Viene un amigo y dice: "¡Conseguí un socio europeo! Pone algunas condiciones para asociarse, pero son más o menos las mismas que le pide a todos sus socios.


Shunko Rojas
Gente de todo el mundo quiere asociarse con él porque es una muy buena oportunidad. Es más, todos tus amigos del barrio ya se asociaron y les está yendo muy bien. Ojo, también hay que tener en cuenta que si se lo deja pasar, va a hacer más negocios con tus amigos y te van a terminar dejando de lado. La sociedad es de largo plazo, para toda la vida si se quiere. A los que se asociaron con él, en general, les fue muy bien. No es fácil, hay que invertir, esforzarse y no dormirse. Pero si se hacen las cosas bien, va a ir muy bien". ¿Hay que aceptar esa propuesta o no?

El Acuerdo Mercosur-Unión Europea (AMUE) no es otra cosa que un contrato para conformar una sociedad por la cual las partes se comprometen a tres grandes cosas. Primero, a encarar problemas complejos del mundo juntos. En temas de seguridad internacional o protección del medioambiente, por ejemplo, hay actores poderosos con intereses muy distintos. Y como existen preferencias, gustos y valores parecidos, se tiene una visión del mundo compartida y hay un compromiso de trabajar juntos para realizarla. Además, está el compromiso de ayuda mutua y cooperación, y como en Europa tienen más recursos van a ayudar un poco más ellos. Habrá capacitación y transferencia de conocimientos, intercambios de personas y experiencias; cada uno aprenderá lo mejor del otro, en todo tipo de áreas e industrias, como educación, salud, seguridad y ciencias. Y por último, en la parte central del acuerdo está la meta de hacer negocios entre las partes de manera más fácil, más rápida y más barata.

Los beneficios y oportunidades de la asociación con Europa no se materializan automáticamente y llegar a estar en condiciones de aprovechar el acuerdo lleva tiempo

El AMUE es, en definitiva, una oportunidad para que los argentinos mejoren su calidad de vida, con un socio con quien se comparten lazos políticos, económicos, sociales y culturales. No está mal: se podrían mejorar las condiciones sin esa asociación, pero el acuerdo abre una "vía rápida" para hacerlo.

El acuerdo significa más "integración" con Europa, más conexiones, estar "más cerca". Va a ser más fácil encontrar un socio europeo para desarrollar proyectos, conseguir más clientes para productos o servicios o encontrar proveedores para la producción. Se podrá comprar productos más baratos de Europa, mejorando el bienestar, ayudando a ser competitivos y generando ahorro. Va a ser más fácil ir a estudiar a Europa y obtener permisos de trabajo. Habrá más empresas europeas que invertirán en Argentina, que en general tienen tecnologías más avanzadas, estándares de calidad de producción más altos y que van a emplear a trabajadores argentinos y contratar proveedores y servicios locales, generando así no solo más empleo y más producción, sino también capacitación y transferencia de tecnología.

Poder tener acceso a esta "vía rápida" para mejorar la calidad de vida y crecer con un socio europeo, no es gratis ni fácil. Los beneficios y oportunidades de la asociación con Europa no se materializan automáticamente y llegar a estar en condiciones de aprovechar el acuerdo lleva tiempo. En primer lugar, Argentina debe estar preparada para la mayor competencia europea y, en segundo lugar, para poder competir exitosamente en Europa.

Respecto de la competencia europea, es importante tener en cuenta que muchos productos europeos no van a competir directamente con los locales sino con los de terceros países que ya se importan (es decir, se va reemplazar proveedores). Además, en general, los salarios y costos de producción europeos son más altos que en Argentina, de modo que no hay mayores riesgos de competencia desleal o por costos. Sí, en cambio, las empresas europeas suelen ser más productivas y sus productos de mejor calidad y con marcas reconocidas, por lo que podrían ampliar su participación en algunos mercados, y entre los segmentos de mayores ingresos en donde esas variables son más relevantes. Por eso las empresas argentinas deberán adaptar su modelo de negocios, invertir en mejorar la calidad de producción y ganar competitividad. Teniendo en cuenta estos desafíos, el acuerdo prevé plazos amplios que le permitan a los productores argentinos tener el tiempo suficiente (en algunos casos hasta 15 años) para poder adaptar su producción a condiciones de mayor competencia.

Es importante tener en cuenta que muchos productos europeos no van a competir directamente con los locales sino con los de terceros que ya se importan (es decir, se van a reemplazar proveedores)

Por otra parte, para poder tener beneficios del acuerdo hay que ser competitivos en Europa y eso no es fácil. Aun así, aquí se corre con una ventaja. Mientras que la apertura del Mercosur es en plazos amplios, el acuerdo prevé que la apertura europea sea mayormente inmediata. La competencia en Europa, sin embargo, es dura. Como contaba nuestro amigo al comienzo de este artículo, Europa ya tiene varios socios. Este es uno de los costos de haber demorado tanto concluir el acuerdo: se llegó tarde y ahora hay que recuperar el terreno perdido. Otros países, como Canadá, Chile, Colombia, México, Corea y Vietnam, alcanzaron pactos comerciales con la UE antes, adaptaron su producción a los estándares europeos, y ya tienen presencia en ese mercado. Para poder competir en Europa se deben ajustar los costos, invertir en mejorar la calidad de productos y servicios, y adaptarse a los estándares y características del mercado europeo y a las preferencias de sus consumidores. De nuevo, no es fácil ni sencillo, pero si se lo hace habrá acceso a la "vía rápida" para mejorar la calidad de vida y lo que se cambie también será en beneficio de los consumidores argentinos.

Para poder aprovechar esta oportunidad hay que ser más competitivos en general. Para eso se necesita, primero, superar discusiones perimidas, estériles y contraproductivas que llegan a veces hasta el hartazgo. Se dedica tiempo, recursos y energía a discusiones que en otras partes del mundo ya fueron resueltas, de una manera u otra. Claro que puede haber diferencias y conflictos, siempre los habrá, pero no diferencias irreconciliables. Estamos todos en el mismo barco.

Y como la suerte es común, hay que tener ciertos consensos básicos, como por ejemplo en materia macroeconómica. Si no hay acuerdos sobre el camino a seguir en situaciones de estrés financiero, todos pierden. Los países del mundo tienen problemas, pero en Argentina se manejan de manera tal que terminan en crisis. Y, al final del día, sufren más los que menos tienen. Con un contexto macroeconómico estable, hay que planificar a largo plazo y aprovechar la oportunidad de tener el socio europeo. Se podrá invertir en más educación, salud e infraestructura, y las Pymes podrán mejorar, pagar mejores salarios y darle más calidad a sus productos y servicios. Habrá más preparación para competir y aprovechar los beneficios de la integración con Europa. Pero, atención, no cualquiera juega en la liga europea. Y si además se quiere ganar, hay que estar muy afilados.

Para poder competir en Europa se deben ajustar los costos, invertir en mejorar la calidad de productos y servicios, y adaptarse a los estándares y características del mercado europeo y a las preferencias de sus consumidores

Hay que mejorar significativamente la capacidad exportadora. Cada vez son más las Pymes que aprenden, crecen y se benefician de exportar. Pero tienen que ser muchísimas más. Las exportaciones tienen que ser parte del ADN de las empresas argentinas. Con planificación, trabajo, dedicación y compromiso se van a ganar muchos partidos en Europa y se va a vivir mucho mejor.

El AMUE da esa oportunidad. Ahora que ya se firmó el acuerdo, los legisladores en el Congreso deben ratificarlo. Está en sus manos dar o negar, a todos los argentinos, esa gran oportunidad. Si se quiere aceptar la propuesta, comprometerse con el socio europeo y apostar por mejorar la calidad de vida, hay que exigírselo a los legisladores y representantes. Y hay que trabajar juntos para eso.

El autor es Doctor en Derecho de la Universidad de Harvard. Master en Política Global de la London School of Economics y abogado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Subsecretario de Comercio Exterior de la Nación. Actualmente es Socio de Quipu, Miembro del Global Future Council on International Trade and Investment del World Economic Forum (WEF) y Fellow del Institute for Global Law and Policy (IGLP) de Harvard
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