tradicional. Fabricadas en la localidad de Colazo por la empresa Hipólito Dadone, desde hace cuatro años se exportan 50 mil unidades anuales. Este es el producto quizá más simpático de la firma, pero no el único.

"También comercializamos en Estado Unidos muebles de madera maciza. Vendemos por US$ 2 millones, un monto que parece chico, pero no lo es en la categoría de muebles nacionales de exportación", cuenta con orgullo Soledad Dadone, de 26 años, encargada del departamento de comercio exterior y recuerda que el origen de la empresa fue un minúsculo taller que tenía su abuelo. "No competimos con Asia porque es imposible llegar a los costos que ellos tienen -aclara-, pero sí con Chile, Brasil y México."

Otros cordobeses que exportan productos atípicos son los de Madernit. Venden en colegios de México, Perú, Uruguay y Venezuela, series tipo rompecabezas, construidas de madera, que se utilizan en las escuelas para explicar ciclos biológicos o cadenas de procesos productivos. "Lo hacemos desde 1993 . Hemos licitado operaciones asistidos por el Banco Mundial", dice Enrique Boixados, directivo de la compañía. El año último exportaron US$ 600 mil en material didáctico, tienen expectativas por vender en Estados Unidos y están por empezar a distribuir en Dinamarca camioncitos, autos y trenes.

Hasta profilácticos argentinos empiezan a circular por el planeta. Según informan en la Dirección de Servicio de Promoción de Exportaciones de Cancillería, Naciones Unidas (UN), organismo que adquiere desde bienes hasta servicios por tres mil millones por año, compró a la firma santafecina Cidal US$ 800.000 en preservativos, producto que reparte especialmente en Africa en sus campañas de lucha contra el SIDA y control de la natalidad. Las delgadas y elásticas garras de pollo encontraron ávidos compradores asiáticos. "Antes se tiraban, ahora se venden. Enviamos 100 toneladas por mes a Hong Kong de garras escaldadas y peladas, sin uñas", cuenta Daniel Godin, de Las Camelias, establecimiento agrícola de la familia Marsó.
Pelucas y carne de ciervo

Otra exportación no convencional es la venta de pelucas. Producidas artesanalmente con pelo natural, una empresa argentina vende en Estados Unidos entre US$ 50.000 y US$ 60.000 anuales en melenas postizas destinadas a cubrir parte de la demanda de las mujeres que pertenecen a determinadas comunidades religiosas. Aunque el negocio podría ser mayor, no se expande por falta de materia prima. No abunda la oferta de mechones, mucho menos de pelos de calidad: deben tener un grosor determinado y medir, como mínimo, 50 centímetros.

Hay más casos en la cascada de exportaciones poco conocidas y aún de escaso desarrollo. Leony Staudt, por ejemplo, ha logrado conquistar a unos cuantos compradores europeos y estadounidenses con sus hierbas aromáticas y flores de lavanda cultivadas ecológicamente en Sierra de la Ventana, provincia de Buenos Aires. Por año vende US$ 40.000 dólares en productos orgánicos. Por supuesto, hay más exportadores del segmento orgánico: se venden pasas de uva, soja, algunas especies de hortalizas, cítricos y aceites, entre otros alimentos. En total se comercializa en el extranjero US$ 20 millones en comestibles biológicos.

La carne de ciervo busca también un espacio en el mercado global. El grupo de productores locales (15 criadores) ha realizado exportaciones piloto a Brasil y Alemania (50 toneladas en total) y esperan ir afianzándose entre los proveedores internacionales. "Sólo Alemania adquiere 15.000 toneladas por año. Nuestro cuello de botella son los frigoríficos, pero ya tenemos tres autorizados para hacer faena de exportación", comenta el español Gonzalo Piñas Postill, propietario, junto con su mujer, de 1500 ejemplares en un campo de General Alvear, provincia de Buenos Aires.
LA NACION


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