Un panorama que refleja los desafíos que enfrentaron los productores, los contratistas y los operadores de máquinas.

LA revolución va por dentro. Los automatismos incrementan la capacidad de trabajo sin cambiar la fisonomía externa del equipo.

Juan B. Raggio

Finalizando la cosecha gruesa ¿podemos imaginarnos una cosechadora trabajando sola en un lote de trilla? Es decir sin necesidad que un operador haga los ajustes necesarios, para mantener la calidad del grano y evitar pérdidas en función de la humedad del cultivo, de su densidad, o ante la presencia de más o menos malezas.

Para poder asimilar estas realidades, nos apoyamos en el diálogo con expertos como Franco Lombardo, especialista en producto de John Deere. "La aparición de los nuevos desarrollos responde a cuatro desafíos que enfrentan los productores y usuarios de máquinas. Tales desafíos se repiten cada año, y son: la ventana de cosecha cada vez más corta, la falta de operadores capacitados, el manejo de la agricultura satelital y el control de los costos”. Con estas sencillas palabras Franco nos va presentado el tema.

Otro conocedor de esta problemática es Sergio Marinelli, quien agrega "el salto abismal ocurrido en cosechadoras, es la electrónica puesta arriba de los fierros. Todo, es un antes y un después de estas innovaciones en tecnología y digitalización. Y el resultado es que hoy las máquinas son autónomas. No están 100% automatizadas, creo, por una cuestión de seguros solamente. Con piloto automático, se calibran solas, trillan a partir de los parámetros que se les fija. Es decir, el operador le dice por ejemplo, que no quiere más de un 15% de retorno de material y la máquina cumple con el mandato. En cada condición de trabajo se busca 100% de eficiencia de uso”.

Lombardo, explica que "el necesario aumento en la capacidad de trabajo de las máquinas como es el caso de la linea 700S de John Deere, se logra con mayor y más eficiente automatización de los procesos que ocurren dentro de la cosechadora. A manera de ejemplo, están las cámaras que leen la calidad del grano en los elevadores de grano limpio y de retrilla. Así como un celular puede distinguir los rasgos de una cara o detectar movimiento, estas cámaras diferencian granos enteros y limpios de granos partidos, granos sucios, vainas o espigas sin trillar, trozos de tallos, hojas y otros materiales que restan valor a la cosecha”.

Las cámaras van haciendo lecturas casi de manera continua, y permiten determinar entre otras cosas, la frecuencia con que aparece grano partido en las muestras sucesivas. Registrado el problema el sistema autónomo, genera una nueva configuración respecto de la que traía la máquina, y así mantiene la calidad de la cosecha. Lo único que tiene que hacer el operador, es mostrar al sistema la muestra base con el fin de que la máquina tenga un norte, explica Lombardo.

En los modelos carentes de automatismos, el operador promedio, realiza en el día hasta 5 cambios de configuración, como mucho. Ahora la máquina tiene posibilidades de realizar un ajuste automático siempre que sea necesario, cada 3 minutos. “Y el cambio de humedad suele darse de manera corriente en los cultivos de cosecha. Por ejemplo en lotes de soja, a la mañana el grano tiene 1 a 1,5 % más de humedad que al mediodía. Y en horas de la tarde se vuelve recuperar esa humedad. Es decir, si al mediodía se sigue con la configuración de trilla de la mañana, es probable que aumente el % de grano partido”, sostiene Lombardo.

“Pero además, puede variar la presencia de malezas y de manchones de malezas diferentes, como también puede ocurrir que la máquina encuentre zonas de cultivo con hojas más verdes que en otras zonas. Y todos los cambios se pueden dar en el mismo lote. Y estas variaciones de configuración, son las que permiten ganar numerosas pequeñas brechas de aumento de rinde. Es decir, vía calidad de grano, pérdidas de cosecha y productividad”.

Otra regulación autónoma de la cosechadora, señala Lombardo, es la de la velocidad de avance, respecto de la carga e el motor y de la presión del material en el rotor de trilla y separación. Cuando el flujo baja, la máquina acelera su avance, mantenido el nivel de pérdidas elegido por el usuario. Por el contrario, si el cultivo se pone muy denso, muy pesado, la máquina desarrollará una velocidad menor.

La automatización de velocidad permite alcanzar un 10% más de rinde de cosecha, (capacidad productiva) respecto de la velocidad no automática.

Redondeando conceptos, Lombardo explica que, con las calibraciones automáticas, de acuerdo con mediciones realizadas a campo, se gana un 17% en calidad de grano, se reducen un 13% las pérdidas, vs. la operación manual.

Por otra parte, el nuevo monitor de cabina de estas cosechadoras, ofrece su interfaz más amigable parecido a la de un celular. Así como moviéndose en su celular, el operador opera desde la pantalla. Es más intuitivo, tiene un procesador más rápido y los diseños de las páginas en movimiento son más amigables. El resultado es una reducción del 10 % del tiempo requerido para setear la máquina.

Marinelli por su parte agrega que “si bien el principio de trilla sigue siendo el golpe y la fricción con la que se separa el grano de la planta, donde se avanzó "en los fierros" fue en el sistema de limpieza de la máquina, en todo lo que son los generadores de viento y zaranda por capacidad colado”. Y su comentario se complementa con el de Lombardo, quien explica que el metal de las zarandas de los nuevos modelos esta hibridado con aluminio y por ello son más livianas con lo cual se ha podido aumentar su superficie, ganando capacidad de limpieza. En los últimos modelos este aumento ronda el 12% redondea la idea Lombardo.

“En cuanto a cabezales se avanzó mucho, sostiene Marinelli. Los maiceros por ser livianos pasaron a ser de gran porte, de 18 a 22 surcos, y las plataformas de 35 a 55 pies. Con los drapers se mejoró mucho la calidad del trabajo y se redujeron pérdidas”.

“Asimismo, los aumentos en la capacidad de las cosechadoras también van de la mano con el ahorro de combustible” aspecto no menor en el tema costos operativos, explica Marinelli.

Nos va quedando más claro, como puede ser real, que las nuevas cosechadoras, trabajen cada vez más como robots autónomos, pero cuidando la calidad de la cosecha, las pérdidas de grano y también los costos de operación.
CLARIN


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