Nací el 12 de julio de 1985. Tengo 34 años y vivo en la Argentina.


Por Jonatan Viale
Argentina es un país que queda en el sur de Sudamérica. Vivimos casi 45 millones de personas. Y, más o menos, cada 15 años pasa lo mismo. La economía colapsa y vivimos una crisis que nos vuelve a empobrecer todavía más.

Pese a mi relativa corta edad, les cuento que ya me tocó vivir tres crisis terminales. En la primera era muy chiquito. Tenía solo 4 años. Fue en 1989. El gobierno del Dr. Alfonsín terminó con híperinflación, estallido social y adelantamiento de elecciones.

En la segunda era adolescente, pero la recuerdo muy bien. Fue entre el 2001 y el 2002. El gobierno de Fernando De la Rúa terminó poniendo un "corralito" a los depósitos de la gente en los bancos. Luego vino Eduardo Duhalde y directamente puso un "corralón" pesificando de manera compulsiva el ahorro en dólares de muchas personas y empresas.

La tercera crisis terminal de mi país, llamado Argentina, la estamos viviendo en estos momentos. El gobierno del ingeniero Macri devaluó la moneda argentina. Hace menos de un año y medio un dólar valía $20. Hoy un dólar vale el triple, más de $60.

Argentina se endeudó con el Fondo Monetario Internacional (FMI) en más de USD 57.000 millones. El crédito más grande de la historia del FMI. El gobierno de Macri no pudo pagar su propia deuda y lo defaulteó. Se perdieron un quinto de las reservas del Banco Central en 20 días para contener el precio del dólar y aún así no pudieron.

Se produjo una corrida cambiaria que se está convirtiendo en una corrida bancaria. Y terminó poniendo un cepo a las operaciones que superen los U$S 10.000 por mes. El mismo cepo que criticaban.

En mis 34 años de vida es la tercera vez que veo morir a mi país. Y con esa muerte, mueren las esperanzas de cambio, la confianza en mi moneda, los gobiernos, los bancos, las instituciones y la confianza en nosotros mismos.

¿Qué le voy a contar a mi hijo que se llama Romeo y que tiene 3 años? ¿Qué le voy a decir de su país? No sé. ¿Le voy a tener que decir lo mismo que me dijo mi papá?. ¿Le voy a tener que decir lo mismo que mi abuelo le dijo a mi papá?¿Le voy a tener que decir que Argentina es un país sin remedio ni solución?¿Le voy a tener que decir que cuando él sea adolescente seguramente va a vivir lo mismo que yo estoy viviendo ahora?

¿Qué le voy a decir a Romeo? Le voy a tener que decir la verdad. Que probamos de todas las formas posibles. Con gobierno social demócratas, como Alfonsín; con gobiernos neoliberales como Menem; con gobiernos estatistas como los Kirchner, con gobiernos supuestamente liberales como el de Macri. Y siempre terminamos igual, o peor. Porque en realidad estamos peor.

Voy a terminar pensando que Simón Kuznets tiene razón cuando dice que hay cuatro clases de países: los desarrollados, los que están en vías de desarrollo, Japón y Argentina.

La historia de Argentina es como el juego de la Oca. No hacen creer que avanzamos, pero al final siempre caemos en la trampa y retrocedemos 20 casilleros para volver a empezar.

Argentina hoy no existe. Argentina dejó de existir hace ya mucho tiempo. Piensen que la economía argentina ha pasado en recesión 22 de los últimos 57 años. No existe un país así en ningún lugar del mundo.

Y el absurdo se produce cuando el gobierno de los mejores técnicos, de los más capacitados, de la meritocracia, del mejor equipo de los últimos 50 años, termina devolviendo un verdadero desastre, peor del que recibió.

¿Qué nos dejan? Una deuda impagable. Tan impagable que ellos mismos la defautearon. Un dólar imposible. En más de $60. Tan imposible que ellos mismos lo enceparon. Una inflación indomable. Que todavía puede convertirse en híper. Un Banco Central sin reservas. Movimientos piqueteros que ellos mismo alimentaron y ahora no pueden controlar. Como la criatura de Frankestein.

¿Cuál es el problema? Que el kirchnerismo ya había dejado todo eso en diciembre de 2015. Pero Cambiemos se encargó de profundizarlo. En lugar de salir del default, dejaron uno más grande. En lugar de bajar la inflación, la duplicaron. En lugar de reemplazar laburo con planes sociales, los multiplicaron. Es un fracaso que duele mucho.

¿Por qué termina siendo un fracaso? Porque hicieron todo al revés de lo que prometieron. Porque convirtieron un mal sueño en una pesadilla. Porque transformaron un incendio en un volcán en erupción.

Le quiero contar a todo aquel que nunca estuvo en la Argentina lo triste que es vivir en mi país. Duele mucho. Yo soy de una clase social más acomodada, pero a los laburante les duele en serio este país.

En mi país no sabemos lo que pasa con nuestra plata. Los ricos, los medianos y los pobres tenemos que ir al banco a pedir por favor que nos den la plata. Tenemos miedo que el Gobierno de turno nos confisque los ahorros como ya pasó en el 2001.

En mi país no sabemos lo que pasa con nuestra plata. No sabemos cuánto valen las cosas. Porque todos los meses suben entre 5 y 6 por ciento o más.

En mi país el Banco Central nos da unas letras que rinden 85% anual para que no compremos dólares y después el Gobierno te dice que no te las puede pagar.

En mi país un mismo producto puede valer $50 en un supermercado y $100 en otros que están enfrente.

En mi país siempre tenemos miedo de que el gobierno elegido democráticamente por la gente no complete su mandato, gobierne quien gobierne.

En mi país hay mucha gente que disfruta cuando al gobierno de turno le va mal. Gobierne quien gobierne. En mi país muchos periodistas fogonean el caos apropósito por interés o convicción. O por guita. No sé.

En mi país los departamentos y los autos se venden en dólares porque los pesos no son confiables.

En mi país estamos acostumbrados a no poder transitar por las calles porque todos los días tenemos un piquete diferente. Acá estamos acostumbrados. Una vez por semana no podemos ir por la avenida 9 de Julio.

En mi país la mitad de la población vive del Estado y a muchos les parece normal, y hasta correcto. En mi país maltratamos al único sector de la sociedad que genera dólares genuinos: el campo. Les decimos oligarcas, aristócratas, gorilas, sojita y yuyito. Vivimos de ellos pero los maltratamos.

En mi país es normal insultar al Presidente. El domingo estuve en la cancha (el superclásico que se jugó en el Monumental) y lo putearon todos. En mi país en un partido de fútbol – el deporte más popular que tenemos – no hay hinchada visitante porque nos matamos entre nosotros.

Mi país se llama Argentina y créeme que yo lo amo profundamente. Y no me quiero ir. Porque cuando me voy de vacaciones dos semanas lo único que quiero es volver para encontrarme con mi familia, mis amigos, mi asado, mi barrio, mi dulce de leche, mi tango, mi River, mi Boca, mi alfajor, mi café, mi bar.

Pero creeme que cada día que pasa confirmo que este hermoso y querido país no tiene solución. Me duele mucho, pero Argentina, mi país, ha vuelto a morir.

*Editorial leído en su programa Viale 910 por radio La Red
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