Timba, timba: “La Escuelita”, bar y garito de Berazategui.
Timba, timba: “La Escuelita”, bar y garito de Berazategui.

Giselle R. tenía la actitud que hacía falta para manejar el negocio. De 41 años, con casa en Quilmes, ex empleada de la Dirección de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires, Giselle había comenzado a trabajar, al menos en los papeles, para una firma dedicada al negocio del juego de azar y las apuestas con base en Florencio Varela. De costado, según la imputación judicial en su contra, Giselle tendría otras cosas.

La Jefatura Distrital Berazategui de la Policía Bonaerense la detuvo la semana pasada, en un operativo bajo las ordenes de la UFI Nº1 de la jurisdicción a cargo del fiscal Daniel Ichazo. La encontraron en lo que parecía ser a simple vista un viejo bar de Berazategui llamado "La Escuelita", con los vidrios tapiados, sobre la calle 108 en el barrio Islas Malvinas. Adentro, una decena de hombres del barrio tomaban de entre 45 y 65 años tomaban licor con hielo mientras miraban ansiosos una serie de monitores y pantallas. Miraban las carreras de diferentes hipódromos y hacían sus apuestas, con una rockola a todo volumen. También se levantaba la quiniela del día. La Bonaerense se llevó hasta la billetera del mozo.

Había libros contables, libretas y cuadernos. La recaudación del día del allanamiento fue de 20 mil pesos, neta, en mano, sin pagar un solo impuesto. Giselle, según investigadores, manejaba el lugar con una mano férrea, imponiéndose ante los deudores y borrachos que acumulaban deudas. Sin embargo, no se identificó un patovica, un cobrador que se encargue de llevarse el dinero.

 
La tragamonedas digital en Monte Grande y la barra y el sistema de apuestas de “La Escuelita”.
La tragamonedas digital en Monte Grande y la barra y el sistema de apuestas de “La Escuelita”.

La UFI Nº1 la investigaba hace un año por sus presuntas operaciones en el negocio de la timba ilegal y  el dinero de apuestas en negro. No estaba sola. También estaban detrás de su pareja, W., que, según los investigadores, tenía su propio casino barrial. Lo fueron a buscar al lugar, un café ruinoso en Monte Grande, lleno de botellas, con un aceitado sistema contable en anotadores. El menú era mucho más variado en "La Escuelita": había carreras y quiniela además de tragamonedas improvisadas en viejas computadoras PC. El análisis de los libros de ambos locales resultó algo jugoso: en conjunto, los dos lugares podían recaudar un millón por mes.

A W.  no lo encontraron. Se había ido a ver la Copa América en Brasil según datos de inteligencia. Días después de los allanamientos en Monte Grande, la Departamental de Quilmes entró a una casa en el barrio San Jorge de Florencio Varela, la parte trasera de una iglesia pentecostal, Estanque de Siloé. El negocio de Andrés Nogales era algo más brutal que levantar números. 

Nogales, 57 años, oriundo de Bolivia, se encargaba de regentear el entretenimiento de la tarde: un grupo de hombres enfurecidos rodeaban una pileta de lona cubierta con frazadas sucias. Una pizarra contenía los números de las apuestas. Entre las lonas, sobre un piso de aglomerado, dos gallos se sacaban la sangre mientras se gritaban las arengas. La base mínima para entrar era de 500 pesos: había casi 50 personas en el lugar, entre ellos, policías de civil.

 
Un gallo, el frente de la iglesia y el ring avícola en Florencio Varela.
Un gallo, el frente de la iglesia y el ring avícola en Florencio Varela.

La UFI Nº5 de Varela ordenó que aprehendan a Nogales, albañil en los papeles y empleado de una constructora porteña, por los delitos de apuestas clandestinas  y maltrato animal. En el lugar había 42 gallos dentro de jaulas insalubres y olorosas. 23 resultaron ser suyos. Había 30 mil pesos en el lugar, la recaudación que estaba sobre las mesas. La Policía hasta encontró un kit veterinario.

Los vecinos fueron los que dieron la alerta, al ver cómo se descargaban cajas en la entrada de la iglesia, algo innecesario para el servicio religioso usual. Así, los policías de civil se infiltraron entre los apostadores. Nogales no creyó estar haciendo nada malo. Aseguró a los policías que lo detuvieron que la riña de gallos era "algo tradicional".

En los últimos años, sin embargo, las investigaciones en la provincia fueron más allá de garitos barriales polirubro o piletas de lona donde se maltratan animales. A mediados del mes pasado, la Comisión contra el Juego Clandestino del Ministerio de Seguridad lideró una redada contra 28 locales ligados a la organización de José Gil, detenido en 2017, acusado de ser uno de los mayores potentados del negocio negro de las apuestas, con un Chevrolet Camaro entre sus posesiones. En mayo, el hermano de un ex comisario fue detenido por regentear otra red centrada en el juego ilegal en Internet. Adrián Almaraz, cuya pareja fue implicada en su trama, fue otro nombre célenbre del rubro.

Números de la Comisión contra el Juego Clandestino hablan de 371 procedimientos contra garitos y recaudadores de apuestas en los últimos cuatro años, con 446 detenidos y la incautación en efectivo de 24.637.418, pesos, 799.532 dólares y 10.195 euros.

INFOBAE