Macri debe convivir con una interna en su Gobierno, mientras Alberto toma distancia y espera que su rival se desgaste.

Mauricio Macri, la noche de la derrota de las PASO. Pichetto y Carrió quieren ir por la hazaña. Vidal ya piensa en su futuro fuera del Gobierno.

Un plan que nació en la medianoche de las PASO

La jornada clave de este lunes cifrará el destino de oficialismo y oposición en las elecciones del 27 de octubre. La suerte depende de la autoridad que muestre el Gobierno en el manejo de las expectativas financieras, que aspira a controlar con medidas heréticas para la doctrina y el léxico oficial, como control de cambios y renegociación de la deuda. Desde el resultado de las PASO no logró cambiar la climatología adversa que nació del número de los votos del peronismo unido. La oposición hubiera ganado igual, aunque hubiera ido a las urnas dividida. No se entiende por qué el Gobierno leyó el resultado con los ojos de sus adversarios. Ocurrió desde la noche misma de las PASO.

Después del discurso de la derrota, Macri improvisó en el búnker de Costa Salguero una primera catarsis, que ha marcado sus pasos hasta el DNU del símil cepo de este domingo. Miró a sus acompañantes y bajó los ojos. "En este momento todos los mercados están haciendo on, on, on". Ilustró la frase con el gesto de quien pulsa el "enter" de un teclado, que para Macri se traduce en un "on". "Ya están diciendo que la Argentina ya se fue del mundo”. Lo escucharon el silencio, que quebró con la pregunta de "qué hacemos". Nicolás Dujovne dijo: "Tenemos dinero para una sola cosa. O para contener el precio del dólar o para pagar los compromisos de la deuda. Hay que decidir qué vamos a hacer, porque no alcanza para las dos cosas".

Horacio Rodríguez Larreta avanzó más. "Para eso tenemos que decidir un objetivo. ¿Cuál es? ¿Llegar bien al final del Gobierno o pelear para dar vuelta el resultado?" Nadie aportó nada claro. Pero quedó entendido que cualquiera de esos dos objetivos implicaba sostener el tipo de cambio, antes que cumplir con los compromisos de la deuda. Todo lo que ha hecho el Gobierno en las dos semanas que siguieron a esa charla, en la medianoche de las PASO, ha seguido los términos de aquella reunión.
En cualquier pelea, la moral importa más que los medios materiales

Una campaña electoral es una situación bélica. Es una ingenuidad creer que el adversario no es un enemigo que te va a atacar para destruirte. Equivale a no entender la naturaleza del conflicto. Es razonable que los protagonistas busquen un mejor perfil ante el público, que siempre sanciona y castiga a los políticos cuando los ve enredados en grescas sangrientas, y los premia cando los mira en situaciones de consenso. Pero el final siempre dependerá de la fiereza con la cual se libren las batallas. Como en la economía, la pelea política es manejo de expectativas, que se instalan también a través de los canales de comunicación.

El peronismo se unificó para cortar una década de disidencias -desde 2009, derrota de Néstor Kirchner ante Francisco de Narváez- forzando una reunificación a costa de comprometer a sus principales dirigentes: Cristina, Espinoza-Magario, Juan Schiaretti. Lo confesó, vaya a saber con qué grado de sinceridad, la propia Cristina en el acto de La Plata del sábado: "Me postulé a vicepresidenta para ayudar a conformar esta nueva mayoría popular". El objetivo era mostrar el número de los votos de las PASO, que no son la elección, ni podían sorprender a nadie. Siempre iba a ganar el peronismo, en la suma aritmética de las PASO, pero el 49% (el resultado definitivo) apabulla por la estética y dispara las expectativas. Napoleón dijo que "la moral está relacionada con lo material en la proporción de 3 a 1". Con ese 49% la oposición logra -hasta ahora- quebrar la iniciativa del oficialismo. En palabras de Liddell Hart, el estratega británico predilecto del papa Bergoglio, la "condición previa esencial a todo intento exitoso de vencer a un enemigo es la dislocación de su equilibrio psicológico y físico". El clima de las expectativas ha dislocado hasta ahora el equilibrio psíquico del gobierno, que apuesta a que los remedios para la economía pueden cambiarle la suerte electoral.
Roles invertidos: de intérprete de su público a "vanguardia iluminada"

El trámite electoral encuentra al Gobierno dividido y con el paso cambiado. Cuesta en Olivos resignar banderas que quizá nadie anota, pero que son una regresión dialéctica sobre un programa de economía abierta, y sin restricciones tercermundistas como la del cepo. En el formato del Presidente es un cambio sustancial frente a la tarea. Entendió la sociedad de 2015 y armó, con socios, un frente que logró imponerse al peronismo por algo más de dos puntos sobre el total de los votos. El eje de aquel esfuerzo fue oír las demandas de los sectores medios de la Argentina. Con esa herramienta enfrentó esa vez a un peronismo que se paraba como vanguardia iluminada, y que le reprochaba a la sociedad no percibir una realidad reservada sólo al conocimiento del gobierno de Cristina. Por eso perdieron.

Los roles ahora están invertidos. Macri pide el voto con el argumento de que necesita más tiempo para un programa que no funciona, y se erige él como vanguardia iluminada que les pide confianza a los votantes. Escuchó los argumentos de Elisa Carrió el sábado en Los Abrojos, y en la tarde del lunes va a arbitrar entre los miembros de la Comisión de Acción Política. Están divididos como nunca y se cruzan los reproches. El ala dura de Pichetto-Carrió-Negri quiere un contraataque vehemente para promover un balotaje el 27 de octubre. Con igual pesimismo, un ala blanda que encarnan Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal busca canales de comunicación con sus adversarios, en busca de alguna pacificación de los ánimos.

Quizás han leído otro dictamen del estratego Liddell Hart cuando dice que "intentar derribar a un adversario sin perder o abandonar el punto en que uno se apoya, ni comprometer el equilibrio propio, trae como resultado el desgaste de uno mismo" (del libro "Estrategia. La aproximación indirecta”). Esa cautela compromete a unos y otros, que no saben hasta dónde puede llegar la mortificación con las propias consignas.
Macri arbitra entre los duros y los blandos

La mesa de la CAP tiene que definir el curso de la campaña oficial que arranca el sábado. Se busca alguna claridad para unificar a los sectores blandos con los duros. Larreta y Vidal se atan a un destino poselectoral. Uno confía en ganar la reelección en la Ciudad y sostener la alianza con los radicales y Carrió. Vidal se anota ya para una eventual derrota y hacer un intento de regreso como diputada nacional por Buenos Aires. Mantiene la confianza en que haya un balotaje presidencial, pero ninguno de sus planes supone que, si Macri pierde las elecciones, intente convertirse en jefe de la oposición. Tampoco que la supervivencia de la alianza cuente con los radicales, que buscarán otro destino. En este turno electoral ya eligieron despegar las fechas de las elecciones provinciales, con el mismo olfato pampa que hizo que los mandatarios peronistas también fueran a elecciones separadas en la mayoría de los casos.

El ala dura se enoja con los blandos que aparecen amigables hacia el peronismo, y parecen descalificar los actos de campaña que buscan la confrontación. Esa falta de unidad en el discurso debilita la fuerza de cualquier estrategia. En la reunión de Macri con los senadores del miércoles hubo reproches a Marcos Peña y su armada de voluntarios en todo el país, por no haber movilizado el voto a favor de las listas de Gobierno. El cálculo oficial, que nadie quiere admitir en público, dice que en el 10% de las mesas de Buenos Aires, Juntos por el Cambio no tuvo fiscales; tampoco los habría en la mitad de las mesas de Rosario y La Matanza, o en la mayoría de Mendoza, en donde el radicalismo local buscó despegarse de la figura de Macri.

Los cuarteles de los socios de la liga oficialista han trabajado la última semana en una reconstrucción del mapa de punteros para reemplazar a esos voluntarios, que llegaban a las provincias y manejaban los fondos para pagar fiscales, sin conocer las realidades vecinales. "El balance es que en las PASO no hicimos nada", se escuchó el mediodía en la mesa de los senadores de Olivos. Macri hizo el clásico llamado de coaching que hace en los gabinetes ampliados (Sí se puede, meta huevo, somos mejores, etc.). Cuando arrancó el turno de las quejas de los invitados hacia la mesa chica de Peña, avisó que no tenía tiempo, cortó un pedazo de milanesa y se levantó de la mesa.
La comuna 4 de CABA, que no votó por el bolsillo

El grupo “Rating” que puso a Marcos Peña en la cancha -estrellas del panelismo de ayer, hoy y siempre- actuará en la campaña sin hablar de economía, algo que les queda a los expertos, como a Eduardo Amadeo, vicepresidente de la Comisión de la Deuda, en donde se presentará Lacunza el miércoles. Esta comisión la preside José Mayans, uno de los lanzallamas del cristinismo, que terminó tumbando a Luis Caputo -uno de los renacidos en este round, como negociador secreto con el Instituto Patria-. Amadeo no renueva su banca en octubre y echará el resto en defensa de un Gobierno que lo dejó fuera de juego, para privilegiar a algunos aliados de menor cuantía. Hablarán de política, quizá, porque el Gobierno empieza a entender que el resultado del 11 de agosto fue una oportunidad para retener el voto propio, que superó en mucho al resultado de 2015.

El peronismo hizo un esfuerzo descomunal para lograr la unidad, siempre iba a ganar y viene rechazando la economía de Macri desde 2017. Lo prueba el documento de la CGT que presentó antes de las elecciones de aquel año, que sostiene los mismos argumentos que usan hoy. Y en 2017 no había acuerdo con el FMI. Después de todo, la obligación de la oposición es atacar al Gobierno. Desde esta perspectiva, es un error decir que el resultado de las PASO fue por la economía. ¿O el 33% que votó a Juntos por el Cambio apoyaron la economía de Macri, que el propio Gobierno admite que no funciona? Lo votaron a pesar de la economía.

Los peronistas votaron también por política. El ejemplo es la comuna 4 de CABA (Boca, Barracas, Parque Patricios y Nueva Pompeya). Nadie hizo nunca más por esos barrios que Macri-Larreta, en toda la historia: Polo tecnológico, Distrito de diseño, viviendas, burbuja inmobiliaria. Hubo baja de impuestos en la comuna, que incluye al club que salvó Macri, la Corporación del Sur, que manejó Humberto Schiavoni, hoy senador presidente del PRO Nacional. Con todo, allí Alberto le ganó 42,7% a 34,8% a Macri, y el debutante Matías Lammens -que encima es de la Comuna 7- le ganó a Larreta por 40% a 36%. Fue la política: ni la economía, ni el bolsillo.
El consejo a Alberto: estar lejos hasta nuevo aviso

Esta semana, que Alberto Fernández tiene previsto pasarla en España, distiende la pelea. Cuando se conocieron los detalles de la renegociación de la deuda, recibió informes de sus asesores sobre el riesgo que corría el Gobierno con este plan de restructuración "a la uruguaya". Por eso decidieron despegarse de cualquier contacto con la Casa Rosada, y menos de un aire solidario con su desgracia. Los informes convencieron al candidato a salir de viaje. En Madrid, Alberto suele alojarse en la residencia del embajador del Uruguay en España, Francisco Bustillo, a quien conoció cuando éste representaba a su país en Buenos Aires. Es de esas amistades forjadas en el conflicto, porque les tocó convivir durante la crisis con las pasteras de Fray Bentos. Antes de dejar el cargo, Bustillo le dio un recordado homenaje a Alberto, en la que buscó dejar asegurada esa amistad.

En anteriores viajes a Madrid, Alberto repostó en la casa de Bustillo. Allí, el diplomático podrá explicarle por qué a esta receta de Macri se la llama "reestructuración a la uruguaya". Toma, en efecto, el formato de un plan que aplicó el gobierno oriental en los primeros años del siglo, que implicaba postergación de los pagos de la deuda en el tiempo, sin quitas. Mientras se mantenía la oferta no hubo suspensión de pagos de capital e intereses, y lograron una participación del 93% de los bonos que se buscaba canjear. En la universidad Camilo Cela, que lo tiene como profesor invitado, el candidato podrá discurrir sobre malandanzas tercermundistas con Carmelo Angulo, ex embajador de España y gerente en 2001 del proyecto Diálogo Argentino. Era un pergeño del PNUD que inspiró el gobierno de Eduardo Duhalde pero que descartó como programa el sucesor Néstor Kirchner, cuyo gobierno ayudó a armar Alberto.
Los tres pilares de la sabiduría política

La pausa de Alberto es útil a la estrategia del peronismo, que ha logrado hacer jugar a su favor los tres pilares de la acción política:

1) Liderazgo: busca herir al adversario en la cabeza. Mientras Macri mire la elección con los ojos de la oposición, se lo mantiene en el estado de dislocación que sugiere el estratega (gritos, exabruptos, salidas de tono, lágrimas y ¡carajos!). Completa ese ataque la calificación de "mala persona" que hizo Cristina sobre Macri en La Plata. El ataque más letal en política es que te descalifiquen no por lo que hacés y sí porque lo que sos, o lo que tus adversarios dicen que sos.

2) Programa: el plan del oficialismo se califica sólo por ineficaz, y lo demuele el propio Gobierno con las medidas. Paga su adhesión resbaladiza y traicionera al economicismo, esa manía de creer que gobernar es arreglar lo que nadie arregla, que es la economía. Le facilita mucho las cosas al peronismo, que no tiene un programa, salvo el de bloquear al actual gobierno. Busca que caiga deshilachado y hacer realidad el sueño de pibe: un país con provincias con superávit fiscal, y un programa de déficit cero como dictan el presupuesto 2019 y los consensos fiscales, pero con default de la deuda. Aun con el "reperfilamiento" de la deuda a la uruguaya, el próximo gobierno, el que sea, tendrá postergados los compromisos externos. Envidiable.

3) Territorios: ya en 2017 el peronismo comenzó a generar la unidad con los buenos resultados de los gobernadores peronistas más amigos de Cristina, más las dificultades que tuvieron los más amigos del Gobierno. El control territorial se completó con la fórmula que desplazó la candidatura de Cristina en la fórmula, y convenció a los gobernadores más remisos a la unidad, al desentenderse de la lista corta. En esos tres pilares Cambiemos tenía superioridad por sobre el peronismo, hasta el año 3 del ciclo Macri. Ahora tiene que imaginar un contraataque para octubre.
CLARIN


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