Las encuestas pierden terreno como herramienta predictiva. El oficialismo pone la lupa donde habitan los desencantados del ciclo Macri.

Ignacio Zuleta

El envión proselitista estalla en estas horas con la publicidad en los medios audiovisuales, y se atropellan los protagonistas para ganar la atención de un público que ya está cansado del bombardeo. Los incautos intentarán sacar conclusiones sobre el resultado electoral a partir de los spots, con la misma confianza con la que imaginan el futuro desde el resultado de las encuestas. Estos dos productos electorales difícilmente modifiquen las tendencias generales del voto, que en la Argentina es más estable de lo que reconoce la oferta explicativa que invade los medios. Ni los avisos convencen mucho a nadie de nada, ni las encuestas a la carta sobre pequeñísimos universos, que por lo general no superan el millar de casos, pueden describir lo que ocurrirá. Es más indicativo lo que dicen las encuestas que ponen la mirada en lo cualitativo, y preguntan sobre cómo ve el público el futuro.

Las muestras que se conocieron en junio (Opinaia, Synopsis, Elypsis, Universidad de San Andrés, Real Time Data) indican que los consultados creen que dentro de un año la situación económica estará igual o mejor. La suma de los dos datos alcanza en algunas muestras un 60%. No es una profecía, pero les indica a los estrategas del oficialismo y la oposición qué tienen que cuidar, y qué tienen que combatir en sus campañas. A estos le son más útiles para montar los actos de campaña, los resultados de los predictivos electorales, estudios que se hacen sobre comunidades a partir de los big data, que se cruzan con registros de la conducta de los vecinos -en el voto, sus hábitos de vida y las conversaciones que cruzan en las redes sociales- que el océano en donde pescan los campañólogos. Esas verdaderas radiografías de la opinión pública son las que concentran el gasto de la campaña, y opacan el tradicional rol de la encuestas, que pierde terreno como herramienta predictiva, aunque mantiene la utilidad para hacer propaganda, por el prestigio que mantienen en el público.
Optimismo en la tablita que mide salario real y prestigio de Macri

El oficialismo concentra la lupa en comarcas en donde es fuerte, pero donde habitan los desencantados del ciclo Macri. Por ejemplo, la Primera Sección Electoral de la provincia de Buenos Aires. Allí se cruzan los biga data de bases oficiales y oficiosas, con resultados electorales de 2017 y los registros de las inquietudes que estos vecinos manifiestan en sus cuentas de las redes sociales. Sobre esa conversación arman bloques que deben ser atendidos con campañas a la carta. En marzo pasado el oficialismo había registrado una caída del apoyo equivalente a unos 600 mil votos respecto de los números de 2018. Son votos de clase media y media baja desencantada, que se concentra en las 15 cuadras alrededor de las estaciones del ferrocarril. En este público, las campañas a medida le han permitido al oficialismo recuperar en tres meses la mitad de aquellos 600 mil votos perdidos. Estas campañas se segmentan según colonias: docentes, jubilados, trabajadores formales e informales. También según preferencias y creencias, como el apoyo o no a la despenalización del aborto.

Los instrumentos son los convencionales: créditos en cuotas sin interés (Ahora 12), los créditos del Anses en decenas de cuotas a tasa baja, y los esfuerzos por planchar el dólar, clave para mantener encorsetado el aumento de los precios. El destino final es la tablita de Marcos, el registro que lleva desde siempre el jefe de Gabinete de Peña, que mide el poder adquisitivo del salario real y las marcas de prestigio del Gobierno. Cuando el salario real baja, se despeña el apoyo al Gobierno y a Macri. Cuando se recupera, mejoran las marcas de adhesión. La muestra de la semana pasada explica el optimismo oficial, porque indica que el salario real mejoró un 3,4% y la inflación estuvo en 2,6. Esa franja se exhibe como uno éxito de la estrategia de recuperar a los desencantados.
Pichetto a Tucumán y Lilita en la intimidad de los parques

De todas formas, el tiempo de exhibición en los medios lo aprovechan todos, aunque someta a los candidatos a ciertas servidumbres, como levantarse este martes a la madrugada para viajar con el Presidente a Tucumán para los actos del 9 de julio. El primer comprometido es Miguel Pichetto, que hará allí su primera actividad de campaña en el interior. Debutó hacia adentro en el gabinete ampliado del jueves en el CCK, adonde se sorprendió con el formato de esos encierros de coaching, con más de 2.000 funcionarios de la Nación, Buenos Aires y Provincia. Allí Macri practica el discurso enfático e irracional que se les suele escuchar a los entrenadores de fútbol antes de salir a la cancha. Estos discursos insisten en que lo importante es el compromiso, la garra, tener huevos y actitud, antes que salud, dinero y amor. Debutante en esas reuniones, Pichetto se sorprendió con el nivel de convicción con que el conjunto escuchó los llamados de Gabriela Michetti a ponerle alma a las elecciones, atendidos por los funcionarios con la misma fe con que lo escucharon a él o a Macri. Como se trata de una campaña segmentada con productos a la carta, hay fuerzas de reserva para ciertos públicos, que también son sometidas a servidumbres de campaña. A mediados de semana Elisa Carrió trajinó los senderos que se bifurcan en el Jardín Botánico de Palermo. En el formato de campaña de Cambiemos, los parques son el fetiche. La foto de enero de 2015 de Macri y Carrió, que disparó la exitosa alianza, se registró una mañana de verano en la plaza Vidente López. Esta semana, en el Botánico, Lilita se prestó a las cámaras para registrar fotos, audios y videos para emplear en la campaña del oficialismo en todo el país. Su campo de trabajo es la CABA y Buenos Aires y tiene como centro un mega acto en un teatro de la Capital junto a María Eugenia Vidal, que tendrá como tema el libro de conversaciones sobre su vida que publicó este mes. Ese trajín de campaña lo completó en Capilla del Señor, adonde también atendió en la últimas horas a otro equipo, para registrar imágenes y spots para el resto de la campaña para las PASO del 11 de agosto. Todos cifran ya esa jornada como la clave de este proceso electoral, en donde las primarias no son ya la gran encuesta; serán el barómetro de la primera y decisiva primera vuelta, como adelantó este diario hace más de un mes (Entretelas de la política del 1° de junio: Todos juegan como si la primera vuelta fuera ya la segunda - http://bit.ly/2Xm3KhG?fromRef=twitter).
Pelean por quién tiene la lista más corta

Un formato clásico de campaña le sirve a algunos porque hay que sacarlos de la tibieza de los despachos. Otros, más curtidos en la travesía del desierto con el viento de frente, creen más en tácticas para sacarle ventaja al otro con triquiñuelas inconfesables. Algunas ocurren en la justicia, en donde se cruzan impugnaciones; otras en los comités, adonde se abren rumbos para distraer los votos de un lado hacia el otro. Le ponen cierta emoción a la pereza que produce una campaña para las PASO, que vuelven a ser un festival de la lista única y un desfile de corte y confección para mostrar, no quien tiene la lista más larga, sino quién la tiene más corta. Este procedimiento de recortar las adhesiones hacia arriba figura en algunos distritos como una clave. La lista corta, o sea llevar sólo candidaturas municipales o provinciales sin adhesión a presidente, es una herramienta en distritos como Buenos Aires, adonde hay casos como el de la candidatura de Gustavo Pulti, que va de candidato a intendente de Mar del Plata (cargo que ejerció hasta 2015) con un partido de lista corta. Ya cerró un acuerdo con María Eugenia Vidal y Miguel Pichetto, para repartir discretamente su boleta con la de Juntos para el Cambio. Tiene una intención de voto en su ciudad que puede llegar al 25%. Si el delivery es exitoso, puede beneficiar la situación de Vidal en una ciudad grande de la provincia. La gobernadora ganó las elecciones de 2015 merced a un corte de boleta del 7% que es difícil de repetir hoy. Aquel corte del 7% se compuso de un 2% de corte en el peronismo contra Aníbal, y un 5% a otras listas como la de Felipe Solá. Si el peronismo le cortó apenas 2% a Aníbal, es impensable que le corte mucho más a Axel Kicillof. Por eso encanta en el oficialismo este expediente de negociar listas cortas en donde se pueda, que no es en todo lados. En Buenos Aires hay pocos casos, algún otro en Río Negro, en donde Villa Regina vota intendente el mismo día de las presidenciales.
Espejismos: ¿y si quien pierde ahora, al final gana?

Estos juegos importan por lo que pueden movilizar, pero también por lo que desmovilizan. La separación de los procesos locales de lo nacional sirve para disfrazar resultados con espejismos de corto plazo, pero de largo alcance: por ejemplo, cuando quien pierde puede al final salir ganando. Un interesante caso de examen es San Luis. Allí los hermanos Rodríguez Saá libran una pelea familiar. Las diferencias entre Alberto y Adolfo Rodríguez Saá no se remiten a la política. Nacen y terminan en rencillas familiares intergeneracionales, al punto de que una reconciliación de los hermanos no sería acatada por sus hijos y cónyuges.

La pelea revela que para los Rodríguez Saá la familia es importante, muy importante. Tanto que se pelean sólo por eso. En las elecciones del domingo 16 de junio pasado, Alberto ganó su reelección por el 42,30% de los votos. Su hermano Adolfo salió tercero con 22,11%. Segundo figuró Claudio Poggi con 34,50%. ¿A quién le sacó votos Adolfo? Es más probable que se los haya sacado a Poggi, que fue un dirigente ligado a los hermanos, hoy afincado en el oficialismo nacional de Juntos por el Cambio - ex Cambiemos-, con lo cual terminó asegurando el triunfo de su hermano Alberto. El interés de los Rodríguez Saá como familia, algo que les importa tanto como para pelearse a muerte, implicando a otras generaciones, queda consolidado en este distrito, en el cual dominan desde 1983. Un caso a analizar con tiempo.
¿Y si hay vida después de las urnas?

Estos pininos de micro campaña los completan los protagonistas con batallas de superficie pero de sentido simbólico. El Gobierno aprovecha que sorprendió a los peronistas con el paso cambiado, con el acuerdo Mercosur-UE. La oposición negoció ese entendimiento en un 87%, y lo completó hasta el 90% la actual administración. Sin embargo lo critica, por oportunismo electoral porque sus adversarios lo festejan. El jueves pasado Jorge Faurie y Dante Sica encerraron a senadores y diputados en la Cancillería y les hicieron coaching e instrumentos argumentales para llevar el acuerdo al Congreso antes de fin de año, y forzar un debate ideológico. Ocurrirá después de las elecciones, y abre la posibilidad de que sea en sesiones extraordinarias, que no ocurren desde hace rato. Si el Gobierno gana, será para aferrar apoyos en el nuevo ciclo; si pierde, será el comienzo de la oposición en un tema de carga ideológica más que técnica. A este rango pertenece otro proyecto que alienta Pichetto desde hace un año, y que desenterrará este mes, cuando se cumplen los 25 años del atentado a la AMIA. Es para reglamentar el juico en ausencia a los responsables de esa atrocidad, una iniciativa que discuten los juristas, pero que él promovió el año pasado con los senadores peronistas Rodolfo Urtubey y Juan Mario Pais. La idea recibió un respaldo clave del juez Federal Marcelo Aguinsky en un video en el cual justificó la legalidad de ese procedimiento para un “juicio en ausencia”, y no una “condena en ausencia”. Ese video lo hizo a pedido de la DAIA, organización con la que Pichetto tendrá una reunión antes del 18 de este mes, día en el cual se recuerda la tragedia en un acto al que vendrá el canciller de los Estados Unidos, Mike Pompeo. También persigue la misma intención, de mirar más allá de las elecciones, un proyecto que navega sin luces y que promueven diputados de todos los partidos de Cambiemos: intenta modificar la ley de responsabilidad fiscal, que extiende sanciones a los funcionarios que se aparten de los parámetros de esa norma.

Lo firman diputados de Carrió como Javier Campos, Toty Flores y Marcela Campagnoli, y radicales como Facundo Suárez Lastra, Fabio Quetglas y Carmen Polledo. Son señales para afirmar que hay vida más allá de las urnas.
CLARIN


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