Ante la crisis, en los bancos se multiplican los pedidos. El alquiler puede variar entre 1.000 y 2.500 pesos mensuales.

Martín Bidegaray

El corralito/corralón despojó de dólares a miles de ahorristas. La imagen quedó en la memoria de los sufridos pasajeros de esa pesadilla. Cuando recuperaron la confianza y volvieron a los bancos, buscaron una forma de guardar sus billetes en cofres. Las entidades agregaron más cajas de seguridad -un producto que ya tenían- para ese fin. Y cada vez que hay zozobra cambiaria -como la actual, con una importante salida de depósitos en dólares-, la demanda de ese producto se multiplica.

Las consultas por cajas de seguridad explotaron por estos días. Desde la semana pasada, las sucursales de los bancos están inundadas de pedidos para acceder a ese producto, que puede costar desde $ 2.300 hasta $ 8.600 trimestrales. A diferencia de depósitos o plazos fijos -cuya conversión decidió el Estado en varias crisis-, las cajas son “propiedad privada” por ley. Su apertura sólo puede hacerse con orden judicial.

Quizás por esta razón, también los precios fueron retocados en los últimos meses. A medida que crece la demanda, quienes poseen cajas para ofertar las cobran más caro.

Clarín consultó con una decena de bancos sobre las preguntas de los clientes y la disponibilidad. En casi todos los casos confirmaron que el público está buscando cofres para guardar sus valores. “Está muy difícil conseguir. En las sucursales hay que anotarse y esperar. Quedan, pero pocas”, comentan en las entidades.

Entre 2016 y 2018 hubo caída en la actividad de las cajas de seguridad. Fue por la estabilidad cambiaria (hasta mayo de 2018) y la sensación de que la actual administración no ponía en riesgos los depósitos. Muchos clientes dejaron de pagar hasta $ 9.600 anuales para mantener la caja más chiquita. “Les resultaba caro pagar US$ 500 (a fines de 2017) para algo que no estaban usando”, describe un empleado de ese rubro en un banco nacional.

Sólo en Banco Provincia contaron que no “ven grandes variaciones en la demanda”. Poseen entre 81% y 82% de sus 56.000 cajas de seguridad ocupadas. Lo que implica que hay poca disponibilidad.

El interés por esta forma de resguardo resurgió luego de la última devaluación abrupta del dólar, tras el resultado de las elecciones primarias. Y se profundizó desde la semana pasada, con los anuncios de cambios en los pagos de deuda pública. Los clientes que fueron a sacar dólares no quieren llevarlos a su casa o el colchón y optan por las cajas, según razonan en las entidades.

“Hoy (por ayer) hubo muchas consultas, pero ya las hay desde la semana pasada”, apuntan en todos los bancos. En Santander Río, HSBC y el Ciudad aún cuentan con cajas en sus sucursales. En el caso del banco porteño, hay más posibilidades de conseguirlas en los barrios que en las oficinas de microcentro, que están colmadas. Hay otras entidades que prefieren no detallar si les queda espacio. “Siempre hubo pocas. La oferta de cajas es muy inelástica porque para poder tener más hay que hacer obras de infraestructura o depende de que se inauguran nuevas sucursales”, detallaron en una entidad.

La recomendación para los que buscan es que se acerquen directamente a las sucursales. No se responden consultas de este tipo por teléfono o correo electrónico, dada la privacidad de la operación.

Las cajas de seguridad tienen una profundidad de 50 centímetros. La diferencia es el ancho y alto: de 10 por 15 cm (pequeña), 20 por 30 (mediana) y 30 por 30 (grande). Aunque cada banco maneja su propio tarifario, casi ninguna entidad baja de $ 8.200 a $ 15.100 anuales, pagaderos en cuatro débitos trimestrales sobre una caja de ahorro. En todos los casos, hay que agregar un 21% de IVA.
CLARIN


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