Si hay alguien que representa al ala más extrema de los seguidores de Mauricio Macri, ese es el actor Alfredo Casero.


Por Luis Majul
El último video que subió en su cuenta de Twitter así lo demuestra. Aunque no es un político tradicional, empezó a criticar con extrema dureza a quienes pretenden destronar al Presidente. Les pegó donde más les puede doler. A Roberto Lavagna, por ejemplo, lo comparó con el candidato peronista que terminó derrotado por Raúl Alfonsín en el retorno de la democracia, Italo Argentino Lúder. Los que votamos por primera vez en esa elección histórica de octubre de 1983 podemos entender por qué. Lúder perdió, entre otras razones, debido a que una buena parte del electorado entendió que si ganaba no iba a haber juicio y castigo a las Juntas Militares, responsables de las miles de desapariciones, asesinatos y robos de bebés perpetrados por el denominado Proceso de Reorganización Nacional. Casero, de alguna manera, agita los fantasmas y los prejuicios que existen sobre el precandidato Lavagna: que termine negociando con Cristina Kirchner y los peronistas que están bajo proceso judicial una suerte de indulto o amnistía.

Lavagna lo viene negando de manera terminante. Su idea para la campaña es no hablar todos los días sobre corrupción; dejar que la Justicia actúe y no condenar de antemano a nadie; recordar que él ya denunció la cartelización de la obra pública cuando era ministro de Economía de Néstor Kirchner; afirmar que con eso es suficiente.

Casero, o el propio Macri, bien podrían reclamarle, en nombre del ala más entusiasta de Cambiemos: "que diga de la lado está", como hizo el Presidente al inaugurar las sesiones ordinarias del Parlamento. Si está del lado de quitarle los fueros a la ex Presidente o de seguir manteniéndolos; o si está del lado del apoyo o del rechazo a la extinción de dominio para que los bienes de la corrupción vuelvan al Estado.

Si Lavagna quiere pasar la prueba del ácido debería prestar mucha atención a la imagen que va construyendo, a las sombras que proyecta y las palabras que no dice. El ostensible apoyo de Eduardo Duhalde, el ex presidente que acaba de indultar a Cristina Kirchner y trabaja a destajo como garante de la impunidad de Hugo Moyano, no le hace ningún favor. La foto del almuerzo de ayer con los sindicalistas denominados "gordos" e independientes de la CGT tampoco. Algunos gremialistas serán muy bien intencionados. Incluso podrían ser muy generosos en el financiamiento de la campaña. Pero al mismo tiempo son considerados piantavotos por buena parte del electorado. Y remiten a lo más conservador del peronismo ortodoxo.

Casero, el humorista que intentó mostrar cómo lo estaban cascoteando a Macri al tiempo que luchaba contra la pesada herencia imitando a un niño que mientras la casa se incendia le reclama a su padre a los gritos "queremos flan", también le pegó al conductor Tinelli en su flanco más débil. ¿Cómo lo hizo? Agitando el prejuicio de que no puede manejar un país, y que sus ganas de comprometerse responden más a una necesidad personal que a una vocación genuina. Los analistas clásicos de la política no deberían subestimar al actor. Los sentimientos de Casero suelen conectar con la postura de una buena parte de los argentinos. Casero no quiere flan. Como escribió en uno de sus más recordadas canciones, le gusta más la pizza.

* Columna leída por el periodista Luis Majul en el programa La Tarde en CNN Radio
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