Lhuanna Díaz es una mujer trans, vive en Neuquén, es cajera y estudia Filosofía. Hace ocho meses, la obra social le negó la cobertura para realizarse una neovaginoplastía y le pidió un informe psicológico como aval. Una jueza dijo que no era urgente y rechazó el pedido, pero ahora un tribunal federal reconoció su derecho legal y falló a favor.


Por Gabriela Saidón

El 15 de agosto de 2019 va a ser difícil de olvidar para Lhuanna Díaz, una mujer trans de 38 años que vive en Neuquén. En su calendario va a quedar marcado como el día en que un juzgado federal hizo lugar a su pedido de cobertura para realizarse una neovaginoplastía.

"Estoy contenta, sí, pero también es un desgaste. Tengo en claro que lo que salió no fue solo por mí. Fue por mí y por muchas más", dice Lhuanna en una charla telefónica con Infobae.

Cómo se hace una neovagina

¿En qué consiste la operación? Javier Belinky, cirujano urólogo encargado del sector de Cirugía Reconstructiva Genital y Cirugía Transgénero del Hospital Durand, lo explica así: "Una neovaginoplastía es una cirugía de conformación de género que consiste en readecuar los genitales externos al género autopercibido. Para ello se sacan las estructuras peneanas internas y los testículos y se realizan labios menores y labios mayores; con el glande, que es la cabeza del pene, se preservan todas las estructuras nerviosas y se hace un clítoris con sensibilidad; se coloca la uretra por donde va a orinar la paciente en posición femenina y se labra un canal separando el intestino de la vejiga y ahí se va a colocar la neovagina, una cavidad que en promedio mide 16 o 17 centímetros, que se tapiza con diferentes estructuras".

Belinky, que también es encargado del sector de cirugía reconstructiva de la Confederación Americana de Urología cuenta que, en una encuesta realizada a más de 100 pacientes, "se comprobó que la tasa de orgasmo superó el 80% ante la masturbación o la relación sexual. El goce es pleno." La lubricación se logra utilizando geles y si bien las mujeres operadas no eyaculan, hay una leve secreción que ayuda al clímax y también a lubricar la zona.

La cirugía dura entre cinco y seis horas, el posoperatorio incluye reposo de cuatro días, un mes de vida tranquila con ejercicios de dilatación, y a los dos meses las pacientes pueden tener relaciones sexuales. El costo aproximado en la Argentina hoy ronda los 10.000 dólares.

Lhuanna se va a operar en la ciudad de Buenos Aires. Dice: "Aquí en Neuquén no hay profesionales de la salud capacitados. Solo hay en Buenos Aires y en Santa Fe", donde el Estado financia las intervenciones. En Buenos Aires, en el Hospital Durand las operaciones son gratuitas, pero la lista de espera es muy larga. Las prepagas ofrecen cobertura y muchas obras sociales también, aunque, como en este caso, suelen poner reparos.

A pesar de que se trata una cirugía compleja con un posoperatorio delicado, Lhuanna no tiene miedo. No lo tuvo nunca: "Para las lolas junté la plata y fui sola, lo mismo cuando hice una readecuación de las cuerdas vocales para afinar la voz o tuve que hacer una reconstrucción abdominal. Me dijeron que estaba loca, que hubiese ido con alguien. Pero así somos un montón. Es diferente con las nuevas generaciones que se están criando en otros espacios de contención. Nosotras seguimos abriendo caminos. Porque cuando una niña trans quiera hacerse una neovaginoplastía, ya va a tener el camino abierto".

Un camino lleno de obstáculos

Para ella, sin embargo, fue un camino plagado de dificultades, que comenzó el 4 de enero de este año, cuando se presentó en su obra social, Osecac, para averiguar cómo llevar adelante su cirugía.

"Esperaba que me indicaran qué trámites burocráticos tenía que hacer, qué formularios llenar para dar mi consentimiento, cuestiones presupuestarias, pero me dijeron que tenía que presentar un informe psicológico como aval por tratarse de una cirugía irreversible", cuenta Lhuanna. "Es horrible que te patologicen. Ahí empecé a reclamar". Pero sus reclamos fueron desoídos por Osecac. "Ni siquiera me contestaban por escrito".

Entonces dijo basta. No tenía que justificar nada ni presentar ningún aval. Era su derecho.

¿O ya venía diciendo basta desde antes, cuando pudo elegir no estar más en situación de prostitución, cuando decidió estudiar Filosofía en la Universidad Nacional del Comahue, cuando formó una pareja estable, cuando consiguió un trabajo de cajera? ¿O incluso antes, en 2012, cuando formó parte de la organización "D colores", que impulsó el fútbol diverso?

Ese mismo año se sancionó la ley 26.743 de Identidad de Género, que en su artículo 11 establece claramente que las personas mayores de dieciocho años pueden "acceder a intervenciones quirúrgicas totales y parciales y/o tratamientos integrales hormonales para adecuar su cuerpo, incluida su genitalidad, a su identidad de género autopercibida, sin necesidad de requerir autorización judicial o administrativa". Y especifica: "En ambos casos se requerirá, únicamente, el consentimiento informado de la persona".

Esas prestaciones están incluidas en el Plan Médico Obligatorio, esto significa que las obras sociales deben cubrirlas. "El problema es que no todas tienen un trabajo registrado. Yo tengo 38 años y recién lo conseguí a los 37. Seguimos muriendo a los 35 años. ¿A nadie le hace ruido que yo recién a los 37 años tenga un trabajo?", se pregunta Lhuanna.

Fiel a su estilo de luchadora, decidió no quedarse con los brazos cruzados y a través de una monja de clausura, Mónica Astorga, defensora de los derechos de mujeres trans ("Ella es la que lleva el conteo de trans muertas, cuando debería llevarlo es Estado", dice Lhuanna) se acercó a la defensoría pública de Neuquén y presentaron un amparo.

Pero una jueza Federal, Carolina Pandolfi, rechazó la medida cautelar, argumentando que nada justificaba la "urgencia". El planteo de la defensa fue que no se trataba de esperar cuatro meses ni cuatro días, sino que hacía casi 40 años que Lhuanna esperaba este momento. Que se la estaba discriminando. Que no se estaban respetando sus derechos. En su testimonio frente a la justicia, ella declaró que cada día que pasaba en ese cuerpo sin intervención era un padecimiento.

Lhuanna ya había tenido algunos problemas con la obra social: "Había pedido mi tratamiento hormonal y lo fueron postergando. Si un fallo no me reconoce, es que están equivocados. La justicia les tuvo que refrescar la memoria".

El 15 de agosto, los jueces Mariano Lozano, Richard Gallego y Ricardo Barreiro, de la Cámara de apelaciones de Roca, revocaron la resolución de la jueza y establecieron un plazo de cinco días para contactar al cirujano. Reconocieron la necesidad de no demorar más el tratamiento, en caso contrario Lhuanna correría peligro por mora, y se basaron en "la incidencia negativa que el transcurso del tiempo le ocasiona en el desarrollo de su personalidad y de su identidad de género al no poder acceder a la reasignación genital".

El fallo es el primero en la jurisdicción de la justicia federal de Neuquén y sienta un precedente. Pablo Matkovic, defensor público oficial ante la justicia federal de Neuquén, quien lideró el equipo que defendió a Lhuanna, junto con las abogadas Daniela Sesma y Gabriela Arruiz, asume que "toda la justicia tiene que trabajar para cambiar esa mirada conservadora, tradicional que todos tenemos y que con el caso de Lhuanna nos ayudó a abrir las perspectivas". El equipo se capacitó para llevar adelante el caso.

Un proyecto de vida

Se puso contenta, sí, Lhuanna, cuando conoció el fallo, pero al mismo tiempo, dice: "Una se cansa. El error es pensar que se trata de decisiones banales, frívolas, asociadas con la estética, cuando en realidad tiene que ver con cuestiones identitarias. Yo no tengo que fundamentar nada, es mi derecho".

Como es su derecho estudiar y, asegura que, en los pasillos y en las aulas de la facultad donde sigue el profesorado y la licenciatura en Filosofía, "soy la única mujer trans visible. Yo estoy yendo a la universidad, algo que antes era impensado, hay un recorrido interno. Pero a veces siento que la vara es más alta para nosotras. Una chica trans dijo que nuestra venganza va a ser llegar a viejas. Yo digo que mi venganza va a ser recibirme".

La defensa de sus derechos no se limita a la educación y la salud: "Hace casi tres años que estoy en pareja con un hombre hétero cis (su genitalidad coincide con su identidad de género), conozco a su familia. Las trans siempre tenemos que estar escondidas para lo sexual por cuestiones de tabú. Siempre tenés que estar peleando por ser quien sos".

Le molesta, dice, que le pregunten: "¿Desde cuándo sos Lhuanna?". Su respuesta es: "Desde siempre. En el documento, desde que salió la ley (de identidad de género). En realidad, siempre lo supiste, pero te das cuenta cuando te muestran que estás fuera de la norma, cuando te dicen que estás errada".

"Nadie piensa que somos niñas, adolescentes. Somos monstruos. Esa violencia que recibimos hace que intentemos disimular, aparentar. La mayoría de nosotras fuimos expulsadas de nuestras casas. Nos abandonan. Y pocas logramos sobrevivir. ¿A nadie le genera ruido?", vuelve a preguntarse la mujer que se crió en un barrio industrial en las afueras de Neuquén capital, que tuvo un padre ausente, una madre empleada doméstica, que a los 12 años se fue de su casa. Que la pasó muy mal en la escuela, que rompió todas sus fotos de niña.

Y agrega: "Hay chicas a las que su genitalidad no les genera mambo. A mí sí: tener que ocultar tu genitalidad porque no te sentís cómoda. Hay 'trucos', como decimos nosotras, para que no se note tu genitalidad cuando te vas a poner una bombacha o una bikini o cierta ropa que marque esa parte. La operación tiene que ver con un proyecto de vida y con cerrar una etapa".

Lhuanna se define transfeminista. Dice: "Hay tanta gente que no sabe lo que quiere. Nosotras tenemos la libertad de elegir lo que queremos ser. El mundo se pone en contra porque sos fiel a vos misma. Reconozco que soy privilegiada. Pero tuve que pedir permiso para todo. Yo tuve que pedir permiso para llamarme mujer".
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