Vuelven con fuerza personajes que transitan la política, pero exhiben una historia dogmática.


Miguel Wiñazki
Wall Street era una fiesta. Las personas humanas se reperfilaban, los mercados se aceleraban y la Argentina otra vez se sumergía. Back to black.

Sísifo vive en la Argentina. Jamás fracasa entre nosotros la certera maldición que nos condena a subir siempre la misma piedra, para volver a empezar. Una y otra vez, y otra, y otra vez, perenne y angustiosamente así, para no llegar al fin a ninguna parte.

Wall Street es una fiesta negra para la Argentina. El valor de un país entero se derrite en Nueva York azotado por el fracaso colectivo y por el fiasco de la clase política.

Acercándose a regañadientes, Macri y Alberto Fernández deciden al fin no reunirse y agredirse con indirectas a mansalva. Envueltos en tirrias, se muerden, desconfían y pelean.

¿Quién es el irresponsable que primero detonó esas distancias que solo producen tembladerales?

La incertidumbre aumenta y se ahonda la crisis en la que nos desbarrancamos todos.

Hay una dirigencia que no resuelve, y hay una sociedad que no se encuentra a sí misma en un camino constructivo.

Hay síntomas de fanatismo. Vuelven con fuerza ciertos personajes que transitan la política pero que exhiben una historia de dogmatismo y de regocijada fiereza alegremente ideologizada y autoritaria.

Ahora Florencia Saintout, la misma que como decana de la Facultad de Comunicación de la Universidad Nacional de La Plata premió por sus cruciales aportes en favor de la libertad de expresión a Hugo Chávez, a Hebe de Bonafini y a Cristina Kirchner -esa trilogía tan mesurada- está coqueteando cada vez más con la escritora y candidata a vicepresidente. Saintout recibió en su momento junto a un conjunto de “personalidades” a Horacio Braga, integrante de la dudosa organización autotitulada “Cooperativa los Kbrones”. Saintout no consideró un obstáculo para recibirlo que ese matón literal hubiera asesinado con su banda al fotógrafo José Luis Cabezas. No hay que olvidar nunca que tras gatillar para rematarlo, Horacio Braga encendió el fuego que incineró el cuerpo de José Luis.

Puede argumentarse que el asunto de la libertad de expresión en tiempos de gran incertidumbre, pobreza expandida e indigencia, sólo interesa a los periodistas. Sin embargo, la historia permite comprobar que cuando se pondera a quienes atentaron contra la libertad de expresión, cuando se potencian y se exaltan los mesianismos y los liderazgos rabiosos no se resuelve nada más que la apertura hacia la acumulación de más poder tóxico por parte de esos galardonados sin causa.

Otro de los asistentes habituales a las ceremonias militantes de Saintout era Fernando Esteche, jefe de Quebracho, y agitador perpetuo. Hoy la ex decana y candidata a la intendencia de La Plata por el peronismo unido buscará la foto junto a Cristina Kirchner en la presentación en la Facultad de Comunicación de Sinceramente, el best seller que resucitó la sonrisa K.

Sería una imagen inquietante para quienes buscan y predican la moderación, entre ellos Alberto Fernández.

El gran temor es el retorno del sectarismo. Como un Ábrete Sésamo automático esas fundadas inquietudes aceleraron devaluaciones y ficciones de aumentos que se traga la locura inflacionaria.

Es que la inflación es una perniciosa llave maestra para desligar a las sociedades de la cordura. Es una espiral que deprecia el valor de la vida y del trabajo conjuntamente con el de la moneda.

La inflación es una roca vacía y terriblemente opresiva. Es el peso de la insoportable levedad del ser. Sobre todo de la insoportable levedad del dinero.

En el Mito de Sísifo, Albert Camus se pregunta por el sentido de la existencia cuando el castigo y el absurdo de empujar una piedra que fatalmente habrá de caer lo oscurece todo.

Esa angustia acerca y promueve un sentimiento autodestructivo, depresivo, suicida.

Hay una instancia enigmática en la escena sísifica. ¿Por qué cuando llega a la cima y la roca cae, Sísifo también desciende para volver al llano y empezar nuevamente?

“Sísifo me interesa durante ese descenso”, escribe Camus.

¿Por qué insiste en el absurdo? ¿Por qué no huye de esa montaña maldita y deja la piedra allá abajo y con ella la tragedia que lo sigue y que lo atormenta constantemente?

Sísifo vuelve a levantar la piedra. Vuelve dolorosamente a comenzar.

Es una alegoría del sinsentido.

El mito se puede extrapolar a la Argentina.

Aquí somos, muy perseverantes para cometer siempre los mismos errores.

Podríamos eludir el destino sisífico, esa falta de libertad, esa tristeza, esa desgracia de la reiteración del esfuerzo vano y de la caída. Pero para lograrlo habría que dejar de calcar nuestros errores históricos. Así podríamos arruinar la fiesta negra de Wall Street.

Pero no lo hacemos.
CLARIN


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